Cerro Cabeza de Piñuécar: un mirador magnífico que antes fue búnker y nido de ametralladora y ahora es centro de rutitas chulas (2006)



A unos 85 kilómetros al norte de Madrid, en plena Sierra Norte pero magníficamente comunicado con la capital por la cercana A-1 (salida 79), se encuentra Piñuécar, pequeña entidad de población dependiente del cercano Gandullas, también muy próxima al precioso Buitrago del Lozoya, que se asienta a poco más de 1.000 metros sobre el nivel del mar. De Piñuécar, un recomendable destino para los amantes del turismo de fin de semana y las casas rurales, parten varias rutas senderistas bien señaladas. Hacia los vecinos Aoslos y Madarcos, por ejemplo. O esa otra que busca los restos de Bellidas, un núcleo cuyo último vecino desapareció en 1936 y del que apenas se mantiene el pie, a modo testimonial, una vieja casa. Nuestras botas, sin embargo, buscarán el vecino Cerro Cabeza de Piñuécar, un promontorio cercano al centro de Piñuécar en cuya cima, coronada por una generosa agrupación rocosa, encontraremos los restos de un búnker de la Guerra Civil Española.

No son pocos los testimonios del conflicto bélico que podremos encontrar por las cercanías,
estudiados por Severiano Montero en un interesantísimo artículo publicado en 2001. En la subida al Cerro, incluso, no será difícil encontrarnos con un viejo pastor que parece tener el don de la invisibilidad y que nos deleitará con algunas historias de aquellos tiempos. Evidentemente no será fácil perderse en Piñuécar, por debajo de los 200 vecinos. La carretera M-132 atraviesa la población con un suave descenso y junto a esta, faro de lo que podríamos considerar el centro urbano, inconfundible por el curveo que traza lo que es el reflejo de un viejo camino, encontraremos la iglesia de San Simón Apóstol. El templo, de apariencia tosca y simple por el lado del ábside, muestra al asfalto su perspectiva más hermosa.

Muy cerca de la iglesia, como si fuéramos hacia la A-1 y con la inevitable referencia de los 1.222 metros del cerro a la izquierda, encontraremos también a la izquierda un viejo camino rural que comunica Piñuécar con Gandullas. Seguramente también podremos ver un panel explicativo de la ruta. Allí se inicia este peregrinar hacia el búnker antes comentado, un periplo entre los cuatro y los cinco kilómetros. Una ruta muy asequible, en definitiva. Pero también muy reconfortante; sobre todo por las grandes panorámicas que sorprendentemente ganaremos sobre el valle bajo del Lozoya de la Sierra Norte en la que intuimos cercanas las aguas del embalse de Puentes Viejas. Pasaremos junto al pequeño cementerio de Piñuécar, obviaremos el camino que parte hacia la izquierda en una bifurcación y seguiremos por la derecha hasta la base del Cerro. Dos paredes de piedra flanquean el trazado hasta que llegamos una cerca alambrada. La atravesaremos. Será el último punto que invite a confusiones. Desde aquí, en todo momento con la cima a la vista, ascenderemos hacia la cumbre por la ruta que más nos agrade. El ganado, el agua o el azar de las piedras ha esbozado muchas veredas con el paso de los años.

En lo alto del Cerro, coronado por un vértice geodésico, disfrutaremos con el búnker del coronel canario Francisco García Escámez, su excelente estado de conservación y su privilegiada posición. Nos sorprenderemos con las vistas, con Piñuécar allá en lo bajo y con lo desapercibido que pasa todo el bullicio de una cercana A-1 casi imperceptible. El Cerro Cabeza de Piñuécar se muestra como un monte aislado, en tierra de nadie, un otero privilegiado sobre las praderas cercanas y los montes que ocultan en su interior la reserva de caza del Sonsaz y la inigualabe ruta de los collados, de la que hablaremos en otra ocasión. A la hora de volver, será cuestión de decidirse entre desandar lo andado o descender por la cara opuesta, hasta la carretera M-132.

Piñuécar y Cerro Cabeza de Piñúecar. Ubicación geográfica [mapas de ViaMichelin]. Tanto el pueblo como el monte son vecinos de la A-1 que une Madrid y Burgos. Una zona rica en rutas asequibles. Esta ruta, de no más de cuatro kilómetros entre ida y vuelta.

Un can vecino de Piñúecar nos solicita acompañarnos durante un rato de forma muy insistente y convincente. "¿Puedo ir con vosotros?"

Casamata, construcción tradicional de la Sierra Norte que al parecer hizo las veces de búnker en su día.


Exterior de la iglesia de San Simón Apóstol de Piñuécar.


Otra perspectiva de la iglesia de San Simón.


Vieja construcción en el inicio de la ruta hacia el Cerro Cabeza de Piñuécar.


Lentamente ganamos perspectivas sobre el pueblo: esta primera parte es muy llana.


Vamos ahí arriba.


El camino gana altura.


Se aproxima el desvío a la derecha que debemos tomar para ascender al cerro.


En plena subida: el desnivel que afrontamos es ligeramente superior a los 130 metros.


Bonitas vistas sobre las pequeñas explotaciones de pastos y cultivos.


Un perfil de la ladera por la que caminamos.


Piñuécar, visto desde media ladera.


Este vértice geodésico marca la cumbre del Cerro Cabeza de Piñuécar, a 1.222 metros sobre el nivel del mar.


Gandullas, el vecino pueblo de cuyo ayuntamiento depende Piñuécar.


A la izquierda, perdiéndose en las nubes, se intuye la autovía A-1, que remonta las laderas del Puerto de Somosierra.


Vistas sobre Piñuécar (dcha) y Madarcos.


¿Un programa Seti en la Sierra Norte? No, se trata de las cinco antenas de la Estación de Seguimiento de Satélites de Buitrago, propiedad de Telefónica.  Abierta en 1967, al parecer su actividad cesó en 2003 pese a que ahí se mantienen exóticas y atractivas sus antenas. Muchos de sus componentes fueron trasladados a otro centro más moderno en la provincia de Guadalajara.


El agrupamiento rocoso sobre el que se levanta el vértice geodésico esconde bajo sus raíces un búnker de la Guerra Civil. En este espacio controló las operaciones bélicas el coronel García Escámez, uno de los mandos del bando sublevado que combatió en la Comunidad de Madrid. La zona albergó intensos y duros combates. En el verano de 1936, este militar próximo al general Mola dirigió un avance sublevado desde Somosierra hacia Madrid que fue detenido en el entorno de Buitrago de Lozoya.


Una de las salas del búnker, en perfecto estado, aunque repleto de pintadas varias.


Una cavidad del búnker, un perfecto nido de ametralladora.


Contraluz del vértice geodésico del Cerro Cabeza de Piñuécar.



El vértice geodésico del Cerro Cabeza de Piñúecar.

Una vista impresionante incluso sobre una serpenteante A-1 que une Madrid con Burgos.

Gandullas, con un río Lozoya ensanchado por el cercano embalse de Puentes Vieja detrás.

Piñúecar, a los pies del cerro. ¡Es una ruta muy asequible!

¡Volviendo hacia Piñúecar!

San Simón, la iglesia de Piñuécar.

La aforma y sin embargo agradabilísima plaza Mayor de Piñuécar.

Otra de plaza Mayor, donde se encuentra el moderno edificio (pero revestido de pizarra por eso de que no desentone) que es sede del ayuntamiento de Piñuécar-Gandullas. Estaría justo detrás de la posición desde la que está tomada esta imagen.

En la plaza Mayor se encuentra esta fuente. Estamos en una zona de aguas abundantes, aunque también de toda la vida muy controladas.

Las Casas de Piñuecar (calle Los Llanos). Alojamientos rurales con diferentes capacidades según contratantes que están bastante bien de precio y de equipamiento (aunque también nuestra última visita, de varias, queda algo lejana en un mundo en constante evolución). Sus propietarios también poseen otro establecimiento hostelero en la cercana plaza Mayor: La Casa de la Fragua.

Vistas desde la panta superior de una de "Las Casas de Piñuécar".

Sierra Norte pura y dura desde una privilegiada situación.

El entorno de la calle Los Llanos, donde están las casas rurales.

Piñuécar, cubierto en una mañana lluviosa en la cambiante Sierra Norte. Estamos en el camino que, tras una serie de bifurcaciones, nos conducirá en pocos kilómetros al cercano pueblo de Madarcos. Hay varias rutas que conectan Aoslos, Madarcos y Piñuécar. Unimos las dos últimas a través de la ruta conocida como "Camino del Molino". Ida y vuelta, unos 6 kilómetros como mucho.

Instalaciones ganaderas para carga de animales.

Concentraciones pétreas.

En plena ruta.

Acercándonos al río Madarquillos. Al otro lado, Madarcos, asentado a 1.062 metros sobre el nivel del mar. El paso el río, el descenso para salvarlo, presenta grandes pendientes.

Un arroyo con hechuras de río, o realmente río Madarquillos, que en poco espacio verterá en el Loyoza.

Llegando al casco urbano de Madarcos, otro pequeño pueblo de la Sierra Norte de Madrid. De hecho, con poco más de medio centenar de pobladores, pasa por ser el menos poblado de toda la Comunidad de Madrid.

Al fondo, detrás, cubierto por las nubes, el Cerro Cabeza de Piñuécar con el pueblo de Piñuécar a sus pies.

¡Será por tejado!

Madarcos. Casco urbano. La mayoría de sus casas, cerradas. Aventuramos una hipótesis: segundas residencias ocasionales de familias que, emigraron, o vieron con sus nuevos exponentes lo hacían mientras los viejos iban desapareciendo.

Madarcos.

Madarcos. Cabina telefónica y parada de autobús. Todo en un uno. Hay que optimizar. No viene mal esa techumbre cuando andas montando en bici de carretera y te pilla una granizada bestial de esas que te obligan a abandonar la carretera.

En la céntrica plaza de la Iglesia, la iglesia de Santa Ana. Y en sus cercanías, una fuente pública que antiguamente abastecía de agua al personal. Fría y fresca. "Caminar y beber agua nunca fue malo", cuentan algunos abueletes muy salaos.

Vistas lejanas sobre Piñuécar.

Piñuécar y su cerro, en segundo plano. En primero, el tajo que provoca el río Madarquillos en su frenética búsqueda del embalse de Casas Viejas.

Llueve y surgen los hongos con una facilidad inusitada.

Buen caudal el del Madarquillo.



Esta carretera asfaltada bien solo a ratos, una ruta local que ni aparece en los mapas de carretera y es más usada por los ganaderos y agricultores que otra cosa, comunica directamente Piñuécar (nace en, o es prolongación de la, calle Real) con la cercana localidad de Aoslos. Entre bosques y prados, aporta un rato muy agradable. Y nos acerca a una sorpresa: Bellidas.

Bellidas. A un lado de esta ruta asfaltada, como a kilómetros y medio o así, se encuentran estos vestigios. Restos de esta antigua población que dependía de Piñuécar y de la que hoy apenas quedan restos, salvo por una única casa que sigue en pie, habitada con cierta regularidad y que recibe el nombre de Caserío de Bellidas.

Caminando por la desaparecida Bellidas, que en 1936 apenas tenía un vecino. Aquello ya era el fin.

Caserío de Bellidas. Propiedad privada y último edificio en pie y en uso de esta antigua entidad de población que formó el núcleo de Piñuécar junto a la desaparecida (y no ubicada exáctamente) aldea de Ventosilla.

Bellidas. Una población que ya no existe en la Sierra Norte.

Bellidas.

Cruzando un impetuoso arroyuelo en las proximidades de Bellidas.

Aoslos. Población vecina de Piñuécar que en algún momento de los siglos XV o XVI nació fundado por vecinos de Horcajo de la Sierra, del que depende. Se puede llegar a sus alrededores por pista asfaltada o por camino. Esta es su iglesia, la de San Isidro Labrador, un pequeño templo bastante reciente. Fue construida en 1936.

Aoslos.

Un rincón de Aoslos.

Aoslos. Fuente para el abrevado del ganado ubicada junto a la carretera que cruza el pueblo, a mitad del casco urbano más o menos. Calles Carretera y Real.

Aoslos. Literalmente, callejuela.

Enorme prado a las afueras de Aoslos que, entre otras cosas, también tiene algo de área recreativa.

Regresando a Piñuécar.

Construcciones típicas en Piñúecar.

Paseando por el casco urbano de Piñuécar encontraremos este antiguo potro recuperado que en su día se usaba para el marcado de las reses.

Poco uniforme, algunos claro dentro del casco urbano de Piñuécar dan paso a pequeños prados familiares donde pastan ovejas o vacas. Como en este caso.

Un área recreativa en una de lasa rutas (paralela o coincidente con la actual carretera que atraviesa el pueblo) que conduciría al desaparecido pueblo de Bellidas.

Sistema de canalización para el aprovechamiento del agua en labores de regadío. Restaurado, pero un gran ejemplo de esas actuaciones hidráulicas en la zona pues, como se aprecia, estamos ante una bifucarción que desvía el líquido elemento de la "ruta" principal.

Lo que sería la prolongación de la calle Real de Piñuécar nos regala este coqueto tesoro: un paseo sobre la infraestructura de regadío.

Sin duda, la ruta ruta del agua.

Caminando por el pequeño y asequible casco urbano de Piñuécar...

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