Senderismo arqueológico en el Castro de Ulaca (3 de abril de 2010)



Desde la cima del cerro del Castillo se comprende a la perfección el porqué de la elección de aquellos vetones que, en la segunda edad de hierro, se asentaron en su cima. Una cumbre extensa, amesetada según la zona, salpicada de un entramado de concentraciones rocosas de variadas formas, algunas curiosas y otras sencillamente imposibles. Estratégicamente, un tesoro. A un lado, el valle del Amblés en toda su amplitud, con las aguas del Adaja bajando hasta Ávila. Por otro, un acantilado pétreo horadado por las siglos que se asoma al profundo barranco horadado por el arroyo de los Portillos y el río Picuezo a los pies de la Sierra de la Paramera. Allí creció la ciudad de Ulaca, la protagonista de una ruta de senderismo arqueológico en la provincia de Ávila. Un recorrido por la montaña marcado por los 14 paneles explicativos del yacimiento, en torno a los que se vertebra. Sistema defensivo (1). Fortificación (2). Técnica constructiva (3). Economía (4). Santuario (5). Sauna ritual (6). Vivienda (7). Vida cotidiana (8). Actividad artesanal: la minería (9). Muralla (10). El abandono (11). Acrópolis: el torreón (12). Urbanismo (13). Puerta principal (14).

No estamos ante un recinto muy estudiado y esto influye en que no sea fácil orientarse entre algunos paneles. Un vecino del lugar, muy amable, paró su coche al vernos acercarnos al inicio de la ruta y nos explicó cómo poder disfrutar mejor la experiencia. Nos avisó del peligro de saltarnos paneles y nos orientó en el recorrido a seguir. Habrán visto tantas inmerecidas decepciones que contribuyen a cercenarlas. Gracias por su generosa ayuda.
El punto de partida es el núcleo de Villaviciosa, pequeña entidad de población que pertenece al cercano Solosancho. Este pueblo se encuentra a una veintena de kilómetros de Ávila, en plena N-502 (Ávila-Talavera de la Reina). A la entrada, a mano izquierda, sale el desvío hacia Villaviciosa; un cartel anunciador de Ulaca nos servirá de referencia. En Villaviciosa encontraremos un par de carteles a la entrada, pero deberemos seguir recto. La referencia de un sorprendente castillo que encontraremos a la derecha, nos servirá para saber dónde encontrar un buen sitio para aparcar.

Un rápido ascenso nos deja a nuestra izquierda con los accesos a una escarpada zona vallada en la que pasta ganado vacuno. Un par de paneles en el exterior, en un claro que para muchos hace las veces de aparcamiento (está reconocido oficialmente así), nos confirman que estamos en el “kilómetro cero”. Si hay dudas, una pintada en la puerta rojiza de entrada reza “Ulaca”. La ruta está marcada con hitos amarillos de camino regional sólo en los accesos y en la parte final, perdiéndose dentro del castro. Rápidamente ganamos perspectiva sobre el entorno y el castillo de Villaviciosa parece aún más espectacular. De frente, las rocas insinúan ecos de una civilización pasada. Y de golpe, poco después del primer panel explicativo, se presentan nítidas las murallas, que son de los pocos trabajos de restauración que se han desarrollado en el yacimiento.

Dentro del recinto, en el oppidum (poblado fortificado), no serán pocas las agrupaciones de roca que nos sugerirán antiguas construcciones. O las abundantes cavidades de roca susceptibles de usos domésticos. El testimonio más claro se encuentra cercano a la entrada, inconfundible por su escalera labrada en la roca: el santuario, o altar de los sacrificios. Muy vetón. Desde Portugal llegan ecos literarios sobre la funcionalidad de este recinto sagrado. No muy lejos, monte arriba, no pasará desapercibida una roca perforada en su parte interior. Detrás, rocas labradas y colocadas con toda la intención forman una especie de estancia rectangular. Como la sauna o la fragua, según se prefiera la interpretación más higiénica o la más bélica, se conoce a este vestigio. Casi de manera inmediata daremos con los cimientos de unas viviendas de planta rectangular. Dos de ellas, más cuidadas, sirven de referencia.

A unos metros, con las piedras diseminadas de un modo que viene a confirmar que en otro tiempo forman parte de casas, un enorme riscal no puede ocultar las muescas de la civilización: aquellas rocas, como otras muchas presentes en el interior de Ulaca, sirvieron de canteras. Hacia el oeste, un montón de peñascos confiesa la planta de otra estructura, el torreón o la iglesia, muy posiblemente una atalaya con fines defensivos por sus grandes perspectivas sobre el entorno. La excursión concluye en una vaguada donde se levantó una de las puertas de Ulaca, ante la que se extiende una pista que no puede ocultar restos de pasados pavimentos. Recuperados, sin embargo, los postes amarillos del principio y nuestros pasos se alejan de ese incipiente camino que otrora debió descender al valle y ahora se difuminaba entre malezas y vegetaciones. Rodeamos la montaña por su lado noroccidental y cerramos el bucle en las primeras murallas. El descenso se hace rápido, más aún con una lluvia imprevista que invita a saltarse una pausa para picar algo y nos conduce, ya en Villaviciosa, al Bar Los Jiménez: precios de ayer y tapas de morcilla o de lomo. Todo casero y en las proximidades del castillo.

Antes, eso sí, pasaremos junto al inevitable castillo y su vecino verraco de piedra vetón, un vestigio procedente del castro de Ulaca. El castillo, del siglo XV y en pleno proceso de reforma cuando visitamos el lugar, es de propiedad privada, pero acoge un restaurante y un hotel que, viendo el entorno, tiene muchísimo encanto: el Sancho de Estrada. El broche perfecto a una jornada de senderismo arqueológico.


Castro de Ulaca. Mapa de ubicación geográfica aproximada.


El valle del Amblés, a los pies del Cerro del Castillo.


Grandes vistas sobre el camino que ascendimos para llegar a Ulaca. Fuera de cuadro, a la derecha, se encuentra Villaviciosa.


Croquis de la ruta propuesta por el interior del castro con 14 paradas.


Cartel turístico promocional del castro en las afueras de Villaviciosa.


A la izquierda, en la foto, una oficina de turismo que no siempre encontraremos abierta. Abandonamos Villaviciosa.


Un par de curvas en pendiente nos deja en el auténtico kilómetro cero de la ruta.


Este panel explicativo nos servirá de referencia para localizar el inicio de la subida.


Entramos en una especie de finca comunal: no será extraño encontrarnos con ganado vacuno pastando.


Por si aún quedan dudas...


Hasta el castro nos guiarán indicaciones amarillas de este estilo.


Un buitre sobrevuela el Cerro de Castillo durante una nublada mañana


Agrupaciones rocosas, muy frecuentes en todo el cerro.


Ya se intuyen las murallas y los accesos al oppidum de Ulaca.


Últimos metros.


Aparecen los vestigios de una antigua pavimentación en el camino.


Acceso a Ulaca.


Murallas de Ulaca y acceso al castro, vistas desde el interior.


Detalle de las restauradas murallas y el acceso principal, desde dentro del oppidum.


Una vista de las murallas desde la entrada.


Nos acercamos al fotogénico santuario y al altar de los sacrificios.


El santuario.


El santuario y el altar de los sacrificios.


Detalle del altar de los sacrificios.


Escaleras del altar de los sacrificios.


Los peldaños, cómo no, están labrados en la roca.


El resto conocido como la sauna o la fragua.


La sauna o fragua, más cerca.


Detalle de la construcción que alimenta tanto la opción de la sauna como de la fragua.


Otra vista.


Conjunto de rocas apiladas: se les intuye el origen común de una construcción.


Viviendas.


Viviendas (2).


Rocas de curiosas formas que parecen haber sido aprovechadas por seres humanos.


Nos encontramos en el lador sur del yacimiento, la zona en la que más agrupaciones pétreas se concentran.


Rocas.


Sugerentes formas en las moles de piedra.


Una especie de caracol (izda) o de tortuga.


Vistas de vértigo sobre el abismo que forma el río Picuezo.


Otra agrupación rocosa que sugiere un uso humano.


Un senderista, por la zona más alta del cerro del Castillo.


La cabeza de Elvis o el tupé del rockero.


El culo del hipopótamo.


Otra curiosa roca, con grandes vistas sobre el valle del Amblés.


Un par de torrentes de agua desciende por el Cerro del Castillo: los vetones no debían tener problemas de suministro en este sentido.


La mitad de una cara.


Una especie de rama fosilizada.


Un árbol aún joven crece en la estrecha hoquedad que separa en dos lo que en el pasado fue una misma roca.


Restos de una edificación de planta circular.


Losas de piedra apiladas en fila con una evidente intencionalidad.


Pequeña concentración de rocas en el lugar donde en época vetona debió existir una edificación.


Más restos.


Una especie de menhir que se asemeja a una lápida de granito.


Detalle en la parte inferior de una roca.


Este agujero, con un pequeño canal, no es algo aislado en Ulaca.


Restos de la puerta principal del castro de Ulaca, situada en el noreste.


Una senderista completa bajo la lluvia el tramo de enlace entre el panel 14 y el descenso a Villaviciosa.


Caballos pastando en las faldas del Cerro del Castillo.


Otra roca cuya estética recuerda a un viejo balón de cuero.


Villaviciosa, desde el descenso de Ulaca.


El castillo de Villaviciosa, con un primitivo verraco de piedra procedente de Ulaca.


El verraco vetón, con más detalle.


Parte trasera del castillo de Villaviciosa, actualmente un hotel-restaurante.


La torre del homenaje, realmente la única, del castillo de Villaviciosa.


Otra pespectiva de la torre del homenaje del castillo de Villaviciosa.


Curiosa vivienda de Villaviciosa. El buzón, todo un clásico, sigue siendo más moderno que la puerta.


Los antiguos lavaderos de Villaviciosa, justo al lado del castillo.


Riquísima, y bastante menguada ya al ser fotografiada, tapa de morcilla casera en el Bar Los Jiménez.

2 comentarios:

  1. Las catedrales y eso están muy bien pero a mi me ponen mucho mas estos lugares con cuatro cantos desperdigados, debe ser mi herencia monteña.

    ResponderEliminar
  2. Me ha parecido genial todo este post tan extenso y escrito con gusto.
    Felicidades.

    India.

    ResponderEliminar