Santa Cruz del Valle, un mirador con cuadros y tapas (27 de junio de 2009)



Una carretera, esa de asfalto tosco propia de las montañas de Ávila, se retuerce en la ladera y nos deja en la entrada de Santa Cruz del Valle, pequeño y acogedor pueblo de las Cinco Villas que nos recibe, quién lo diría, con un enorme grafitti del Guernica de Picasso y otra composición pictórica más de estilo Dalí. Un recibimiento cuanto menos impactante para todo aquel que llegue a esta villa que apenas se encuentra a 140 kilómetros de Madrid. Una villa sin un especial encanto a cuando la antigüedad de sus casas, pues abundan las construcciones nuevas. Pero estas dos particulares pintadas no son una excepción. En la que podría pasar por plaza del pueblo, que no deja de ser un gran ancho en torno a la carretera principal rematado con un parque y la plaza de toros, una pared presume de Gioconda. Al lado, un pequeño parque dedicado a García Lorca, con versos y dibujos del genial literato granadino. Y enfrente, el Pato Cojo (Teléfono: 920 386 205), un excelente bar de esos de tapas generosas de carne en salsa y cervezas que saben y refrescan como nunca. No estamos a mucha altitud, sobre los 700 metros, pero las montañas circundantes le aportan ese frescor especial. Las Cinco Villas son un lugar mágico. Y desde El Pato Cojo, las vistas sobre la zona son magníficas. De hecho, desde cualquier punto del pueblo las vistas resultas reconfortantes. Mombeltrán, Cuevas del Valle, San Esteban, el Puerto de Pico… Hasta los grandes reyes de Gredos, con el Pico Almanzor al frente, se intuyen los primeros días soleados del verano. Santa Cruz del Valle es un balcón.

Y junto al Guernica de Picasso, junto a la Gioconda, junto a los versos de Lorca, un callejeo por sus empinadas calles, la Pablo Picasso inclusive, nos deparan más cuadros para la colección. El lateral de una casa baja ofrece una preciosa escena de un arado. En uno de los edificios que abundan en la zona más alta, allí donde en los ochenta y los noventa quisieron montar segundas residencias para la gente de la capital, alguien pinto a una mujer vestida con el traje típico de la zona, sentada en un prado con Gredos a su espalda. Al lado, una escena de la vendimia. En el parque principal, otro excelente balcón sobre la villa, sobre la plaza de toros y sobre el valle, una escultura honra la memoria de un maestro. Mariano Fernández Gómez (1892-1973), hijo adoptivo de la localidad. En otro edificio, posa una familia en una interpretación más moderna de lo que podrían ser unos personajes salidos de Los santos inocentes. Lo firma un tal Morales. Otro, D. Felix. En los alrededores del pueblo, un denso pinar le aporta al aire una fresca esencia. Y una red de caminos entre masas forestales y tierras de labor permite múltiples alternativas para dar un paseo o montar en bicicleta por rampas asequibles. Subir hasta unos viejos depósitos de agua nos puede regalar un bonito atardecer. Y para cuando tengamos más tiempo aún tenemos en la recámara la opción de la Senda de las Cinco Villas. Los cinco pueblos del valle (La Puebla de Mombeltrán, Cuevas del Valle, Villarejo del Valle, San Esteban del Valle y Santa Cruz) están conectados por una red de senderos y caminos tradicionales que, en una especie de círculo, completan una red de casi 17 kilómeros. En unas cuatro horas y media o cinco se puede realizar la excursión, con el aliciente de que, al pasar por todos los pueblos, es factible realizar visitas a sus plazas. Y por qué no, a sus bares.

Dada la majestuosidad del entorno, la abundancia de zonas de baño fluviales, no son pocos los que se acercan los fines de semana. Muchos, ante tanta insistencia, acaban comprando una propiedad. Otros son asiduos a la numerosa oferta de casas rurales. La cercanía a Madrid hace el resto. Y Santa Cruz del Valle es un buen ejemplo de ese desarrollo urbanístico engañoso, que engrandece el núcleo urbano, pero también lo despersonaliza un tanto con pisos que por lo general no están habitados. En 2005 estaban censados 551 vecinos. Pero siempre nos quedará El Pato Cojo. Para que se hagan una idea: dos jarras de medio litro de cerveza ascienden a 4,5 euros y vienen acompañadas de buenas tapas. Nosotros pudimos degustar una de carne con tomate y otra de callos, todas calientes y acompañadas por su pan… En El Pato Cojo la cocina trabaja al mismo tiempo que se sirven las consumiciones. Un lujo para el paladar. En su tiempo, nos contaban, celebraban bodas, bautizos y comuniones. Las raciones, muy económicas, son el vestigio que queda de aquellos tiempos. Por cinco euros, además, podremos comprar una caja de cerezas que uno de los paisanos del pueblo, y familia de los dueños del bar, vende dentro del establecimiento.

El de 2009, sin embargo, no fue un buen verano para la zona. Apenas un mes después, una serie de incendios provocaron grandes daños a uno de los entornos más verdes que conocíamos. Una mirada panorámica no sólo era relajante, sino una lección de humildad impartida por las montañas: qué pequeños e insignificantes somos ante las moles pétreas del Sistema Central. El fuego, cuando es provocado, no tiene ningún tipo de justificación. Sus autores se merecen el mismo respeto que los terroristas; es decir, ninguno. Porque ellos, para el medio ambiente, también son terroristas. Y alguna que otra palabreja más fuerte que nos ahorramos de publicar en este post. Que la ley sea dura con ellos. Y que llegue el día en el que el hombre sea consciente de que esos desvaríos pirómanos no sólo no aportan nada, sino que acabarán con los culpables entre rejas... y para siempre.


Santa Cruz del Valle. Un balcón en, y sobre, la histórica comarca de las Cinco Villas. En la antigua almazara de este pequeño y empinado pueblo abulense se ha creado el Museo del Aceite de Santa Cruz del Valle, la primera oleoteca internacional sobre el aceite virgen extra del Mediterráneo.


Las primeras 'pintadas' en cuestión, según alcanzamos las primeras casas del pueblo, que también ocupan su cota más baja.


Una buena muestra de carretera de montaña abulense: ésta es la AV-P-706, desde Santa Cruz del Valle hasta San Esteban del Valle.


Un "fresco al aire libre" de la Mona Lisa. Aires serranos para La Gioconda de Leonardo da Vinci.


La microplaza de Federico García Lorca, junto a la plaza de toros.


La plaza de toros de Santa Cruz del Valle, con un hermoso paisaje alrededor. Este coso fue inaugurado en 1963 y puede acoger hasta 2.500 personas.


¿Quién fue Federico García Lorca?


Santa Cruz del Valle, visto desde los montes que rodean esta población. Sus pistas, muchas asfaltadas o cementadas, son un paraíso para ciclistas y paseantes. Un tupido mar de pinares en un entorno, el de los llamados Los Bayos, muy quebrado y sin embargo a menos de 850 metros de altura.


Un rincón del pueblo.


Tejados, antenas y la sierra de Gredos al fondo. Más que de arquitectura popular, aquí tendríamos que valorar una denominación como la de "arquitectura peculiar".


Una imagen del pueblo, con el Puerto del Pico perfectamente reconocible al fondo, en las montañas.


Callejeando por el pueblo de Santa Cruz del Valle.


El Puerto del Pico, visto en la lejanía. A la derecha se intuye el casco urbano de Villarejo del Valle.


El vecino pueblo de Mombeltrán, visto de Santa Cruz del Valle.


La peculiar plaza de toros de Santa Cruz del Valle, de usos múltiples, con tendencia al almacenaje, cuando no alberga espectáculos taurinos.


Santa Cruz del Valle. Ganamos altura dentro del propio pueblo y cambian las dimensiones y las estéticas de las viviendas.


Ésta zona de urbanizaciones rústicas es la parte más alta de Santa Cruz del Valle.


Entre tantas obras pictóricas en las fachadas, callejero con protagonismo artístico.


Un traje regional y un posado con las serranías al fondo. Curioso retrato.


Trillando. Una escena de faenas agrícolas.


Vendimiando. Otra de esas obras decorativas que se impulsaron a finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX en este pueblo abulense.


Otra obra. El exalcalde Benito Cañadas fue el gran promotor de esta idea que sigue creciendo poco a poco. Incluso en unas fiestas estivales se organiza un concurso de pintura rápida que entronca con el espíritu de esta particularidad.


Otra reproducción. El paso del tiempo ha dejado en mal estado algunas obras. No son tiempos para gastos accesorios y a cualquier arca le cuesta abordar este tipo de actuaciones.


Un panel explicativo de la Senda de las Cinco Villas, un gran recorrido senderístico que conecta los cinco pueblos que forman esta "comarca" histórica mancomunada: Mombeltrán, San Esteban del Valle, Cuevas del Valle, Santa Cruz del Valle y Villarejo.


Un paseo hacia San Esteban del Valle...


El camino, pródigo en sombras y abundante en vegetación y vistas. Muy agradable.


Un pequeño y vetusto puente de madera salva una vieja canalización de piedra que capta agua de un torrente de la montaña y lo desvía hacia una zona de huertos.


El majestuoso Sistema Central, ante nosotros.


Restos de pavimientos de siglos pasados en el camino.


Subiditas y bajadas muy agradables en esta parte de una ruta que, por cierto, está muy bien señalizada.


Grandes vistas, sin duda.


La hermosura de los paisajes de las Cinco Villas.


El agua es abundante. Y con el agua, la diversidad vegetal.


Un pequeño viñedo del valle de las Cinco Villas. También es una zona productora de buen vino gracias a su privilegiado microclima.


San Esteban del Valle.


Villarejo del Valle, visto desde la Senda de las Cinco Villas.


Florida ruta de intensos olores.


El Puerto de Pico (¡menudo mirador sobre las Cinco Villas!) y el valle. Preciosa zona.


El sol aprieta con sus primeros calores del verano. La intensidad de la sombra es profunda.


Zona de multitud de caminos rurales.


Mombeltrán, visto desde las afueras de Santa Cruz del Valle.


El pedregoso cauce del frío río Ramacastañas corre a los pies, a unas cuantas decenas de metros, de Santa Cruz del Valle.


Santa Cruz del Valle.


Curiosa y atractiva anarquía constructiva en Santa Cruz del Valle.


Bonitas flores, justo enfrente del Bar El Pato Cojo.


Vistas desde uno de los bancos del parque municipal. ¡Menudas panorámicas!

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