Olivenza, el rincón más luso de España (agosto de 2009)


La torre del homenaje del medieval Castillo de Olivenza.

Convertida su nacionalidad en un tira y afloja histórico entre España y Portugal durante 700 años, el de Olivenza es uno de esos ejemplos de tierra de todos con una idiosincrasia particular, la de su “particular” herencia lusa, precisamente. Y eso del tuya y mía, claro, ha contribuido con una buena ración de infraestructuras de aires militares. Olivenza es un enclave de baluartes entre casas encaladas. Lo cierto es que esta ciudad pacense, de titularidad española desde 1801 junto a otros enclaves próximos, como Cheles, es el más luso de todo el estado español.


Antiguo cuartel de caballería, hoy sede de la Universidad Popular.

Y eso es algo que se nota no solo en muchas de sus construcciones, o en detalles de sus fachadas, o en la disposición del núcleo urbano, sino también en el acento de sus parroquianos, quienes, pese a esos poco más de 20 kilómetros que les separan de Badajoz, mantienen uno único, de aires extremeños, sí, pero también con evidentes aires portugueses. Hasta se conserva un dialecto del idioma luso, el que denominan oliventino, que hablan buena parte de sus habitantes. Y los más viejos del lugar, claro, son el mejor ejemplo de esta curiosidad idiomática. Hasta la bandera del municipio tiene clarísima influencia lusa, con esa especie de arlequinado amarillo y verde (la de Lisboa sigue la misma disposición, salvo que emplea el negro y el blanco) con el escudo en el centro.


Una céntrica calle de Olivenza.


Un pueblo prepara sus fiestas estivales: decoración típica portuguesa en la plaza de España con las banderas de Extremadura y Olivenza.

Hace unos años, y es una lástima no conservar el recorte, el diario Hoy de Badajoz publicaba un artículo curioso en el que se explicaba como el ejército portugués, en sus mapas, no fijaba ninguna frontera oficial en torno al enclave de Olivenza. Para ellos, decían, Olivenza era una especie de territorio ocupado. Un Gibraltar luso, pese a lo firmado en los Acuerdos de Badajoz. No hay frontera en torno a Olivenza, según el ejército portugués, ignorando el próximo río Guadiana y el puente Ajuda. Menos mal que hoy con la Unión Europea las fronteras entre los Estados miembros tienen poco sentido. Y más entre dos que incluso hablaban de una integración y que quieren organizar una Copa Mundial de fútbol.


La azulejería, un recurso básico en Olivenza.E intrínseco a su día a día.

El caso es que esa silenciosa reivindicación lusa refuerza esa aseveración nuestra de que “Olivença”, con más de 11.600 habitantes, es el rincón mas portugués de España. Asentamiento musulmán, cayó en poder del Reino de León en 1228, cuando se inició la repoblación de la zona. En 1297, por el Tratado de Alcañices, la plaza pasó a soberanía portuguesa bajo el reinado del rey Dinis. Con Felipe II, y le sucedió a todo Portugal, quedó bajo poder español. Portugal la recuperó en 1640 y fue reconquistada por los ejércitos de los Austrias en 1657. Entre tanto tira y afloja, 31 años más tarde, en 1688, el Tratado de Lisboa suponía el retorno de Olivenza a manos portuguesas. Pero la fijación definitiva, tras la Guerra de las Naranjas (comienzos del siglo XIX), de la actual frontera en el río Guadiana supuso el retorno de la ciudad a manos rojigualdas. Y así hasta hoy, cuando podemos disfrutar de toda esa herencia mestiza de aires marciales.
Viniendo desde Badajoz –la capital se encuentra a 25 kilómetros por la carretera EX107-, podemos dejar el coche al comienzo del pueblo, justo en la zona en la que proliferan varios establecimientos hoteleros, señal inequívoca de que nos encontramos en un sitio sorprendentemente muy turístico. Y hay que recalcarlo: Olivenza es para pasearla.


Baluarte del Príncipe.

Subiendo por la calle Santa Engracia podremos ver los restos del Baluarte de Santa Quiteria (derecha) y del Príncipe (izqda.), que están siendo rehabilitados y que son fiel reflejo de ese inevitable pasado militar de un núcleo fronterizo en disputa. Estos baluartes son dos de los nueve en total de los que contó Olivenza. Fueron construidos en el siglo XVII, el más movido en la zona, cuando se levantó una nueva y más moderna muralla en forma de estrella, la cuarta en total de las que gozó Olivenza.

Con la majestuosa Torre del Homenaje del castillo de Olivenza como referencia, pronto llegamos al paseo de Hernán Cortes, donde dos nuevos restos nos hablan del pasado militar. En ese caso, dos viejos cuarteles: el antiguo de Caballería, del siglo XVIII, y el más moderno de San Carlos. Las dos instalaciones han sido integradas dentro de la red de sedes de servicios municipales.

Frescos soportales para los días calurosos del verano.


Puerta de Alconchel, vista desde fuera.


Arco de Alconchel, desde dentro.

Como el sol es un habitual, y pega duro en el verano, los soportales que a través de hileras de arcos unen Lope de Vega y la plaza de Ignacio Rodríguez son la mejor forma de llegar a los viejos muros de la ciudadela. Por este camino atravesaremos la llamada puerta de Alconchel, una de las cuatro existentes del recinto antiguo (el levantado por el rey Dinis cuando Portugal se hizo con la plaza por primera vez) y quizá la mejor conservada. Pronto llegaremos, siguiendo este camino, a la plaza de Santa María, en la que emerge la maciza Torre del Homenaje y la Iglesia de Santa María del Castillo.


Iglesia de Santa María.


Vista parcial de la Iglesia de Santa María desde la vieja muralla.


Detalle de la torre de la Iglesia de Santa María.


Detalle de una columna en la portada de la iglesia de Santa María.


Puerta lateral de la Iglesia de Santa María con una curiosa decoración.

Descendiendo por la calle Francisco Ortiz pasamos bajo el arco de los Ángeles, andamos junto a la Casa de Misericordia y, atravesando la calle Espíritu Santo, alcanzamos la plaza de España. Es una zona hermosa, amplia, en la que la plaza crece en medio, partida en dos por el asfalto. La zona de plaza, con la típica calzada portuguesa (suelo empedrado en blanco y negro), tiene sus bancos decorados con azulejería (otra herencia portuguesa) que recoge motivos de dibujos animados.


Arco de Los Ángeles.


Plaza de España de Olivenza, marcada por tu típica calçada portuguesa.


Templete en un rincón de la plaza de España.


Decoración infantil en los bancos de la plaza de España elaborada con azulejos, otra herencia lusa.

De la parte norte de la plaza salen varias calles, pero una de ellas, peatonal, nos conducirá a la curiosa plaza de la Constitucion. Se trata de la calle Moreno Nieto. Aquí podemos contemplar varias fachadas hermosas y elegantes, así como comercios más tradicionales. Entre todos sobresale la pastelería Fuentes, donde ofertan la Técula Mécula (y no Fécula, como habíamos escrito inicialmente y nos corrigió muy amablemente un comentario)
, un dulce heredado de la cocina lusa que en Olivenza elaboran de una forma un poco más especial.


Pastelería Casa Fuentes, una referencia en Olivenza (c/ Moreno Nieto).
Llegamos a la plaza de la Constitución y lo primero que sorprende es que de plaza, poco. Es mas bien una calle con forma de embudo, en la que una zona un poco más amplia, justo enfrente al Palacio de los Duques de Cadaval. Este palacio, sede del Ayuntamiento, cuenta con una hermosa portada del particular estilo gótico manuelino. Su decoración ciertamente es bella y diferente a lo que se ve en otras latitudes, aunque cuando lo visitamos el edificio estaba en obras y los enseres de la remodelación, vallas incluidas, deslucían la contemplación.


Pórtico gótico manuelino del ayuntamiento, aunque deslucido por unas obras de rehabilitación.

En esta “plaza” se encuentra el Café Bar Extrema, donde ponen muy buenas tapas para permitirnos un respiro. Hace calor y aunque la terraza tiene buenos parasoles, lo mejor es entrar y disfrutar del animado ambiente. Por 2,50 euros te tomas una cerveza sin alcohol y un refresco y recibes un plato que combina calamares y filetes empanados.


Iglesia Parroquial de La Magdalena.


Detalle de la decoración de la Iglesia Parroquial de La Magdalena.

En pocos pasos alcanzamos la preciosa iglesia de La Magdalena, en la plaza homónima y nuevo exponente del gótico manuelino. Una joya del siglo XVI cuya portada deleita y su interior, sencillamente encandila. Desde esta iglesia parroquial callejeamos, alejándonos de la zona mas turística, por la calle Calderón de la Barca, la calle Badajoz, la calle Laguna, la calle Conde de Lages y la Nuñez de Balboa para hacer una parada frente al Convento de San Juan de Dios. Este edificio, que en la actualidad alberga una escuela de teatro y danza, fue construido entre el siglo XVI y el XVII.


Convento de San Juan de Dios.

Vista de la Puerta del Calvario desde el exterior del antiguo recinto abaluartado.


Interior del Arco del Calvario.


Vista del Arco del Calvario desde el lado "urbano".

Nos encontramos al lado de la Puerta del Calvario, que por el lado interior presenta una imagen más sencilla y rustica y gana en belleza por el exterior con su decoración de almohadillados. Nacida con el sistema de baluartes que se levantó en el movido siglo XVII, era la entrada natural viniendo desde el río Guadiana. Actualmente es la única de las tres puertas con las que contaba el sistema defensivo de baluartes que se construyó durante la guerra de restauración (1640-1668).


Curiosa numeración de casas en una calle oliventina.


Dos casas distintas, dos números clónicos.


Una curiosa casa sin puertas ni ventanas. La única "activa", la del garaje.

Con esta visita, nuestra excursión pone punto y final deshaciendo nuestros pasos hacia el centro del pueblo. La Torre del Homenaje, siempre referencia, nos guía hacia la plaza de Santa María para disfrutar con nuevas perspectivas del entorno. Pese al calor, Olivenza engancha. Y es un pueblo con vida; no son pocos los jóvenes que cada fin de semana acuden desde Badajoz y otros pueblos de la zona a disfrutar de su animada marcha nocturna. Pero ese ya es motivo de otro futuro post…




Farola oliventina.

4 comentarios:

  1. Una vez leido y visto no me queda mas que asegurar que he de ir a conocer pueblo tan bonito y misterioso a la vez, solo espero que sus gentes sean acogedoras.
    Gracias por el articulo

    ResponderSuprimir
  2. Un placer anónimo; no hay nada que agradecer. Al contrario, los agradecimientos para tí por la visita y la paciencia.

    Esperamos que visites Olivenza y deseamos que la experiencia resulte de tu agrado.

    Un fuerte saludo
    El país que nunca se acaba

    ResponderSuprimir
  3. Buenas, me ha encantado la pequeña ruta que has echo por mi pueblo de nacimiento, aunque quedan muchas cosas por visitar sobretodo el interior de la iglesia de la magdalena única con sus columnas torcidas inspiradas en el mar ya que portugal era el imperio de los mares. Y como se dice en una canción conocida: "Las muchachas de olivenza, no son como las demás, porque son hijas de España y nietas de Portugal"

    ResponderSuprimir
  4. Una pequeña aclaración a hacer sobre mi pueblo... el dulce típico es "Técula Mécula" (y no, fécula). Me alegra que os haya gustado!!

    ResponderSuprimir