Augustóbriga: vestigios romanos salvados de las aguas (mayo de 2010)



En algún lugar bajo las aguas de ese gran mar interior que es el embalse de Valdecañas descansan desde 1963 los restos de Talavera la Vieja. La antigua Talaverilla, la patria chica de casi 2.000 habitantes, la cuna de los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta, fue anegada por las aguas del mismo río Tajo del que había bebido durante siglos, desde que los carpetanos se asentaron en el lugar.


Los mármoles, vistos desde sus cercanías.


Una pintada afea los sillares de un lateral, visto a contraluz.


Detalle de una de las columnas de Los mármoles.

Una curiosa condena, lamentable, justificada por el interés en aprovechar hidroeléctricamente el Tajo. Una sentencia decidida de antemano que ni quiso tomarse en cuenta el futuro de sus pobladores ni tampoco la riqueza patrimonial de la antigua Augustóbriga romana. La Hidroeléctrica Española se encargó de fotografiar sus principales monumentos, pero sólo amnistió, quizá por su condición de Monumento Histórico-Artístico desde 1931, el conocido como Los mármoles y las tres columnas integradas en el denominado Templo de Cilla.


Otra perspectiva de Los mármoles.


La aún nevada Sierra de Gredos, vista desde la actual ubicación de Augustóbriga.


Las aguas del embalse de Valdecañas.

Los restos de las termas, los del acueducto, las evidentes calzadas que partían de un núcleo importante en la ruta entre Emérita Augusta (Mérida) y Caesaróbriga (Talavera de la Reina)… Para lo demás no hubo compasión o si hubo alguna fue en forma de expolio. La torre de la Iglesia fue volada para evitar que sobresaliera sobre las aguas, las tres obras del Greco (La Coronación de la Virgen, San Pedro y San Andrés) que atesoraba el templo fueron trasladadas a Toledo vía Madrid y sólo en 1994 se logró, tras una larga lucha, que regresaran a Extremadura, en cuyo Monasterio de Guadalupe descansan. El resto, salvo pequeñísimas excepciones, fue sumergido.


Dos de las tres columnas que formaban parte del Templo de Cilla.


La refrescante sombra de una encina anexa a Los mármoles.

Desmontados pieza a pieza, como si de un puzzle se tratase, la intención pasaba por ubicarlos a la entrada de la cercana Navalmoral de la Mata, pero la oposición de los desalojados acabó improvisando una solución intermedia de anónimas consecuencias: un promontorio cercano a las aguas del embalse, a la altura del llamado puente de Bohonal, pero alejado unos kilómetros de la que fue su ubicación original. Allí siguen, carentes de toda señalización, como en medio de la nada, como un reproche al progreso, junto a la EX-118 que une Navalmoral de la Mata y Guadalupe. En un lateral de la carretera encontraremos la artificial concentración de Augustóbriga. Una mala solución. Un buen recuerdo.


En el centro, unos kilómetros hacia el fondo, se encontraba Talavera la Vieja.


Columna de Los mármoles, con el puente de Bohonal al fondo.

El de Los mármoles, el único templo de curia romano que se conserva en todo el mundo, es el principal y más evidente reclamo del conjunto por la esbeltez de las seis columnas que resistieron los siglos y la mudanza. El motivo de su denominación se encuentra en el brillo lejano que ocasionaban, al parecer, unos ornamentos en vidrio. Su ubicación y su absoluta desprotección, lamentablemente, ha hecho que haya sido víctima de algún acto de gamberrismo, como esa insensible pintada con spray.


Parte superior de Los mármoles.


Los mármoles, visto desde la lejanía.

En el caso de las tres columnas, éstas integraban una de las paredes del Templo de La Cilla, una construcción religiosa romana dedicada a Júpiter que acabó siendo utilizada, siglos después, como granero y como cárcel. Allí, durante la dominación romana, fueron torturados los santos mártires antes mencionados. Con el traslado obligatorio, fueron “descontextualizadas” de la pared que integraban para ser plantadas cerca Los mármoles. Salvo los testimonios que forman parte de los museos arqueológicos o esa lápida con inscripciones donada por un exiliado al ayuntamiento de Leganés, estos dos son los únicos vestigios romanos vivientes de la anónima Augustóbriga.


Plaza de Talavera la Vieja, en Leganés (Madrid).


Lápida romana que preside una plaza en Leganés y que fue donada por un oriundo de ese pueblo.


La ubicación de la lápida.

Sin indicaciones, sin referencias, como condenada a vivir omitida por las aguas. Sólo el recuerdo de aquellos vecinos condenados al exilio, muchos en el cercano Rosalejo o en Leganés (Madrid), permite montar historias como ésta y mantener viva una memoria deseosa de que descienda el nivel de las aguas y pueda visitar los restos del emplazamiento original, un laberinto de piedras desperdigadas en el que aún se ven a la perfección las trazas de las calles. La posibilidad de llevar adelante un proyecto como el cercano complejo turístico Marina Isla de Valdecañas, con semejante pérdida aún esconciendo, resulta insultante. Una pérdida como la de la original Augustóbriga no hubiera sido concebible hoy. La mejor forma de mantener vivo su recuerdo, si andamos cerca, no es otra que hacer una pequeña parada de homenaje.


Detalle de la placa de la calle, elaborada en cerámica y contenedora de una ilustración de Los mármoles.


Inscripción de la lápida de Talavera la Vieja de Leganés.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada