
La terraza y sus vistas.
Por mucho que el progreso nos regale potentísimos coches repletos de caballos y confort y carreteras de estudiados firmes sobre los que los neumáticos más que rodar vuelan, por mucho que todo eso domine la actual red viaria, existe un reducto medioambiental en el que de poco o nada valen y las cosas siguen como hace años, décadas, siglos: el Desfiladero de Despeñaperros.

Un detalle de esta antiquísima área de descanso.
La vieja frontera, histórica, prehistórica, que separa Castilla La Mancha y Andalucía, Ciudad Real y Jaén, ya no es un camino carretero, pero por mucho que tenga dos carriles por sentido, buen asfalto y que cada uno de ellos se aposente de forma independiente, a su aire, compartiendo entorno con el ferrocarril, en una vertiente del profundo tajo que corta en dos Sierra Morena, aún sigue manteniendo sus tramos a 50 kilómetros hora (ojo al dato, la velocidad mínima en una autovía es, según el Código de Circulación vigente en España, de 60 km/h; sí se adecuaría al mínimo en el vecino Portugal) y desafía con curvas de herradura.

Una de las panorámicas más conocidas del desfiladero, aunque no la única, con la carretera dirección Madrid en su fondo.
Para muchos conductores este tramo de una decena de kilómetros es un anacronismo, algo histórico sí, pero una lata peligrosa que les impide pisar a fondo sus máquinas, forzar sus prestaciones y amedrentar a aquel que ose circular por el carril izquierdo y ralentize su marcha. Que muchos andaluces oriundos de Cádiz o Sevilla opten por viajar por la Autovía de Extremadura hasta Mérida, donde cogen la Autovía de la Plata, constata que sí, que el tramo es puñetero, retrasa y su elección, otrora correcta, inspiradora de coplas y canciones, justificada históricamente, plantea fisuras en la era de Internet.

Lo dicho: café y tostadas de jamón con tomate y aceite.
Lo cierto es que más allá de toda reflexión sobre la idoneidad de un Despeñaperros, todo sea dicho, en proceso terminal de reforma viaductos mediante, atravesarlo nos permite conocer un entorno de una majestuosidad tal que es considerado, a pesar de tan inusual autovía, parque natural y reserva nacional de caza (el llamado Coto de Peñas Negrillas). Cumbres que superan los 1.000 metros sobre el nivel de mar, escarpadas laderas rocosas, profundos valles por los que corre el agua con un caudal que varía con la época del año,…

Otra vista de la concurrida terraza.
Interesantes mimbres, por qué no, para hacer una pausa en el camino y tomarse un respiro. Desde la terraza de la Cafetería Restaurante Los Jardines de Despeñaperros, concurrídisima parada ubicada a mano izquierda en el kilómetro 246 (dirección Córdoba), en pleno tramo a 50 km/h, podremos disfrutar de un desayuno con vistas si tenemos suerte en encontrar aparcamiento. Un café y una tostada de jamón con tomate son el mejor tentempié ante tal espectáculo visual que empequeñece el ego de cualquiera. Una pausa con la que El país que nunca se acaba mantenía una deuda.

Viajeros en plena pausa.
En los exteriores del área de descanso, frecuente punto intermedio de rutas de mountain bike, una zona ajardinada nos permitirá estirar las piernas y descubrir como gente del vecino Almuradiel acuden con el maletero repleto de botellas y garrafas para beber de un manantial fresco y riquísimo que no titubean en promocionar. Y también, por qué no, se pueden adquirir las frutas y hortalizas del puesto ambulante que suele montar un campesino justo enfrente de la puerta de acceso. O simplemente respirar y estirar las piernas haciendo una pausa en nuestra ruta.

La zona ajardinada del exterior.

Unas vistas del exterior.

Otra vista del exterior: como se aprecia, el volumen de vehículos es grande.

Un puesto de productos agrícolas se alterna con los aparcamientos.

El desfiladero, visto entre unas ramas.

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