Elvas, la capital de los baluartes y un ejemplo de que las fronteras son inventos (agosto de 2010)



Como no se le pueden poner puertas al campo, sabia afirmación refranera, las fronteras muchas veces tienen más de mental e hipotético que de físico y tangible. Da igual que éstas separen culturas, idiomas o niveles de vida, siempre existirán intensas y fluídas conexiones entre sus vertientes. Intercambios vivos que relativizan aquello que se quiere separar y que confirman que más allá de teóricos tiralíneas geopolíticos existen lazos, intercambios e interacciones. En la “Raia” que separa España y Portugal, por ejemplo, esta relativización se percibe como en pocos lares, especialmente, pero por supuesto no sólo, en el tramo que separa Extremadura y el país luso.


Una estampa del castillo.


El castillo de Elvas.


Vistas de los alrededores. En ese cerro de la izquierda se encuentra el Fuerte de Graça.


Puerta principal de acceso al castillo.


El núcleo urbano, visto desde el entorno del castillo.

El paradigma, si se nos permite proponer uno, se encuentra entre Badajoz y Elvas. La capital pacense y la recoleta villa alentejana, baluartes antagónicos en otros tiempos apenas separados por diez kilómetros y una horita de diferencia por cuestiones de husos horarios, también protagonizan una histórica interacción de tintes comerciales, recreativos y hasta sentimentales. Unos y otros compran y consumen en el terreno vecino y no son pocos los matrimonios mixtos que coronan esta fluidez ejemplar. Sumándonos a esta dinámica, acudimos a Elvas, la tercera ciudad de su región tras Évora y Beja, el llamado "último cerrojo del territorio", para visitar su encantadora parte vieja y degustar su potentísima cocina en la parte baja, la nueva.


Badajoz, en el horizonte. ¡Hasta una media maratón une la capital pacense y Elvas!


Otra vista del Fuerte de Graça, en plena Sierra de Osa.


Fuerte de Santa Lucía, más accesible y cercano a la población junto a la vieja carretera a "Espanha".

En Elvas la canícula hace estragos en el verano. El Alentejo es una de las regiones más calurosas de Portugal, de la Península, de Europa, y las fechas en las que la visitemos condicionarán nuestra percepción sobre sus empinadas calles y su entorno, transición oscilante entre sierras de redondeadas figuras y amesetadas llanuras dominadas por retazos de vetegación mediterránea y cultivos de cereal que amarillean en agosto con la creciente inmensidad de Badajoz en el horizonte.


Contrastes: una moderna moto y una vieja y típica carrinha.


Una imagen de la ciudad vieja desde las proximidades del castillo.


Una calle céntrica de Elvas hacia Largo Santa Clara.


Otra imagen de la parte más alta de la ciudad, la más cercana al castillo: Parada do Castelo.


Callejuela de Elvas en el entorno de la Rua dos Beotas.


La sombra de una picota (pelourinho) se proyecta sobre una pared con la afamada Puerta del Tempre de fondo. Esta plazuela, el Largo de Santa Clara, es uno de los rincones más auténticos de la ciudad.

El mejor sitio, no obstante, para esbozar estas impresiones se encuentra en las proximidades de su macizo y sobrio castillo, primera prueba de la importancia militar de la plaza, punto más alto de su casco urbano, tomado de forma definitiva a los musulmanes en 1226 y primera construcción de Portugal en recibir la condición de Monumento Nacional (su Torre de Menagen fue reconstruida en 1488). Desde su característico entorno empedrado, vía Calçadinha do Castelo, obtendremos unas vistas excelentes del cercano Fuerte de Graça (finalizado en 1792 y ejemplificado como uno de los mejores baluartes del mundo) y el de Santa Lucía, iniciado en 1641, actual sede de un museo y accesible desde la antigua carretera nacional.


Esta todo dicho: cine y teatro. Junto a la antigua Sé, calle arriba siguiendo las indicaciones de "castelo".


Un perro anda por las callejuelas anexas a las vías más comerciales de la ciudad.


Típico y característico empedrado.


El callejero portugués, siempre tan amigo de la cerámica con hermosos resultados.


Hermosa fachada de aires barrocos en las cercanías de la oficina de correos.

Más allá de estos fuertes y su castillo, en Elvas, ciudad desde que Manuel I le otorgara tal condición en 1513, presumen de poseer el mayor conjunto de fortificaciones del mundo. Y en un paseo por sus calles, contenedoras de multitud de rincones con encanto, comprobaremos que algo de verdad tiene detrás una aseveración nacida de su condición fronteriza. Consta que Elvas ahonda sus raíces más allá del Imperio Romano, pero es bajo dominación musulmana cuando comienzan a construirse las primeras estructuras defensivas más ambiciosas, murallas de las que aún hoy pueden contemplarse restos y que fueron variando al mismo tiempo que crecía la ciudad. Hoy, por eso, encontramos una estructura urbana rica en puertas, plazoletas y arcos, heredera de la evolución de un municipio riquísimo en negocios textiles. ¿Quién no ha oído hablar de las toallas portuguesas? ¿O del "Pagapouco", embrión de los actuales centros comerciales? Una vuelta por su céntrica calle Olivença, Travessa da Carreira y vías anexas nos refrescará a buen seguro la memoria.


La plaza de la República.


La plaza de la República (2).


La Torre del Reloj, con el arco (dcha) del mismo nombre. Alberga la oficina de turismo local y la casa de la cultura. Antes fue el ayuntamiento.


Típica calçada portuguesa en las proximidades de la restaurada plaza de la República.


Bajo el Arco del reloj. Las calles que descienden de frente son muy comerciales (sobre todo toallas y otros textiles del hogar).


Céntrica tienda con mucho encanto junto al Arco del Reloj.

Junto a la avenida de Badajoz, la gran vía que separa la ciudad vieja de la más moderna y que se asienta sobre la vieja ruta por la que discurría la antes mencionada carretera nacional (hoy, una flamante autovía que circunvala la ciudad), en todo caso el punto de entrada más recomendable para nuestra visita, encontraremos el espectacular acueducto de Amoeira, obra de ingeniería de más de 7 kilómetros y con hasta 30 metros de altura en su parte más elevada que tardó más de un siglo en finalizarse (hecho que acaeció en 1622). Desde esta misma avenida accederemos también a dos de los lugares básicos de toda visita a Elvas mientras ganamos altura junto a su Jardin de Laranjeiras y el antiguo hospital militar de Sao Joao de Deus (del siglo XVII, actualmente un hotel de cuatro estrellas y un restaurante, el Rei don Sebastiao): la praça del 25 de abril y la Praça da República.


Al otro lado del arco anteriormente citado. Ya estamos en la Rua da Cadeia.


Céntrica fuente en la Rua da Cadeia, la principal calle (otrora más comercial) que cruza el casco viejo de lado a lado.


Bonita estampa de la Rua da Codeia. Como si escondiera (así es) otro viejo recinto amurallado.


Antigua cristalera/escaparate en la Rua da Cadeia.


Hermosos soportales en la Rua da Cadeia.


Instalaciones locales de Correios, los Correos portugueses.

En la primera, poseedora de un recoleto espacio ajardinado, destaca la fuente de la Misericordia, de 1622. En la segunda, más arriba, reformada hace pocos años con motivo de la construcción de un aparcamiento subterráneo, encontraremos tras pasar bajo el denominado Arco del Reloj la restauradada Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (de estilo manuelino y antigua sede del Obispado de Elvas entre 1570 y 1881), la oficina de turismo y el antiguo ayuntamiento, actual casa de la cultura. En ella hay varios establecimientos hosteleros de mucho encanto y esencia muy lusa donde tomar un refrigerio.


Largo do Misericordia: un bonito rincón.


Iglesia de la Misericordia, una construcción atípica (estrecha fachada entre dos calles) no exenta de belleza.


Arco do Bispo.


En el llamado Largo do Hospital encontraremos el antiguo hospital militar y convento de San Juan de Dios. Enfrente, fuera de cuadro, nos encontraremos con una de esas estaciones de vía crucis que luego veremos con más detalle.


Una estampa de una calle de esta villa alentejana.


No será raro encontrar hermosas cerámicas de índole religiosa en muchas fachadas.


Entre casas y comercios... encontramos el llamado Humilladero, una especie de capilla en medio de la ciudad. Hay varias de estas estaciones de vía crucis de origen barroco repartidas por la ciudad. Éste se encuentra en la céntrica calle Alcamim.


El Humilladero de la rua Alcamim, con más detalle.


Rua da Cadeia, desde la rua de Alcamim.


Visitantes españoles (muy habituales) por la comercial y concurrida calle Rua de Alcamim.


Curiosa estampa de una tarde de agosto en Elvas protagonizada por un perro que se echa una cabezadita.


El cartel lo dice todo: se venden toallas por kilos.


Una de las principales calles comerciales de Elvas: Alcamim.


Paseando por el Elvas más comercial: Rua Olivença. Al final llegaremos a la puerta del mismo nombre, en una de sus antiguas murallas.


Interior de uno de sus comercios de textiles para el hogar, normalmente muy familiares y con empleados muy diligentes.


Bonita fachada tomada por la azulejería.


La Rua de Alcamim y su característico suelo empedrado pulido por el paso de los años.


Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, antigua sede del obispado, vista desde la Plaza de la República.


Una vista sobre la Plaza de la República. con la Asunción al fondo.


Pináculos en el tejado de la Asunción.


Gárgolas en el muro lateral de la Asunción camino de la Porta do Sol.


Interior manuelino de la Asunción.


Interior manuelino de la Asunción. Su órgano (izda, arriba) es del siglo XVIII.


Acueducto de Amoreira, otro de los grandes reclamos de Elvas.


Acueducto de Amoreira (2).


Acueducto de Amoreira (3).


Acueducto de Amoreira con más detalle.


Detalle heráldico del acueducto de Amoreira en la zona que es atravesado por la carretera de Portalegre.


Acueducto de Amoreira.

Es, empero, en la que denominamos “ciudad nueva” el lugar ideal para disfrutar de la cocina portuguesa. Independientemente de que estemos junto a la costa o en el interior del país, en todo Portugal abundan las marisquerías, con calidades magníficas en sus productos. No son pocas las marisquerías de Elvas que reúnen, especialmente los fines de semana, a muchos españoles ávidos de disfrutar de sus manjares y su esmeradísimo servicio, ambos económicos.


Empedrada Plaza de Sancho II, presidida por una escultura de este monarca. Este espacio se encuentra fuera de la ciudad vieja.


La Fuente de la Misericordia, obra de Vaz Pereira (1622) y protagonizada por una pequeña escultura ecuestre de Sancho II (el monarca que integró definitivamente la plaza en el reino portugués), presiden la Plaza del 25 de abril.


La Plaza del 25 de abril, donde se encuentra la Fuente de la Misericordia, accesible desde la vieja carretera a España.

Siempre hemos oído maravillas de O Pescador, aunque en esta ocasión descubrimos Lusitania (Avenida Antonio Sardinha, Torre 3 r/c), donde degustamos un bacalao dorado magnífico (10,75 €), un arroz con marisco excelente (24,50 € la fuente para dos personas, tan abundante que comen al menos dos más) y varios postres caseros que nos acercan el paladar al éxtasis. Sirva como referencia que estas viandas, para cuatro personas y contando bebidas y entrantes (siempre fijos) varios, suman una cuenta inferior a los 60 euros. Otro argumento más para cruzar una frontera que no existe.


Entrada al Restaurante Lusitania.


Una Sagres para refrescar los típicos entrantes portugueses.


Exquisíto bacalao dorado, uno de los platos más típicos de la comida lusa.


Con esta maza se machacan más comodamente los mariscos presentes en el siguiente plato. ¡Qué buena idea!


¡Ya está aquí el segundo plato: un riquísimo arroz con marisco!


Degustando el arroz de marisco. Realmente delicioso.


Tarta casera de merengue y crema quemada. Riquísima.


Otro postre portugués cuyo nombre no recordamos.


Los flanes en Portugal son, sencillamente, la releche.


La cuenta para cuatro, de las viejas y desglosada por el propio camarero.


Quedan muchos rincones sin mostrar aquí: monumentales puertas, coquetísimos conventos, más murallas de diversos orígenes,... ¡Tan cerca de Badajoz no hay excusa si se viaja por la zona! Por si acaso, no se olviden llevar el mapa.


Hermosa puerta del portugués estilo manuelino, muy presente en toda la plaza de Elvas.

1 comentarios:

  1. Postre cuyo nombre no recuerda:
    - Sericá;
    - o Cericá;
    - o Sericaia;~
    - o Cericaia.

    La "c" antes de vocal "e" o "i", se le igual que la "s" en portugués.
    Saludos del Zé de Melro!

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