En la cuna de la Volkswagen en una visita al Museo Autostadt de Wolfsburgo (octubre de 2011)



Sucedió con motivo del año 2000. Hannover había sido designada una década atrás como la sede de una Exposición Universal consagrada a la temática “Hombre, naturaleza y tecnología” y de cara a tan insigne y prestigiosa cita, que además tenía lugar en casa, la empresa automovilística Volkswagen se involucró en una serie de proyectos relacionados con el hilo conductor de la muestra. Pero el camino hacia Hannover le abrió los ojos a la firma de Wolfsburgo y la empresa que auspició el Golf o convirtió el Escarabajo (Beetle; oficialmente Sedán) en el vehículo más fabricado de toda la historia de la automoción (más de 21.500.000 coches salieron de sus factorías desde el primero, en 1938, hasta el último, en 2001) apostó en 1994 por reivindicar su pasado y su patrimonio en una de esas experiencias temáticas al uso, salvando las distancias, de lo que puede suponer la cerveza Guinness para la irlandesa Dublín. De aquella apuesta, en los viejos terrenos de una empresa auxiliar a la cercana y mastodóntica factoría de la Volkswagen, en un antiguo espacio ocupado por una firma de combustibles, comenzó a cobrar forma la Autostadt (ciudad de coches). Entre 1996 y 2000 se levantó un paraíso para los amantes del motor donde diseño y tecnología se abrazan con tal poder de convocatoria que anualmente pasan por las instalaciones más de dos millones de turistas dispuestos a rascarse el bolsillo para pagar la entrada con sus variadas tarifas. Una forma muy elegante, de paso, de borrar vinculaciones y referencias a algunos de los recovecos más oscuros de la historia, por eso del origen de la Volkswagen.

Algunas fuentes apuntan a que más de un centenar de arquitectos (como el alemán Gunter Henn) trabajaron para darle forma a la Autostadt, un espacio rico en zonas ajardinadas y estanques donde todas las marcas que actualmente integran el grupo Volkswagen cuentan con un espacio propio donde mostrar sus grandes modelos, los más potentes o los más míticos. Pero también hay lugar para todo lo relacionado con la industria de la automoción y su evolución histórico y, si se da el caso, hasta un hotel de cierta enjundia para extender la experiencia o alternarla en el marca de un congreso o una iniciativa por el estilo. Incluso es factible elegir, en sentido estricto, qué coche queremos entre los expuestos en las majestuosas torres gemelas que sirven de aparcamiento vertical y llevárnoslo “puesto”. Wolfsburgo, núcleo industrial nacido sobre otro, Fallersleben, que con el tiempo (en 1972) se convertiría en un barrio del primero, auténtica ciudad dormitorio concebida para prestar servicio a la fábrica de la Volkswagen. En la ubicación de tal colosal industria, nada casual dada las facilidades para la distribución vía terrestre o vía fluvial (gracias al Mittellandkanal) o la cercanía de instalaciones productoras de energía. Y todo ese caudal de historia y tecnología, al alcance nuestro como una atracción más. Ahí es nada.


Wolfsburgo. Alemania. Ubicación aproximada sobre mapa.


Edificios de la enorme factoría de la Volkswagen en Wolfsburgo, cuyas primeras instalaciones fueron inauguradas en mayo de 1938. Los logotipos que regularmente presiden las azoteas de los edificios más altos no dejan muchas dudas de dónde estamos.


En el enorme Aparcamiento del Museo Autostadt. Al fondo, el estadio donde juega como local el VFL Wolfsburgo, uno de los clubes más señeros de la Bundesliga y llamado, por cuestiones obvias, el equipo de la VW.


Mittellandkanal. Un transporte fluvial pasa junto al embarcadero cercano a los accesos del museo (al parece existen unas visitas comunes). Este canal, el Weser-Elba, es el más extenso de Alemania gracias a sus 325 kilómetros.


Un grupo de visitantes que han finalizado el recorrido por el Autostadt disfrutan de una agradable mañana soleada en el centro de Alemania en las orillas del Mittellandkanal.


Museo Autostadt. Accesos.


A la izquierda, entre los árboles, el pabellón dedicado a Audi. A la derecha, en primer plano, el de Skoda. Detrás queda el de Seat. Sobre toda la panorámica brillan con luz propia las AutoTürme ("Car Tower", en inglés; literalmente "torres de coches"), gran icono de la Autostadt por su respectivo medio centenar de metros de altura. Estas dos torres, visitable por cierto con una tarifa extra, almacenan de un modo absolutamente automatizado hasta 800 coches (400 cada una) en una curiosa solución de aparcamiento vertical. Uno de sus usos, como suena, es el de ser una gigantesca máquina expendedora de vehículos Volkswagen; vamos, que se puede elegir el coche concreto y llevárselo puesto.


La vieja, pero todavía en activo, fábrica fundada bajo el gobierno nazi de Adolf Hitler, factoría que motivo el nacimiento mismo, y como tal, de la ciudad de Wolfsburgo.


El modernista espacio conocido como Premium Clubhouse, en cuyo interior encontraremos un espectacular y futurista Bugatti Veyron. Detrás, el Hotel Ritz-Carlton levantado dentro de este recinto museístico y de ocio.


La kilométrica fábrica de Volkswagen, separada de la Autostadt por un canal.


Nada para hacerse una idea de cómo es la Autostadt de Volkswagen que mostrando este mapa con sus diferentes pabellones, espacios y recovecos.


Modernista alegoría planetaria que preside el hall de acceso al museo de vehículos de la Volkswagen de la Autostadt.


... y debajo, el suelo también "tiene su cosa ornamental".


Dentro del museo, un "infinito" decorativo.


Los más pequeños, cómo no en mini coches Volkswagen, también tienen la oportunidad de disfrutar de la conducción en una zona donde se imparten clases de educación vial. Al fondo, justo al otro lado de un gran canal que desemboca en el río Aller, emerge majestuosa la gran factoría histórica de la Volkswagen.


Las generosas zonas verdes que separan los pabellones, y en general todos los exteriores del Autostadt, tienen repartidas varias grandes urnas donde se muestran coches clásicos o prototipos de aire futurista.


Dentro del Autostadt.


Volkswagen Scirocco de 1976. Un exponente de la primera generación de este deportivo de gran renombre.


Disfrutando con los "clásicos"...


Skoda Popular, modelo de 1935. La marca checa, propiedad del grupo Volkswagen desde 1991, es una de las empresas más veteranas del mundo de la automoción. El Popular fue, por así decirlo, el 600 que lanzó en su día la marca de Mladá Boleslav.


Un DKW F1 de época. ¡Qué pocos se ven de estos... y de esta marca! Esta marca alemana fue una de las que se fusionó para alumbrar Auto Unión AG, el embrión de los actuales Audi, aunque diferentes instalaciones y modelos pasaron a otras firmas del sector.


Todos los modelos están perfectamente restaurados y datados. Es más, todos arrancan y están "capacitados" para circular.


Un Mercedes Benz de época, el 6/25/40 HP, digno de gánsters. Aunque este modelo se ideó en 1921, no fue hasta 1923 cuando se inició su producción en serie.


¡Este vehículo sí que es de época!


Planta dedicada a la evolución de la industria de la automoción.


Que los techos sean de espejo es algo que permite curiosos efectos, como el de esta fotografía.


Porsche Type 60 (prototipo V3), uno de los modelos que Porsche ideó para Volkswagen en la década de los años 30 del siglo XX. Es evidente que estamos ante el embrión del mítico Beetle.


1980. Volkswagen Golf. Un modelo de la primera generación de este mítico buga que comenzó a fabricarse a mediados de los años 70 y no acabaría (nos referimos a esa primera generación) en 1983. Después, una extensísima historia.


Un atípico Volkswagen Golf 4x4 de 1990. El Rally Golf se montó en la planta de Bruselas (Bélgica) entre 1989 y1991, después pasó a mejor vida.


Volkswagen W12 Nardo, de 2001. Esta evolución del Phaeton nació para las pruebas de 24 horas y en el circuito italiano que le da nombre, el de Nardo, llegó a alcanzar los 320 km/h. Un maquinón.


¿Regreso al futuro? Sí con el DeLorean DMC, el único modelo de esta fugaz compañía estadounidense popularizado por el cine y una de las grandes estrellas del museo. Este coche es de 1981.




El Scirocco de 1976 visto antes, observado ahora desde atrás. Bonito coche, sin duda.


Exteriores del museo (izda)., con la factoría al fondo y el montículo que oculta dentro de sí la Premium Clubhouse a la derecha.


Otro clásico en medio de un espacio ajardinado.


Un gran estanque. A la izquierda, el Pabellón dedicado a Skoda.


El acceso al Premium Clubhouse, con la característica silueta de la factoría Volkswagen de Wolfsburgo detrás suyo.


Bugatti Veyron, de lo más fotografiado de toda la visita al Autostadt. Esta marca deportiva francesa (de evidente origen italiano) fue comprada por Volkswagen a finales del siglo XX.


Este modelo es exhibido como una auténtica obra de arte y de la técnología.


Parte trasera del Veyron.


Reflejos.


Los visitantes se suceden en la zona donde está expuesto el Veyron. Un grupo de miembros de seguridad controla que nadie se acerque demasiado al cochecito...


Espacios ajardinados en la Autostadt.


Coches de museo, edificios de feria internacional.


Una vista de la Autostadt.


Otra vista de la Autostadt.


Edificio principal, donde las tiendas, los locales de restauración... y la venta de entradas.


El diáfano hall principal de la Autostadt, donde confluyen y conviven los accesos a los restaurantes, las tiendas, los espacios musealizados... y la venta de entradas, claro.


Mittellandkanal. Plácidas aguas de cuidadas riberas, aunque no estemos ante un río natural, sino una obra pública de gran enjundia.

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