Los ecos medievales de Bagà (octubre de 2011)



Allí donde los Pirineos rasgan los cielos con cumbres de más de 2.000 metros, esa Tossa d´Alp (2.536 m) , ese Comabona (2.548 m), ese Cristal (2.647 m), ese Cadí (2.561 m), en un enclave mágico de cumbres místicas, ahí está para confirmarlo el majestuoso Pedraforca (2.497 m), en un enclave de túneles milagrosos, el del Cadí, esa obra de ingenieria demandada desde comienzos del siglo XX que no se concretó hasta los sesenta y se demoró hasta 1984, esos cinco kilómetros arañados a la roca que evitan un gran rodeo y acercan Andorra a los barceloneses, que une el Alt Berguedá con la Cerdanya, en ese lugar, a sus pies, nos espera el municipio de Bagà. Pequeño núcleo de origen medieval, poco más de 2.300 habitantes que se suelen multiplicar los fines de semana o en los periodos vacacionales, las historias de cátaros no les resultan ajena como lo atestigua el Camí dels Bons Homes (el camino de los buenos hombres, como se autodenominaban los cátaros). Desde tiempos inmemoriales las aguas del impetuoso Bastareny han saciado la sed de pobladores satisfechos con la riqueza agrícola y animal del lugar. Y con la prosperidad, el tránsito hacia una "vila".

Aunque existen referencias a un núcleo poblacional más o menos asentado en el año 839, Bagà nació como tal en el siglo XIII por iniciativa de los Barones de Pinós. Un Galceran de Pinós, hijo del "creador", Mir Riculf de Pinós, fue uno de los nueve Barones de la Fama, un grupo de nobles catalanes ávidos de reconquistas de territorios sarracenos que se comprometió a tal tarea con un juramento ante el altar de Nuestra Señora de Montgrony. Galcerán III trasladó en 1232 su corte a los entornos de un castillo, y nació la Bagà nova, con muchas ventajas para todos los que abandonasen el anterior asentamiento de una cercana Bagà vella. Antes, otro Galceran fue nombrado almirante de la flota catalana que participó en un ataque a Almería impulsado por Ramón Berenguer IV en 1147. Durante la ofensiva, él y Sant Cerní, uno de sus hombres de confianza, fueron capturados. Y sus captores exigieron un ambicioso rescate que fue reunido con mucho esfuerzo por los Barones de Pinós. Cien doblones de oro, cien caballos blancos, cien vacas y sobre todo cien doncellas vírgenes. Esta última exigencia, claro, fue la más dolosa y la que exigió de un mayor dolor entre las familias. San Esteban y San Ginés, a los que rezaban los cautivos, les echaron un cable y "les ayudaron" a escapar para evitar el pago del rescate. Una concatenación de historias, y las muchas más que hay en una tierra de cuentos y leyendas, de mitos y de buscadores de setas en el otoño, que inspiran una de las mejores ferias medievales de la península. Su Semana Medieval, empero, no deja de ser otro acontecimiento en un lugar propicio para los deportes con aires de aventura. Ahí están los 90 kilómetros del ultratrail Cavalls del Vent para demostralo.

De Bagà, nada como su casco viejo, como el nucli antic de la vila, callejuelas estrechas que recrean con su trazado los mismos lugares donde creció una muralla, fachadas dominadas por la piedra; y una plazuela porticada de múltiples nombres, quedémonos con el de Galceran de Pinós por el peso y la trascendencia del personaje. Aunque bien pudiera ser Major, Reial o de les Voltes. Allí donde en otro tiempo resultaba importante la industria textil y la actividad minera manda ahora el pequeño comercio y un turismo variado, constante durante el año, que va desde el visitante de fin de semana al asiduo de temporadas concretas. Bagà ha mutado a lo largo del tiempo y muchos de sus encantos medievales han quedado reducidos a evocaciones o pequeños reflejos. Es el pago se sobrevivir a pestes, a temporales, a incencios o incluso a terremotos, con todos sus impedimentos socioeconómicos. Pero ahora, ya sea por la bici, por la zapatilla, por el montañismo o por la simple curiosidad, podemos disfrutar de la amabilidad de sus gentes.


Bagá, al norte de la provincia de Barcelona. Mapa de situación.


Bagà, al fondo del valle, contemplada desde las alturas de la Sierra del Moixeró.


Plaza Galcerán de Pinós, también conocida como Plaça Porxada, Reial, Major o de les Voltes. Encantadora plaza porticada rodeada de viejos edificios y parte fundamental de la vieja ciudad medieval, de la que es su corazón.


Plaza Galceran de Pinós. Una fachada.


Plaza Galceran de Pinos.


Plaza Galceran de Pinós.


Plaza Galcerán de Pinos. Al fondo, la escultura en bronce dedicada en 1966 a uno de los miembros de este histórico linaje.




Plaza Galceran de Pinos, durante la ceremonia de premiación del Ultratrail Cavalls del Vent. En la edición de 2011 se impuso el salmantino Miguel Heras, hermano del exciclista profesional Roberto Heras.


Torre de la Portella, de la Jussana o d´Espassén. Antigua edificación defensiva de planta circular y tres pisos de altura que servía de apoyo a las murallas de la ciudad. Es la única de las torres que se conserva en pie entre las ocho (vuit) con las que llegó a contar el entramado defensivo de Bagà.


Una vivienda con encanto que ha sabido adaptarse al entorno.


Un abuelo y su nieto caminan hacia la Plaza Galcerán de Pinós.


Carrer de la Muralla, presidido con la Torre de la Portella y descendiente hacia el entorno del río Bastareny.


Carrer de la Muralla.


Un brioso torrente baja canalizado junto a esta construcción y por esta vieja calle de estética absolutamente medieval.


Una ventana que son tres y a diferentes niveles.


Carrer de Calic, viejo perímetro amurallado.


Puerta de una vivienda en la carrer del Calic.


Viviendas céntricas en Bagà.


Carrer Major. Estrecha y concurridísima vía de acceso a la plaza porticada desde la vecina Plaça de Catalunya.


Detalle ornamental de índole histórica en el sistema de desagües de la carrer Major, entre la Plaça de Catalunya y la de Galceran de Pinós.


Carrer Major.


Carrer del Calic.


Iglesia de San Esteban de Bagà. Actual iglesia parroquial, ejemplo de transición del románico al gótico y heredera de una anterior, y más antigua, iglesia de San Sebastián, ubicada a un kilómetro del núcleo urbano y reutilizada en el recinto amurallado de Bagà.


Descendiendo (por la calle Baix Parc Vila) hasta el río Bastareny daremos con estas edificaciones de los viejos molinos. Durante la baja Edad Media, una de las principales actividades que se desarrollaron en Bagà fue la producción de harinas, aunque en el siglo XIX estos edificios mutarían a usos más industriales.


El popular Pont de la Vila. El puente medieval sobre el río Bastareny, cauce que nace en la Font de L´Adou y vierte en el Llobregat. El puente románico, de dos ojos, acercaba a los viajeros hasta uno de los accesos a Bagà, probablemente el ubicado junto a la Torre de la Portella.


El viejo casco urbano, visto desde una de las orillas del río Bastareny.


El Bastareny, el puente románico (Pont de la Vila) y los viejos molinos. Iconos de Bagà.


San Esteban (Sant Esteve), templo dedicado al patrón de Bagà.


La esbelta torre de San Esteban (Sant Esteve), rematada por un reloj.


Sant Esteve, visto desde la atípica Plaça de Catalunya.


Plaça de Catalunya.


Fuente presidida con un monumento al rebeco en la Plaça de Catalunya.


Bagà. Passatge els Porxets, cercano a la Plaça de Catalunya y la carrer del Raval.


Un comercio de toda la vida en carrer del Raval.


Carrer del Raval. Su nombre nos recuerda que en otro tiempo fue la vía principal de los nuevos 'extrarradios' de la ciudad vieja.


Carrer del Raval.


Carrer del Raval.


Pétreas fachadas.


Plazoleta vecina de la Plaça de Catalunya en la que desemboca la carrer del Raval y en la que encontraremos un bar restaurante muy agradable: el Xiringuito.


Allí donde hemos dejado atrás el centro cultural y comienza la avinguda de la Reina Elisenda, a mano izquierda en una curva hacia la derecha en ligera pendiente, encontraremos esta fresca fuente de agua de la montaña.


Bagà, contraste entre plantas en la avinguda de la Reina Elisenda.

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