Una ventana sobre la dehesa de nombre Aracena (agosto de 2011)



Con la riqueza propia de esos lugares que han venido pasando desde tiempo remotos por diferentes manos y bajo diferentes banderas, con esa variedad de sucesivos sustratos de vivencias que se superponen en términos temporales, sí, pero que también de alguna forma de entrelazan y le dan forma a una bola cada vez más y más grande, Aracena, onubense que en otro tiempo (hasta 1833, cosas de reorganizaciones territoriales) fue sevillana, esa bola en cuestión, es en sí misma un país que nunca se acaba. Mineral, vegetal y faunísticamente un oasis de abundancia, los numerosos manantiales que brotan de los montes cercanos (con toda una ruta del agua que desde el consistorio local publicitan con orgullo) redondean las bondades de sus territorios. Ante tanta materia prima, claro, no es raro que el lugar tuviera población estable ya en la prehistoria, o que fuera objeto central en las peleas entre (permítannos la expresión) moros y cristianos y, a su vez, en otro momento histórico, entre portugueses y castellanos. O que diferentes miembros de la familia real de comienzos del siglo XX la eligiesen para disfrutar de esparcimiento, caza y buena mesa. Un lugar mágico desde su cielo hasta sus entrañas, con unas posibilidades geoestratégicas evidentes en cualquier punto de su Cerro del Castillo y otras muy sorprendentes en las caprichosas cavidades de su Gruta de las Maravillas. Con eso de la magia no se juega y no resulta raro, más allá de que siempre se les atribuyan extraños intereses allá donde se establecen, mitad cosa cierta mitad herencia novelística y cinematográfica, que por Aracena también pasaran los templarios. “Hac itur ad astra”, recoge su escudo en latín. “Por aquí se va a las estrellas”. ¡Y tanto!

Por toda esa magia resulta difícil responder si uno de los lugares favoritos del extremeño Benito Arias Montano (junto a Alajar), una de las personalidades más destacadas de los tiempos de Felipe II, o el de la cuna de Florentino Pérez Embid es más impresionantemente rico en aguas o en patrimonio. Quede, pues, el conflicto en empate y disfrútese del frescor que aportan las primeras, porque en esta zona serrana de la provincia de Huelva el calor aprieta en el estío (si bien es cierto que no como en otras latitudes, tal vez por ese entorno serrano y esos 682 metros de altura sobre el nivel del mar a la que se asienta), y las muchas panorámicas y particularices del segundo, con un gran repertorio de arquitecturas populares de ecos mudéjares y neomudéjares, hermosos espacios ajardinados y concurridas plazas que invitan al sosiego y el disfrute. De Aracena, algo más de 7.700 habitantes a los que popularmente se les conoce como cebolleros (dicen que por la importancia de este cultivo en la antigüedad), no se tiene claro el origen de su nomenclatura. ¿Qartasana?, ¿Medina Arsena?, ¿Aretiena?, ¿Arciena? Difícil saberlo con exactitud, como suele suceder. Cada cual tendrá su teoría y lo suyo, en estos casos, es evitar obsesiones.

Declarada lugar de interés turístico en 1956, categoría reforzada en 1996 con la condición de municipio turístico y en 2006 con el galardón “municipio turístico” con el la Junta de Andalucía busca esa difícil unión de la calidad y la cultura, son los restos de esa fortaleza magníficamente asentada sobre un cerro geoestratégico, su maravillosa iglesia Prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor y sobre todo la Gruta de las Maravillas los grandes, que no únicos, referentes de una Aracena que sabe a jamón, vino y aceite. Las cuevas, un hallazgo casual durante unas prospecciones en busca de nuevas minas (la zona es rica en estas explotaciones y no hay que olvidar que no muy lejos se encuentran los mastodónticos testimonios de Riotinto), son pioneras en su especie y anualmente pasan por ellas más de 150.000 visitantes. Un gran motivo para que por Aracena pasen las más insospechadas nacionalidades en un constante goteo diario que cobra más fuerza (evidentemente) durante los fines de semana. Y de camino, convertido en un aliciente más para tapear por su bares, estrenado en los años ochenta, todo un museo de esculturas al aire libre. Aunque para digna de museo, sugerimos, la vista de la dehesa a través de los arcos ojivales del atrio de la iglesia Prioral.


Aracena, en la provincia de Huelva. Mapa de situación.


Ermita de San Pedro, templo mudéjar levantado entre los siglos XV y XVI. Es una de las cuatro ermitas que se situaban en las salidas (una por cada una) de la vieja Aracena en los tiempos de la conversión de los moriscos.


La fértil y rica sierra en la que se asienta Aracena, se siente anexa al casco urbano en muchísimos rincones. Esta vista, desde la concurrida plaza de San Pedro. En este enlace, más información sobre los pueblos que se integran bajo la etiqueta común de la Sierra de Aracena.


Escultura contemporánea. Gracias al trabajo del artista local Pepe Noja, las calles de Aracena (especialmente las cercanas a la Gruta de las Maravillas y al Museo del Jamón) acogen un interesantísmo museo al aire libre (MACA, Museo de Arte contemporáneo al Aire Libre) con obras de jóvenes artistas españoles de temáticas, inspiraciones y técnicas diversas. Fue puesto en marcha en 1986, lo que convierte al municipio en un pionero, y en la actualidad cuenta con medio centenar de obras.


Plaza de San Pedro. Un hermoso rincón casi a las afueras de Aracena. Como se puede apreciar, desde este punto parte el sorprendente (por inesperado) tren turístico que recorre el casco urbano de este hermoso municipio.


Los restos de la fortaleza, vistos desde la plaza de San Pedro, un gran espacio cruzado por la ascendente calle Colmenitas (la que se observa de izquierda a derecha) y en donde son varios los negocios hosteleros existentes. El conjunto defensivo, asentado en el cerro del mismo nombre, fue el faro para el crecimiento del pueblo durante el medievo. La corona portuguesa construyó una primera fortaleza sobre el asentamiento islámico de Qartasana en el siglo XIII, aunque todavían quedarían por venir escaramuzas entre musulmanes y cristianos y la inclusión definitiva de estos territorios bajo el poder de Castilla. Sería en el siglo XV cuando el pueblo comienza a asentarse en zonas más llanas, aprovechando los materiales del recinto defensivo para esa "mudanza". Esto explica que el conjunto que nos ha llegado se reduzca a restos.


Lavaderos de la Fuente del Concejo. Diseñados por el arquitecto sevillano Aníbal González Álvarez-Osorio (autor de la plaza de España de la ciudad hispalense) por encargo y financiación de los Marqueses de Aracena, entregados en febrero de 1927, estos lavaderos vinieron a sustuir una vieja fuente (la del Concejo). En todo caso, el agua sigue procediendo de los mismos manantiales que alimentan los cauces de la Gruta de las Maravillas. Sobre Aníbal González hay que añadir que Aracena ha potenciado una ruta turística sobre los edificios que él diseñó en el municipio y alrededores.


Aracena. Una de las viviendas cercanas a la plaza de San Pedro.


Aracena. Plaza de San Pedro. Una encalada casa muy señorial, rica en balcones y ventanas y profusamente decorada.


La calle Pozo de la Nieve es una de las más emblemáticas y significativas de Aracena. Desde la plaza de San Pedro asciende hasta los accesos del castillo. A medio camino, escoltado por nuevas muestras de arte moderno, encontraremos el acceso a la Gruta de las Maravillas.


Un perro sacia su sed en el "arroyuelo-fuente" que desciende por la calle Pozo de la Nieve, nombre que se inspira en una de las primeras denominaciones que recibieron las formaciones de la Gruta de las Maravillas.


Calle Pozo de la Nieve, vista desde un pequeño rellano ubicado entre el acceso a la Gruta de las Maravillas y la oficina de turismo/museo geológico. En ella abundan los establecimientos hosteleros, de recuerdos y de artesanía.


Blancos soportales que comunican la calle Pozo de la Nieve con los alrededores de los accesos a la ermita de San Pedro. A la derecha, junto a ese cartel vertical e invisible por una pequeña escalinata, la oficina de turismo e información municipal.


Vista sobre una plazuela vecina de la ermita de San Pedro en la que se concentran varias obras del MACA.


Un bonito mosaico de azulejería en una pared.


En esta casa, quién lo diría por el aspecto exterior (realmente es una obra de 1923, diseñada por Aníbal González), se encuentran los accesos a la Gruta de las Maravillas. Entraremos por la izquierda y saldremos por la parte inferior, donde se encuentran esas personas. Aunque existe constancia de su conocimiento desde 1850, las cuevas fueron abiertas al público en 1914, año éste en el que se comenzaron a acondicionar y recibieron la instalación de la necesaria luz eléctrica que permite alucinar con sus firmas y sus rincones. Son, por tanto, y según destacan, "una de las pioneras en el turismo subterráneo de España". El horario de visitas: de 10 a 13.30 y de 15.00 a 18.00 horas.


Gruta de las Maravillas. La "sala de espera". En el fresquísimo interior de las cuevas no se pueden tomar fotografías (aunque algún tarao que se salta la prohibición siempre hay), pero el recorrido guiado es muy entretenido. De los tres niveles conocidos y más de dos kilómetros de grutas, la visita recorre algo más de un kilómetro (1,2 más exactamente) por las entrañas de la montaña. Un mar de estalagtitas, estalagmitas y muchísimas otras formas geológicas.


Aracena. Caminando por la calle Cruces. Sobre los tejados se intuye la iglesia de la Asunción, en la cercana Plaza Alta.


Aracena. Una callejuela, en la falda de los castillos.


Iglesia de Asunción de Aracena, en la Plaza Alta. Este templo renacentista de tres naves nació cuando la población comenzó a expandirse físicamente y no todo el mundo estaba por la labor de afrontar periódicamente la peleona subida a la Iglesia Prioral del Castillo. Curiosamente, el que pasa por ser el templo renacentista de la provincia de Huelva, ha tardado casi cinco siglos (468 años) en ser finalizado completamente, pues por diferentes motivos los sucesivos trabajos fueron deteniéndose y retomándose. El punto y final llegó en 2008. De la Plaza Alta resulta muy refrescante el agua de una pequeña fuente.


Cabildo Viejo de Aracena, vecino de la iglesia de la Asunción. Por la referencia a la tierra, la inscripción de su portada, "verita de terra orta es justitia de coela prospexit" (que vendría a traducirse como"la verdad brotó de la tierra y la justicia nos miró desde las alturas"), no le viene mal a su actual condición de Centro de Interpretación del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche y sede de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. El edificio, del siglo XVI, acogió en su día la casa consistorial y el pósito municipal.


Ascendiendo hasta las proximidades de la Plaza Alta, así como los accesos al castillo y la iglesia Prioral.


Arquitectura popular. Un rincón con mucho encanto en la calle Nuestra Señora del Mayor Dolor.


El casco urbano de Aracena, con la iglesia de la Asunción destacando sobre los demás edificios, desde los accesos al recinto del castillo.


La iglesia de la Asunción de Aracena, vista a través de la verja de acceso a una propiedad privada que en una de sus jambas está decorada con un mosaico de azulejos que representan a la patrona, Nuestra Señora del Mayor Dolor.


Subiendo por la calle Nuestra Señora del Mayor Dolor con la gran iglesia de Aracena como referencia, la empedrada cuesta acaba cuando alcanzamos el arco que se ve enfrente y que realmente es toda una espadaña con campanario que sirve de acceso al recinto del templo y los restos del castillo. Uno de los símbolos de Aracena, en todo caso.


Estamos llegando a la Aracena alta. Iglesia Prioral del Castillo, nombre como se conoce a la gótica Iglesia Prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor. Con eso de tener el campanario independiente y una torre almenada, tiene más aires de fortaleza que de templo. Independientemente de estas acertadas impresiones, toda vez que para su construcción se aprovechó el castillo almohade y también una mezquita, es uno de los lugares más emblemáticos de Aracena.


El arco-espadaña de acceso. A la derecha, en una perspectiva muy agradable, el municipio de Aracena.


Un empedrado a la vieja usanza en esta parte alta del municipio.


Iglesia Prioral del Castillo. Gótico tardío y evidentes influencias mudéjares. La puerta de la derecha da acceso a un pequeño espacio de venta de recuerdos... y avituallamientos varios, dada la durilla ascensión que hay que afrontar desde la parte baja.


Iglesia Prioral del Castillo. Detalle de la mampostería.


Iglesia Prioral del Castillo. Acceso por la puerta sur.


Iglesia Prioral del Castillo. Azulejería ornamental: "Desamparada me vi / en la Tierra y sin consuelo / clamorosa rogué al cielo / y Buestro (sic) amparo sentí".


Iglesia Prioral del Castillo. Puerta Real. Una ventaja de gótico arco ojival que mira a la dehesa.


Iglesia Prioral del Castillo. Puerta Real. Detalle del tímpano.


Iglesia Prioral del Castillo. Esbeltas y encaladas bóvedas nervadas en el atrio de la Puerta Real.


Iglesia Prioral del Castillo. Con esta fotografía tomada en el atrio de la Puerta Real se confirma que, efectivamente, Aracena es toda una ventana con vistas hacia la dehesa. Estas vistas, podemos dar fe de ello, con todo el campo verde (sobre todo en primavera o en otoño) son espectaculares.




La dehesa, al contraluz.


Una hermosa panorámica sobre las sierras de la provincia de Huelva y Sevilla, prolongaciones del sistema de Sierra Morena y sobre todo un buen terreno de dehesa para la cría del cerdo ibérico o el toro de lídia.


Iglesia Prioral del Castillo. Aquí nos engaña la vista y vuelve a tener más de fortaleza que de templo.


Iglesia Prioral del Castillo. Puerta de las Mercedes, junto a la esbelta y famosa torre de esta iglesia.


Iglesia Prioral del Castillo. Sobresaliente torre mudéjar en la que destaca su decoración en paños de sebka, recurso ornamental de origen musulmán (¿hizo las veces de minarete?) en el que, en resumen, se entrelazan figuras forman hermosas cortinas geométricas. Dicen que estamos ante una influencia clara de la Giralda de Sevilla. Sobre ella, una cruz latina al uso templario. Hay quien la llama, por este motivo, iglesia de los Templarios.


La espadaña independiente de la iglesia, de tres cuerpos, y su privilegiada situación sobre el entorno.


Monumento a Florentino Pérez Embid, catedrático, historiador y político en Aracena que fue rector de la Universidad Menéndez Pelayo y durante la época franquista llegó a ejercer (1951-1957) como director general de Información, entre otras muchas actividades.


Angosta e irregular calle Cruces.


Una obra de J. L. Sánchez perteneciente al Museo de Arte Contemporáneo al Aire Libre (MACA).


Por el casco urbano de Aracena.


Museo del Jamón de Aracena. La puesta en marcha de este completo centro de interpretación del mundo del cerdo ibérico, en 2005, viene dada por la importancia de la comarca en la producción de embutidos, una actividad tan arraigada que incluso ha dado pie a la creación de una ruta del jamón ibérico. No hay que olvidar que cerca de Aracena se encuentra Jabugo, centro de una afamada denominación de origen que, aunque pueda parecerlo por cuestiones de notoriedad, ni mucho menos es la única de todo el suroeste peninsular. Este museo en cuestión ocupa 1.600 metros cuadrados divididos en dos plantas en un edificio que albergó en su día el ayuntamiento, se pensó después para museo etnográfico municipal y parcialmente acogió a Radio Sierra de Aracena. La tarifa general (2011) es de 3 euros (hay otros precios para niños y ancianos, también una entrada combinada para visitar las Gruta de las Maravillas y otra, finalmente, que da derecho a entrar las cuevas, en el museo y a subirse al tren turístico).


Los restos de la fortaleza (los lienzos de su muralla), vistos desde la confluencia de la calle del Olivo y la Gran Vía de Aracena, en las cercanías del Museo del Jamón y el estético hotel Sierra de Aracena (de fachada neomudéjar, como confiesan esas decoraciones "sebka").


Curioso monumento a una piara de cerdos y a su cuidado. Ubicada entre el Museo del Jamón y el espacio ajardinado de la plaza de Doña Elvira, desde luego pone de relieve la importancia de la montería en esta zona de Huelva.


Atardecer en la confluencia de las calles Constitución y Gran Vía, junto a la céntrica plaza del Marqués de Aracena.


Plaza del Marqués de Aracena, con el edificio del Casino de Arias Montano al fondo (una obra de 1910, cómo no, de Aníbal González, aunque restaurada bajo la supervisión de Hilario Vázquez en 1992) y la popular y querida Fuente de San Julián en primer término. Que en su día existiera otra de nombre "del Pilar" hace que muchos mayores se refieran a esta ésta como la plaza del Pilar. La fuente se le dedicó en 1875 a Julián Romero de la Osa, un vecino ilustre. Cuentan que como no se conservó ningún retrato para inmortalizarle, se optó por una imagen de San Julián.


Plaza del Marqués de Aracena. La actividad comercial (tiendas, bancos, etcétera) del municipio giran en torno a este concurridísimo espacio.


Aracena. Pintoresco pasaje del pintor Gustavo Bacarissas, popularmente la calle del Arco. A la derecha, la Fuente del León. El arco, presidido por una representación en cerámica de Nuestra Señora del Mayor Dolor, patrona local.


Aracena. Fuente del León. El nombre, claro, viene de la escultura de mármol por cuya boca mana el agua desde 1978, cuando se instaló. Cuando se puso en marcha el servicio de correos, y en otro lugar menos susceptible a mojar la correspondencia, claro, esta cabeza de león cumplía la función de buzón.


Una sabia frase preside un pequeño azulejo ubicado junto a la Fuente del León.


Aracena. Contrastes y volúmenes.


Calle Rosal. Detalle de rejería en una puerta.

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