Castillos, jardines y panorámicas en el 'Périgord Noir' de la Dordoña francesa



Tan variada paisajística y orográficamente, la riqueza de Francia se intensifica con el peso de todos los acontecimientos históricos, ya fuesen bélicos, ya geopolíticos o incluso artísticos. No son pocas las regiones en las que encontrar una simbiosis de tanto devenir y tanta influencia, pero ninguna lo sintetiza y expone tan bien como lo hace Dordoña, el vigésimo cuarto departamento del estado galo y uno de los cinco que forman la célebre región de la Aquitania, un Dordoña que toma su nombre del río de anchas, pausadas y tranquilas aguas que descienden desde el Macizo Central hasta el Atlántico. Téngase en cuenta que en francés el Dordoña, río y departamento, es el Dordogne, pero más allá de cuestiones idiomáticas lo que hay que destacar que aquí se encuentra, casi récord frustrado por los diez del Aveyron, nueve los 152 pueblos más hermosos de Francia. Un buen reclamo turístico, visto así de primeras. Otro más, otro de tantos, en la Aquitania.

El Departamento de Dordoña, cuya capital se encuentra en Perigeux, casi 30.000 habitantes, se divide en cuatro prefecturas (subdivisiones administrativas francesas) de coloridas denominaciones. Así, tenemos el Périgord Noir, el Périgord Pourpre, el Périgord Vert y el Périgord Blanc. O lo que es lo mismo en castellano: el Negro, el Púrpura, el Verde y el Blanco, etiquetas acuñadas en función a las variedades cromáticas que dominan, real o evocadamente, cada uno de sus pagos si es que nos centramos en tupidos bosques, intensos viñedos, generosos prados que se alternan con robledales y los erosionados suelos calcáreos. Para el sentir general también existe un Périgord alto y un Périgord bajo. La capital oficiosa de este último, Sarlat-la-Caneda, es la oficial del Périgord Noir y, para que sirva como referencia, se encuentra a unos 200 kilómetros de la más populosa y conocida Burdeos. Como destino vacacional y recreativo, Sarlat es una de las mecas para el turismo interior y un excelente reclamo para el exterior. Desde la misma ciudad o desde sus proximidades se puede profundizar en esta zona de gran peso histórico y “tiras y aflojas” entre franceses e ingleses donde no resulta extraño todo un Ricardo Corazón de León o la presencia templaria. Ni tampoco, grandes puntales de su gastronomía, la trufa y el paté.

En el Périgord Noir las cruzantes aguas del Dordoña, mansas ahora, hasta cierto punto plácidas pese a sus meandros y curveos, acabaron configurando en el pasado un terreno quebrado, salpicado de pequeños valles, de cortados y de acantilados en los que se salpican muchísimos castillos y construcciones defensivas. Como si la geografía hubiera sido condescendiente con el paso de los siglos, muchos de sus rincones han conservado una indudable esencia medieval. Y de ahí, hacia atrás en el tiempo. Las particularices erosivas sobre la roca calcárea ha motivado el nacimiento de muchas grutas y cuevas, residencias humanas desde la Prehistoria. Algunos de las más célebres (la Grotte du Gran Roc, en Les Eyzies, o la Goufre de Proumeyssac, en Le Bugue, por citar dos ejemplos) se encuentran en esta región. Demos pues, un paseíto por algunos de los rincones citados, por algunos de sus más hermosos castillos (de pago, cosa habitual en el país vecino), por algunas de sus ciudades y villas, por algunos de sus jardines. Una vueltecita por el Périgord Negro con ánimo de que se anime el personal a acudir a un rincón accesible (¡con paradas intermedias y paciencia, claro!) por carretera al otro lado y un poco más allá de los Pirineos.







Uno de los alojamientos del cámping Le perpetuum, ubicado cerca de Domme, junto al río Dordoña y a unos ocho kilómetros de Sarlat-la-Caneda. El "campo de operaciones" de esta escapada francesa.


Un ajedrez de generoso tamaño, para hacer más atractivas las partidas veraniegas. Otra de tantas animaciones (rutas en bici o en piragüa, senderismo, fútbol, acquagym, tenis, columpios varios,...) en Le Perpetuum. Un buen destino para viajar con niños.


Por las plácidas y tranquilas carreteras del Périgord noir (negro), frecuentemente escoltadas por densas concentraciones boscosas llenas de vida.


Un globo comienza a elevarse sobre las copas de los árboles cercanos mientras circulamos entre campos de labor donde se amontonan estas "alpacas" de paja.


El estético castillo de Montfort, visto desde las aguas del río Dordoña. Muy cerca, el famosísimo meandro conocido como el Cingle de Monfort.


Piragüas y canoas en el sinuoso río Dordoña, el quinto curso fluvial de Francia con sus casi 500 kilómetros. El Dordogne (en francés), Dordonha (en occitano) o Dordoña (en castellano) nace en el Puy Sancy, en el Macizo Central francés, y desemboca en el estuario de la Gironda (el mayor de Europa) que forma junto al río Garona/Garonne, del que es considerado (acaso no de forma exacta) afluente.


Sarlat-la-Caneda, reconocida por las autoridades como "villa de arte e historia" (Ville d’Art et d’Histoire) y capital del Périgord negro. La céntrica plaza de la Libertad (place de la Liberté) es uno de los lugares más concurridos de esta villa y todos los miércoles y sábados acoge un afamado mercado. A la izquierda, el ayuntamiento (hotel de ville), un edificio del siglo XVII.


Sarlat-la-Cadena. Una escultura moderna de las muchas que tienen en esta ciudad su hogar. De Sarlat dijo el escritor estadounidense Henry Miller: "Aquí está el paraíso de los franceses".


Sarlat-la-Caneda. Una ciudad rica en talleres y galerías de arte que ha seducido a muchos artistas a lo largo de la historia para establecerse en ella. El cine también ha encontrado en sus calles y plazas una ambientación magnífica para algunos títulos como Juana de Arco (1998), de Luc Besson. Son muchas las peículas y series que se han grabado tanto en Sarlat como en el Périgord noir desde 1928.


Sarlat-la-Caneda. Una vista de la iglesia de Saint Sacerdos, en primer plano; detrás una de las mejores representaciones domésticas de la ciudad vieja medieval. Más de 1.500.000 visitantes pasan por esta villa anualmente. Ahí es nada: es el lugar más visitado de la Dordoña y entre los quince que más de toda Francia.


Las inconfundibles grandes puertas de la Antigua iglesia de Santa María (eglise de Sainte Marie). Este antiguo templo acoge un mercado cubierto permanente. Su construcción arrancón en 1365, pero la Guerra de los Cien Años paralizó unos trabajos que no concluyeron hasta los comienzos del siglo XVI. Restaurada en 1935, el arquitecto Jean Nouvel dirigió en 2000 los trabajos de acondicionamiento para el mercado cubierto antes citado y un espacio cultural municipal.


Una callejuela del centro histórico de Sarlat. En 1964, fue la primera ciudad de Francia que se benefició del plan de protección del patrimonio de la Ley Malraux (1962), por la que se podían crear y delimitar zonas protegidas por su valor arquitectónico, histórico y artístico en las que se frenaba toda demolición y se apostaba por la restauración. Esta ley fue impulsada por el escritor André Malraux, el autor de La condición humana, en su época al frente del ministerio de Cultura (1958-1969).


Sarlat-la-Caneda. Piedra vieja, evocación medieval. Magnanat mansion y parte de la Plamon Mansion.


Sarlat. Eglise Saint Sacerdos. Antigua catedral.


Sarlat-la-Caneda. Se da un aire a Camarón de la Isla, pero esta escultura en bronce de un hombre sentado en pose relajada y vista un tanto perdida es una de las referencias icónicas del municipio. En algunos lugares se refieren a él como El poeta, pero realmente se trata de Common man (un hombre común) o Homme.


Sarlat-la-Caneda. La torre hexagonal, parte de la Magnanat Masion.


Sarlat-la-Caneda. Hermosas fachadas en la plaza de la Libertad.


Sarlat-la-Caneda. ¡Cerrado a cal y canto! ¿Quién riega esas flores?


Jardines de Eyrignac. Un trabajo de la familia Costes de la Calprenède... con 22 generaciones detrás. Entre la casa de campo italiana y el gusto por el espacio ajardinado francés. Un espacio de 200 hectáreas con cuatro dedicadas a esculturas vegetales. Aquí, el pazo del siglo XVII: la Fronda de los Príncipes.


Jardines de Eyrignac. Una vista de la avenida de los Encantos, con su característico pabellón.


Jardines de Eyrignac. Detalle escultórico de una escalinata de piedra.


Jardines de Eyrignac. Por el llamado Jardín francés.


Jardines de Eyrignac.


Jardines de Eyrignac. La rosaleda, donde crecen con mimo cuatro variedades de rosa blanca (Opalia, iceberg, polyantha y alberic barbier).


Jardines de Eyrignac.


Jardines de Eyrignac. Avenida de los encantos. Guilles Sermadiras, a la postre creador de Eyrignac, ideó ese diseño en 1966. Los cinco jardineros del parque están permanentemente controlando su fisonomía y su estado.


Domme. La fotogénica Puerta de las Torres, que a comienzos del siglo XIV sirvió de cárcel para los templarios. Dicen que sus paredes están llenas de mensajes, indescifrables para nosotros, grabados por los reos con la esperanza de mantenerlos para la posterioridad.


Château de Castelnaud, que presume de ser "le plus visité du midi de la France" y uno de los cinco más hermosos del Valle del Dordoña. Quizá se deba a la mezcla de su ubicación, la belleza de su entorno y la presencia de un completo museo de la guerra. En 1966 fue catalogado como edificio histórico y en 1985, con la puesta en marcha del museo, fue abierto al público.


Château de Castelnaud (literalmente, "castillo nuevo"). Otra perspectiva de esta importante plaza durante la Guerra de los Cien Años que se encuentra en Castelnaud-la-Chapelle, en la margen izquierda del Dordoña.


Château de Castelnaud. Fieles reconstrucciones de maquinaria bélica en este castillo del siglo XII. A todo el recinto, después de una vida intensa, le sentó muy mal el abandono derivado de la Revolución Francesa. En el siglo XIX comenzó a surgir la inquietud de recuperarlo y este sentimiento se concretó mediados el siglo XX.


Château de Castelnaud. Una perspectiva muy geoestratégica sobre el pueblo y el recinto amurallado de la plaza.


Maravillosas vistas sobre el Dordoña y el puente de la Carretera D-57 que salva las aguas. Remontando el sinuoso curso del río (lo que haríamos si vamos hacia el fondo) llegaríamos a La Roque-Gageac. Varias compañías ofrecen cruceros en gabarra por este tramo tan intensa y sinuosamente hermoso.


Périgord Noir. Campos con miles de matices del verde.


Jardines de Marqueyssac. En torno al Dordoña y sus acantilados calizos del Périgord Nord son varios los "jardines suspendidos" y panorámicos. Los de Marqueyssac, construidos y cultivados en torno al castillo del mismo nombre, son unos de los más representativos. Dicen que son el mejor mirador de todos. A buen seguro serán de los más nuevos, ya que esta instalación entró en funcionamiento en marzo 1997. En la imagen, la fotografiadísima capilla.


Jardines de Marqueyssac. El entorno de este particular château, que se ve en el centro.Una red de más de 6 kilómetros de caminos y senderos permiten descubrir todos sus rincones.


Jardines de Marqueyssac. Cuidado las formas. Efectiva y mimosa labor de jardinería recreativa.


Horizontes...


Château de Fénelon. En Sainte Mondane encontraremos uno de los mejores ejemplos de construcción defensiva de la zona que, como curiosidad y motivo de orgullo para los locales, conserva su techado de piedras al uso tradicional en la región. Fue la cuna de François de Fénelon, un teólogo y preceptor real que escribió Las aventura de Telémaco, contra la monarquía francesa. En 2010 el acceso venía costando 8 euros (adultos) y en su interior se puede encontrar una colección de armas, armaduras, diferentes objetos artísticos y mobiliario de época.


Castillo de Puymartin. Este château, ubicado entre Sarlat y Les Eyzies, es uno de los más hermosos del Périgord noir por sus particulares torres y célebre por la leyenda, según nos contaron, del fantasma de una dama blanca que deambula por sus estancias. ¡No puede faltar su espectro en todo castillo que se precie! Es propiedad privada, pero se puede visitar.


Castillo de Puymartin. Robusta torre del homenaje. Levantado en el siglo XIII, parcialmente destruido durante la Guerra de los Cien Años y reconstruido durante el siglo XV, el castillo fue profundamente restaurado a finales del siglo XIX.


Castillo de Puymartin. Un château lleno de hermosos rincones.


Castillo de Puymartin. Detalle escultórico decorativo.


Beynac-et-Cazenac. Una maravillosa vista desde el conjunto de jardines de Marqueyssac.


Beynac-et-Cazenac. Una privilegiadísima ubicación sobre un cortado. El nombre de la población es oriundo de 1827, cuando las dos entidades de población se fusionaron en una sola. Esta es una de las vistas que nos deparará un paseo en gabarra por el Dordoña.


Beynac-et-Cazenac. Una callejuela asciende desde la carretera principal. Resulta curioso su eslogan turístico: una villa, un castillo, un río. En todo caso, un icono del Périgord negro.


Beynac-et-Cazenac. Por el ascendente casco urbano. Un lugar de esencia medieval.


Beynac-et-Cazenac. La fortaleza, vista desde unas "construcciones civiles" cercanas.


Beynac-et-Cazenac. En el interior de su castillo, que tuvo un papel central en la historia de Francia en los tiempos de la Guerra de los Cien Años, momento en el que pasó de manos galas a manos inglesas. Ricardo Corazón de León, hijo de Leonor de Aquitania, anduvo por estos pagos guerreando, tomó el castillo y llegó a residir en él tras su conquista de Aquitania.


Beynac-et-Cazenac. Otra vista del castillo que fue el centro de poder de un baronesado. El último de los Beynac, Marie-Claudie, puso fin a un linaje de ocho siglos con su muerte, en 1811.


Los acantilados nos ofrecen vistas como ésta, sobre campos de labor y extensos bosques, dignas del mejor lienzo de un pintor paisajista, inspiradoras de cualquier pincel.


La Roque-Gageac, afamado pueblo por su sorprendente ubicación junto al Dordoña y a los pies de un gran acantilado pétreo, viejo reflejo de la erosión de hace millones de años. Algunas viviendas están absolutamente integradas en la roca misma. De los 1.500 habitantes que tuvo en siglos pasados hemos pasado al medio millar (aproximadamente) actual. Eso sí, el número de visitantes es muy generoso. La vista de la foto, desde el Mirador de Dordoña de los Jardines de Marqueyssac, a130 metros de altura sobre el río.


La Roque-Gageac. Otra vista. Se cuenta, para no olvidar, que en enero de 1957 un desprendimiento provocó una de las grandes tragedias del pueblo, ya que una enorme roca destruyó varias viviendas y acabó con tres vidas humanas.


La Roque-Gageac. Una empinada y decorada callejuela.

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