En San Juan de Gaztelugatxe sobran las palabras (junio de 2007)


El litoral peninsular, ciertamente, alberga muchos lugares en los que tierra y agua se funden en panorámicas increíbles. Sitios de fisonomía imposible, poco conocidos y cuya existencia parece salida de la mente creativa de un escritor de fábulas e historias épicas de mundos inexistentes. Uno de los más espectaculares, sino el que más, está en la costa vizcaína; nos referimos a San Juan de Gaztelugatxe, una pequeña ermita que más bien podría pasar por capilla, o incluso por fortaleza, y que se levanta en lo alto de un peñón que, como el litoral circundante, desafía al Cantábrico entre las localidades de Bakio y Bermeo. Etimológicamente, en euskera Gaztelugatxe puede venir a significar roca del castillo. El cómo llegar es muy sencillo. Basta con no dejarse camelar por la turística playa de Bakio, algo que resultará complicado, y encaminarnos con rumbo a Bermeo por la carretera BI-3101. Con las imponentes antenas de Sollube (un monte de 686 m) a nuestra derecha, ascenderemos el denominado Alto de San Pelayo. A la izquierda, previamente, sale el desvío al recomendable Eneperi Jatetxea, un restaurante-bar-cervecería-museo icono de la cocina vasca. Posteriormente, también hacia la izquierda, una estrecha carretera desciende bruscamente, curvas de herradura incluidas.

Rápidamente perdemos altura entre verde y exuberante vegetación y llegamos al pequeño “rellano” que, haciendo las veces de minúsculo aparcamiento (hay más en la parte inicial de este descenso), permite el acceso al recinto aprovechando una lengua de roca sobre las bravas aguas del Cantábrico en la que se levantó una pasarela y, al final, una escalinata. La empedrada escalinata que permite llegar a su cima hay que tomársela con calma, parando para ver las perspectivas que se abren a nuestra espalda y tomando aire. Es un reto empinado en una zona de fisonomía agreste, tendente a la erosión: la lucha de los elementos. Unos dicen que tiene 400 peldaños; en otros lados hemos podido leer que son 237. No los contamos, más concentrados en completar el reto y disfrutar el paisaje; una cosa es cierta: se hace durillo. Finalmente, no sin esfuerzo, pero seducidos por el entorno, llegamos a la cima del peñón. Grandes vistas de la playa de Bakio, los acantilados milenarios existentes entre este pueblo y Bermeo, el singular cabo Matxitxako, las rocas moldeadas por siglos de lucha con el liquido elemento y sus curiosas formas… y hacia el noreste, vistas de una de las pocas plataformas petrolíferas que posee España. Estamos en una histórica zona de pescadores, de respetuosa lucha contra el líquido elemento por pescar el modo de vida de familias completas. Y eso se nota.

En lo alto nos recibe la pequeña iglesia de San Juan, normalmente cerrada y, según parece, construida en el siglo X, junto a la que se levantó no hace muchas decenas de años un pequeño refugio para protegernos de dos habituales del lugar, el viento y la lluvia, aunque cuando estábamos de visita nos sorprendió alguna que otra irracional pintada y un fuerte olor a orina. Las leyendas hablan de orígenes templarios; la historia confirma decenas de ataques de piratas y corsarios como también algún que otro saqueo; del mismo modo nos recuerda el acaecimiento de varios incendios; y la tradición nos dice que cuando alcancemos la cima debemos tocar tres veces, y pedir un deseo, la campana anexa a la iglesia. Incluso algunos marinos realizan pequeños regalos (exvotos) a la santidad por haberles salvado en algún naufragio o incidente en el mar. También existen tradiciones que nos hablan de San Juan de Gaztelugatxe como un lugar al que acudir si una mujer busca intermediación sagrada para quedarse embarazada. Incluso cabe la posibilidad de contraer matrimonio en este lugar, aunque las gestiones son complejas. En todo caso, lo suyo es dejarnos caer por este entorno único, protegido desde 1998 bajo la fórmula de Biotopo por la riqueza de su tierra, de su mar y de su aire. Un lugar cuidado por voluntarios de Bermeo, el pueblo al que pertenece, seducidos por la majestuosidad de la que consideran isla, pero que más bien es un pequeño peñón de fisonomía peninsular.

San Juan de Gaztelugatxe. Mapa de ubicación. Se puede llegar hasta las proximidades del peñón desde la carretera que une Bakio y Bermeo a través de la serranía del Monte Sollube. Este interesante vídeo de la Euskal Telebista nos contextualiza a vista de pájaro el entorno.




El exuberante inicio del descenso a los accesos del peñón. En esta zona existe un aparcamiento más grande y cómodo, lo que obliga a seguir a pie. "Obligar" no es un eufemismo, ya que la caminata nos exprimirá en unas buenas pendientes tanto a la ida como a la vuelta. Más abajo existe otro pequeño aparcamiento, pero su tamaño no invita a optimismos. Aunque por probar...


San Juan de Gaztelugatxe. Ahí vamos. ¿Precioso, verdad?


Un grupo de visitantes regresa a su vehículo tras visitar San Juan de Gaztelugatxe; la pendiente de esta carreterita es muy fuerte.


Un acceso de aires muy medievales en San Juan de Gaztelugatxe.


El pequeño aparcamiento y el inicio de la escalinata sobre el Mar Cantábrico.

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Se intuye, en el centro, el turístico pueblo de Bakio y su magnífica playa.


La costa, moldeada por la acción milenaria de un agua que se puede poner muy "brava".


Un ascenso ciertamente exigente.


El esfuerzo del caminante con la meta en lo alto... ¡231 escalones que devorar! A continuación, un interesante vídeo que extraemos de Youtube.




En la ladera de la costa se intuye la carretera de acceso a San Juan de Gaztelugatxe; la foto está tomada desde el ascenso a la capilla.


Vista desde la explanada de la iglesia de los accesos a la misma. Espectacular.


Un grupo de excursionistas desciende de la iglesia.


La vecina isla de Aketxe, una roca maciza a primera vista. A la izquierda se ve la silueta de la plataforma petrolífera. La Gaviota, tal es su nombre, deriva del de "Campo Gaviota" con el que fue identificado un yacimiento de gas. Las reservas de petróleo se agotaron en apenas ocho años y la estación, que había iniciado su actividad en 1986 (los yacimientos fueron encontrados a comienzos de los años setenta), ser transformó en un "idílico" depósito de gas importado. El almacenaje de gas estrenado en 1993 tiene visos de continuar...




Un mirador excepcional sobre el Cantábrico y la costa.


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