Campo Maior, capital del café (agosto de 2011)



Resulta que la gran capital europea del café, quién lo diría pensando en todo el entramado industrial que posee el viejo continente, se encuentra en un pequeño pueblecito portugués cuyo término municipal linda parcialmente con una España que tiene a Badajoz a apenas una decena de kilómetros por una excelente carretera directa. Pero sí. Campo Maior, no más de 9.000 habitantes, ostenta con orgullo esa condición gracias a una decena de empresas cafeteras, cuna de algunas de esas marcas tan cercanas que parecen un miembro más de la familia (¡ah, ese mítico Café Camelo!) y motor de todo un movimiento de contrabandistas que conculcaba el férreo control fronterizo y aduanero de mediados del siglo XX para hacer llegar el producto a muchos comercios del lado español. La lucrativa actividad de todo un engranaje que le daba esquinazo a los controles estatales, muchas veces con picaresca y seguro que alguna también con esa cierta tolerancia de una buena e influyente “mordida”. J. R. Alonso de la Torre cuenta aquí cómo trabajando en el campo apenas se ganaban siete escudos diarios, poca cosa frente a los 200 que uno se llevaba al bolsillo por transportar 30 kilos de café "al otro lado". Normal, pensemos en un contexto postbélico de pobrezas y carencias, que la Guardia Civil llegase a acumular más de 73.000 fichados por estas cuestiones.

Realmente la causa de los tostaderos de café no fue algo único de Campo Maior, si no más bien de todo el entorno. Pero si fraguó como en ningún sitio en este núcleo alentejano, un grandísimo porcentaje se debe a la figura de Manuel Rui Azinhais Nabeiro, Rui Nabeiro, uno de esos hombres hechos a sí mismo que pasó del contrabando al emporio, de unos orígenes humildes a una madurez acaudalada, respetadísimo en un pueblo que tiene a un tercio de sus vecinos trabajando en lo que hoy en día es todo un conglomerado empresarial (Grupo Nabeiro) con presencia en sectores diversos, aunque con el café como núcleo principal y la marca Delta, creada en 1961, como gran abanderada. El dios del torrefacto. El patrâo Rui. El patrón Rui. Rui Nabeiro, mecenas, exalcalde, nativo de Campo Maior, es una personalidad muy querida a los dos lados de la raia. Como muestra, ahí queda la concesión de la Medalla de Oro de Extremadura en 2011. Por si había dudas, estamos ante una de las fortunas más importantes de Portugal y posiblemente tenga muchas sombras en esa carrera ascendente. Entre sus luces, una filantropía nada teórica adelantada en frases como “la cultura es muy importante para el desarrollo social y económico de una región” o, sobre todo, “para mí dar no es perder, yo creo que para recibir hay que dar”.

Marcas como las citadas Camelo, Delta, u otras como Barco o Cubana tienen en Campo Maior su cuna, aunque la materia prima en absoluto es portuguesa. O española. El Alentejo no es zona cafetera si no fuera por las fábricas o el consumo. Nos encontramos en tierras duras y ásperas, más benignas para el aceite y unos vinos muy interesantes. Y en tierras, tampoco conviene olvidarlo, a las que su condición de frontera les salpicó a lo largo de la historia con las porfías, pulsos, vetos y pugnas entre España y Portugal. Esa condición fronteriza, junto a ese permanente sentimiento de amenaza española que alimentaron centurias pasadas, justifica y condiciona la herencia de testimonios defensivos aún presentes en Campo Maior, una tónica también presente en las cercanas Elvas, Badajoz u Olivenza. Y es que estamos en un apasionante rincón de la historia ibérica que con eso de la Unión Europea tiene casi olvidadas, o al menos las tiene muy poco consideradas más allá de la cuestión de Olivenza, esas desconfianzas y cautelas. Badajoz y Campo Maior, tan cercanas, tan relacionadas, no hace mucho que ratificaron un viejo acuerdo de reconocimiento mutuo de fronteras que se gestó en 1860. Todo sea por seguir mostrando esos vínculos innegables…

En Campo Maior, donde los baluartes y otros parapetos no resultan extraños y no debieran echar para atrás al visitante con su aspecto algo descuidado, un viejo castillo nos remonta a los tiempos en los que, estamos en el siglo XIII (1297), estas tierras pasaron a soberanía portuguesa después de un largo período dominación árabe. Maciza, la fortaleza previa fue reformada en el siglo XIV, cuando vivió unos trabajos bastante integrales, y en el siglo XVII. En una de las torres que hacía las veces de arsenal se fraguó una de las mayores tragedias locales: un rayo incendió tan peligrosa carga y provocó una violenta explosión que provocó muchísimas víctimas y graves destrozos. Aún hoy se cuenta que los huesos presentes en la Capilla cercana a su iglesia principal (Nossa Senhora da Expectação), acaso una macabra decoración en la línea de la más famosa capilla existente en Évora, proceden de los restos de algunas víctimas de aquella tragedia que sucedió en 1732. Los años cercanos a esa explosión (y una justificación a tanto polvorín) fueron una época de especial obsesión hacia una posible invasión vecina y no tanto de iberismo, toda vez que Portugal venía de un largo período de sobería española iniciado por Felipe II en 1581 y finalizado en 1668, cuando concluyó la considerada Guerra de Restauración (iniciada tibiamente en 1640). Años antes (1712), incluso, la plaza había resistido el cerco de un ejército de 90.000 hombres, en el marco de la Guerra de Sucesión Española. Con posterioridad, el nombre de Campo Maior reaparecería durante la breve Guerra de las Naranjas y la invasión napoleónica.

Pero más allá de tanto café y tanto museo, de tanto eco de contrabando, de tanto pasado bélico o receloso, Campo Maior destaca por una de las fiestas más singulares de toda la geografía ibérica, la de las Flores. Durante este acontecimiento, sin periodicidad y sin fecha concreta pero sí con cierto peso histórico (se comenzaron a organizar en 1894 en honor a San Juan Bautista, el patrón), el casco urbano de Campo Maior es tomado por un montón de flores de vistosos colores elaboradas con papel por los vecinos. De hecho, es el papel el que toma las calles, con espectaculares diseños e ingeniosos adornos, con auténticos túneles de colorido papel, como en una consagración a una especie de papiroflexia capaz de convocar tantos visitantes que hasta se agotan las habitaciones libres en Badajoz o en Olivenza. ¡Todo por estar cerca de Campo Maior cuando se celebran! Se calcula que se emplean unos 20.000 kilos de papel en cada edición, algo que evidentemente encarece su organización. Mala suerte que este 2011 se hayan celebrado a comienzos de septiembre, pocas semanas después de haber paseado por sus calles de aire irregular y fachadas encaladas, por sus trazados llenos de rincones con mucho encanto. El envite queda en paso hasta la próxima edición... si es que (eterno objeto de debate entre sus vecinos) se vuelven a organizar.



Campo Maior, mapa de situación.


Una calle de Campo Maior, con el característico firme empedrado de los núcleos urbanos portugueses en primer plano.


Lopo, el antiguo puesto fronterizo entre España y Portugal en la carretera de Campo Maior.


... Y cruzado Lopo, entramos en el Alentejo, tierra de sol y calor, vides, olivos y cultivos cerealísticos.


La enorme planta de Cafés Delta, a medio camino entre el núcleo de Campo Maior y la frontera con España, se intuye tras esta pequeña colina. Aquí, los Nabeiro ha creado un interesante museo del café donde no faltan referencias al fenómeno del contrabando y donde también han puesto en marcha, dentro de la diversificación de su actividad empresarial, la bodega Adega Mayor.


Una vista del Medio Baluarte de Sao Sebastiao, desde los accesos a la Porta da Vila.


Porta da Vila o Puerta de Santa María.


Empinado descenso desde el entorno del castillo por la Rua Nova hasta la Rua Direita.


Castillo de Campo Maior. El conjunto que nos ha llegado es una reconstrucción del siglo XIV de otra fortaleza de origen árabe anterior. En el siglo XVI volvió a ser reformado para introducirle diversas mejoras. Parte de su entorno ha sido tomado por nuevas viviendas de fachadas encaladas. El contraste es curioso y hermoso.


Acceso al castillo desde el Meio Baluarte de Lisboa.


El perímetro del castillo, protegido por baluartes, en su orientación hacia el llamado Curral dos Coelhos.


Meio Baluarte de Lisboa.


Meio Baluarte de Lisboa. A la izquierda se intuye el Convento de Santo Antonio.


Imagen de una garita; el estado de conservación no es el mejor por la acumulación de residuos y cierto descuido.




Parte del castillo, "anexionada" por las viviendas de la parte alta de Campo Maior.


Colorido convento de Santo Antonio, de 1708. Convienen no subir por la calle que sale de frente a la derecha, es un barrio un tanto marginal y nuestros bienes pueden peligrar. El aviso, de uno de los vecinos de las casas que se observan a la izquierda. ¡Obrigado!


Rua Vasco Romao. ¡Menuda cuesta!


Una escena del día a día de Campo Maior en la rua 1º de Maio. Al fondo, el castillo.


Largo dr Regalla (antiguo Largo do Matriz), que desemboca a la rua Major Talaya.


Rua Major Talaya. Pasando junto a la Casa do Benfica.


Una plazoleta con fuente y mucha afluencia donde desemboca la Rua Direita (derecha).


Rua Major Talaya, en blanco y negro.


Placa explicativa en la galería, Paços do Concelho, que se abre bajo el ayuntamiento y a través de la que se puede llegar a la plaza de la República.


Ayuntamiento de Campo Maior.


Una ostentosa escalinata en el edificio del ayuntamiento de Campo Maior


Praça da República (Praça Nova).


Una fachada de la rua Major Talaya.


Una vivienda con hermosas rejerías en sus balcones, ventanas y puertas.


Contrastes en un pequeño callejón del centro de Campo Maior.


Una vivienda de hermosa azulejería en la rua de Olivença.


Una capilla en la rua de Olivença.


Igreja Matriz do Nossa Senhora da Expectaçao, construída entre 1570 y 1646.




Acceso a la Capela dos Ossos (capilla de los huesos) de Campo Maior.


Llamativos ornamentos en la fachada de una vivienda en la rua 1.º de Maio.


En primer plano, la estatua do Comendador Sr. Manuel Rui Azinhais Nabeiro, junto a los grandes jardines municipales donde acuden muchisimos vecinos a conversar y echar el rato. En un par de terrazas, bastante concurridas, nos podremos tomar algún refrigerio. O incluso disfrutar de un buen café; lo ideal, sugerencia, un pingado (cortado) o una bica (sólo). En todo caso son establecimientos muy económicos, como sucede en general con la hostelería lusa.


Escultura de Santa Beatriz da Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, en el céntrico (se podría decir que es su centro neurálgico) y recomendable Jardim Municipal de Campo Maior. Aunque siempre se dijo que nació en Ceuta, desde Campo Maior han defendido que fue allí donde vio la luz por primera vez. Y muchos documentos históricos parecen darle la razón a los campomaiorenses.


Casas más señoriales en el entorno del concurrido Jardim Municipal.


Otra llamativa vivienda en los alrededores del jardín municipal.


Una vista del centro urbano desde el Jardim Municipal.


La virgen de Fátima, presente en los azulejos ornamentales de una casa en pleno proceso de pintado.

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