
El peñón/península de San Juan de Gaztelugatxe, sencillamente impresionante.
El litoral peninsular, ciertamente, alberga muchos lugares en los que tierra y agua se funden en panorámicas increíbles. Sitios de fisonomía imposible, poco conocidos y cuya existencia parece salida de la mente creativa de un escritor de fábulas e historias épicas de mundos inexistentes. Uno de los más espectaculares, sino el que más, está en la costa vizcaína; nos referimos a San Juan de Gaztelugatxe, una pequeña ermita que más bien podría pasar por capilla, o incluso por fortaleza, y que se levanta en lo alto de un peñón que, como el litoral circundante, desafía al Cantábrico entre las localidades de Bakio y Bermeo. Etimológicamente, en euskera Gaztelugatxe puede venir a significar roca del castillo.

Se intuye, en el centro, el turístico pueblo de Bakio y su magnífica playa.
El cómo llegar es muy sencillo. Basta con no dejarse camelar por la turística playa de Bakio, algo que resultará complicado, y encaminarnos con rumbo a Bermeo por la carretera BI-3101. Con las imponentes antenas de Sollube (un monte de 686 m) a nuestra derecha, ascenderemos el denominado Alto de San Pelayo. A la izquierda, previamente, sale el desvío al recomendable Eneperi Jatetxea, un restaurante-bar-cervecería-museo icono de la cocina vasca. Posteriormente, también hacia la izquierda, una estrecha carretera desciende bruscamente, curvas de herradura incluidas.

El exuberante inicio del descenso a los accesos del peñón.

Un grupo de visitantes regresa a su vehículo tras visitar San Juan de Gaztelugatxe; la pendiente de esta carreterita es muy fuerte.

En la ladera de la costa se intuye la carretera de acceso a San Juan de Gaztelugatxe; la foto está tomada desde el ascenso a la capilla.
Rápidamente perdemos altura entre verde y exuberante vegetación y llegamos al pequeño “rellano” que, haciendo las veces de minúsculo aparcamiento (hay más en la parte inicial de este descenso), permite el acceso al recinto aprovechando una lengua de roca sobre las bravas aguas del Cantábrico en la que se levantó una pasarela y, al final, una escalinata.

El pequeño aparcamiento y el inicio de la escalinata sobre el Mar Cantábrico.
La empedrada escalinata que permite llegar a su cima hay que tomársela con calma, parando para ver las perspectivas que se abren a nuestra espalda y tomando aire. Es un reto empinado en una zona de fisonomía agreste, tendente a la erosión: la lucha de los elementos. Unos dicen que tiene 400 peldaños; en otros lados hemos podido leer que son 237. No los contamos, más concentrados en completar el reto y disfrutar el paisaje; una cosa es cierta: se hace duríllo.

Un acceso de aires muy medievales en San Juan de Gaztelugatxe.

El esfuerzo del caminante con la meta en lo alto...

Vista desde la explanada de la iglesia de los accesos a la misma. Espectacular.
Finalmente, no sin esfuerzo, pero seducidos por el entorno, llegamos a la cima del peñón. Grandes vistas de la playa de Bakio, los acantilados milenarios existentes entre este pueblo y Bermeo, el singular cabo Matxitxako, las rocas moldeadas por siglos de lucha con el liquido elemento y sus curiosas formas… y hacia el noreste, vistas de una de las pocas plataformas petrolíferas que posee España.

La costa, moldeada por la acción milenaria de un agua que se puede poner muy "brava".

La vecina isla de Aketze, una roca maciza a primera vista. A la izquierda se ve la silueta de la plataforma petrolífera.
Estamos en una histórica zona de pescadores, de respetuosa lucha contra el líquido elemento por pescar el modo de vida de familias completas. Y eso se nota.

San Juan de Gaztelugatxe.
En lo alto nos recibe la pequeña iglesia de San Juan, normalmente cerrada y, según parece, construida en el siglo X, junto a la que se levantó no hace muchas decenas de años un pequeño refugio para protegernos de dos habituales del lugar, el viento y la lluvia, aunque cuando estábamos de visita nos sorprendió alguna que otra irracional pintada y un fuerte olor a orina.
Las leyendas hablan de orígenes templarios; la historia confirma decenas de ataques de piratas y corsarios como también algún que otro saqueo; del mismo modo nos recuerda el acaecimiento de varios incendios; y la tradición nos dice que cuando alcancemos la cima debemos tocar tres veces, y pedir un deseo, la campana anexa a la iglesia. Incluso algunos marinos realizan pequeños regalos (exvotos) a la santidad por haberles salvado en algún naufragio o incidente en el mar.

Un grupo de excursionistas desciende de la iglesia.
También existen tradiciones que nos hablan de San Juan de Gaztelugatxe como un lugar al que acudir si una mujer busca intermediación sagrada para quedarse embarazada. Incluso cabe la posibilidad de contraer matrimonio en este lugar, aunque las gestiones son complejas.

Un ascenso ciertamente exigente.
En todo caso, lo suyo es dejarnos caer por este entorno único, protegido desde 1998 bajo la fórmula de Biotopo por la riqueza de su tierra, de su mar y de su aire. Un lugar cuidado por voluntarios de Bermeo, el pueblo al que pertenece, seducidos por la majestuosidad de la que consideran isla, pero que más bien es un pequeño peñón de fisonomía peninsular.


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