La Granja de San Ildefonso, más que palacios y jardines (enero de 2012)



Desde hace unos años, el Grupo de Montaña La Acebeda viene organizando una carrera popular de montaña en La Granja de San Ildefonso. Este real sitio, a los pies del Puerto de Navacerrada (1.860 m) y el majestuoso Pico de Peñalara (2.430 m), es uno de los reclamos más visitados de la provincia de Segovia, un complemento a una escapada de fin de demanda con escala en la hermosa capital del acueducto. Sus empedradas calles neoclásicas, su palacio real y especialmente los amplios jardines de este último, todo ello enmarcado en un plácido y fresco ambiente serrano, son un gustazo para los sentidos. Su callejero turístico, esto lo dice todo, es un plano de reminiscencias y trazas antiguas. Son los jardines parte central de esta carrera a la que acaba bautizando. Y su perímetro protagoniza la parte más escarpada, allí donde sólo pueden correr los máquinas, antes de ganar altura, coronar e iniciar una rápida y destrozante bajada hacia la zona de meta. Siete kilómetros con inicio y fin en la céntrica y pintoresca plaza de los Dolores, allí donde nos recibe desde 1959 el Bar Castilla. Una buena aproximación para conocer más sobre el trail, con alguna que otra particularidad con respecto al running más propio de las carreras de ruta. En el Castilla, por cierto, encontraremos a Luis Alonso Marcos, gran corredor de carreras por montaña. Y al lado, unos ultramarinos de los de toda la vida con las legumbres en recios saquitos.

La potencia turística del lugar queda confirmada por la oferta de alojamiento, muy generosa para un pueblo de poco más de 5.000 habitantes y sin embargo poseedor de una afamada fábrica de cristales. El Parador Nacional se lleva la palma, aunque sus tarifas no son aptas para todos los bolsillos. “Si quieres ver un coche último modelo, en el Parador”, nos comentan unos vecinos del lugar. “Aquí no hay crisis. O no se ve”, añaden. Dado que la carrera era el domingo, la distancia desde casa tampoco anima a un madrugón dominical para volver en el día y nuestras obligaciones laborales nos exigían currar por la tarde, optamos por uno de los apartamentos, auténticas casas por planta, de la Casa del Plantel (c/ Calvario, nº 4). La baja, para dos personas, se quedó en 55 euros. Y nos agradó comprobar que las buenas opiniones que le respaldan son sinceras. La cocina supone una buena holgura de comodidad. ¡Y esa cama te atrapa en grandes sueños reconfortantes! Aunque hay que abandonarla a las 12.00 horas, no pusieron trabas a una última y holgada ducha dado el horario de inicio de la Vuelta a los Jardines de La Granja, las 11.00 horas. Una deferencia muy de agradecer.

Degustar la comida típica, con los judiones al frente, tampoco resulta difícil. Son varios los restaurantes y variados son sus precios. Sin poseer el menú más barato, el Dólar (c/ Valenciana, nº1; 921 47 02 69) es una buena opción. Merece la pena ir más allá del menú. ¿De cuánto hablamos? De una ensalada de cabra, dos platos de judiones, media botella de vino, el pan y el postre casero de turno; 45,47 euros. Los fogones son el broche perfecto al pateo de turno, la correspondiente visita al Palacio Real y los mencionados jardines. El Palacio es el motivo por el que La Granja es lo que es. Si Carlos I encontró en Yuste su remanso de paz, Felipe V lo halló en los bosques de Valsaín cuando comenzó a agobiarse con las labores del gobierno. Su lugar de retiro, aquella finca que le compró a los frailes Jerónimos del Parral en 1720, fue una corte que no debía de haberlo sido, dada la prematura muerte de Luis I y su retorno al trono, que alteró la idílica tranquilidad pretendida. La entrada normal al palacio cuesta 9 euros; aunque da derecho a ver en el día el cercano Palacio de Riofrío (si se permite la expresión, un spin-off histórico de La Granja), debería emitirse otra más económica para los que no tengan o puedan tener esa posibilidad. Los tapices alegóricos de Carlos V y algunas piezas ornamentales, pictóricas y de mobiliario son bonitos de contemplar. Sus 146 hectáreas son el mejor exponente del jardín clásico francés en España y uno de los ejemplos más destacados de todo el Viejo Continente, mantenido sin apenas cambios desde el siglo XVIII. No en vano, sus autores eran galos. Sus 26 fuentes monumentales y sus largas avenidas arboladas son una delicia para el paseo ya haga frío, nieve, llueva o luzca el sol. Cada estación, cada época del año, tiene su punto. Aunque en enero, a eso del tercer domingo de mes, una carrerita muy agradable puede seducirnos para visitar La Granja. Y tomar un caldito caliente con frutos secos al llegar a meta…



La Granja de San Ildefonso, plano de ubicación. A unos 90 kilómetros de Madrid. Y como se aprecia, muy próxima Segovia capital. Los 13 kilómetros (aproximadamente) que separan Segovia de La Granja ya no son una extensión de campos de labor y bosques por el crecimiento de nuevos barrios, la proliferación de urbanizaciones y la cercanía de Palazuelos del Eresma.


Casa del Plantel, una vivienda restaurada y una económica morada muy cercana al Palacio Real y la plaza de los Dolores. En el vídeo posterior, el interior del apartamento de la planta baja. ¡Qué bien se duerme en esa cama!




Una hermosa fachada en la calle del Calvario decorada con flores de lis, el símbolo de los borbones.


Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, templo que da nombre a la plaza. Más allá de algunos trabajos sobre el granito (como ese relieve con la inscripción 1767 que recuerda el final de unos trabajos iniciados en 1764), los añadidos ornamentales de este edificio están pintados a mano en una clarísima influencia italiana.


Plaza de los Dolores. El ayuntamiento (izda), antiguo hospital del Real Sitio y también sede de la oficina de turismo (chulísima) y un original bar (La fundición). Detrás, la Iglesia de Pio XII. A la derecha, la mencionada Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores.


Mercado municipal de La Granja, en la céntrica y concurrida plaza de los Dolores.


Confluencia de las empinadas calles Carral (izda) y Valencianas (dcha). Restaurante Dólar.


Arquitectura popular en La Granja de San Ildefonso.


Acristaladas terrazas.


Antiguo cuartel de la Guardia de Corps, el cuerpo militar especializado en la defensa de la familia Real. No se conserva tal y como se entregó a Carlos III en 1766, sino que ha sufrido reformas además de alguna que otra mano de pintura. Forma parte del conjunto de instalaciones del Parador Nacional y aquí tienen lugar convenciones, encuentros y demás. Estamos en la calle Embajadores.


Parador Nacional de Turismo de La Granja (c/ de los Infantes), ubicado en la conocida como Casa de los Infantes, el palacio que Carlos III (quien disfrutó mucho de sus visitas estivales aquí) mandó construir para sus hijos don Gabriel y don Antonio de Borbón y Sajonia. Sufrió un terrible incendio en 1984, aunque ha sido recuperado con gran cuidado.


La peatonalizada Puerta de la Reina, también conocida como Puerta Nueva acaso porque fue levantada después que la Puerta de Segovia, es un acceso directo a la calle de la Reina y la plaza de los Dolores. Detalle ornamental de forja. La inscripción recuerda: "Año 1784".


La Puerta de la Reina da a la calle homónima. Al fondo, Nuestra Señora de los Dolores... y la Sierra de Guadarrama.


Antigua Real fábrica de Cristales de La Granja, en el paseo del Pocillo, gran ejemplo de la arquitectura industrial del siglo XVIII. Actualmente, tras su peligroso abandono en 1973, es la sede de un museo del vidrio (cerrado en el momento de la visita, accesible previa entrada de 4 euros cuando está abierto), una Escuela Superior del Vidrio y una fundación. La riqueza vegetal del entorno de La Granja, con poblados bosques de coníferas, garantiza el alimento de madera para los hornos de la factoría. Este fue uno de los motivos para la creación de la misma entre 1770 y 1784. De las nuevas instalaciones, no menos afamadas, han salido muchos trofeos deportivos, como los de la Vuelta Ciclista a España.


Real Fábrica de Cristales de La Granja. Detalle decorativo heráldico en una ventana.


En el paseo del Pocillo, a la altura de la Real Fábrica, se han colocado vieja maquinaria restaurada con fines ornamentales. Éste es un ejemplo.


La Puerta de Segovia. Acceso principal al pueblo, ideado por Juan Esteban en 1797 y con trabajo de forja del taller de Silvestre Poderós. Por sus 1.191 metros sobre el nivel del mar era el punto más bajo.


La Puerta de Segovia, al otro lado. Ya estamos en la calle de la Alameda, un ascendente paseo de esbeltos árboles hasta la plaza de España y los accesos al Palacio Real.


Como reza la inscripción, la Casa de las Antiguas Caballerizas Reales, cercana al Palacio Real (del que dista a unos 200 metros), albergaba los carruajes y caballos que prestaban servicio a Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V. Fue construida por iniciativa del por entonces Conde de Montijo en 1738.


Fachadas en la plaza de España.


Una de las características papeleras de La Granja, cestería con tapa, fotografiada en la plaza de España.


Hermoso palacete de aires clásicos entre la calle Juan Carlos I y la plaza del Mercado Viejo.


Plaza de España. Al fondo, la Colegiata de la Santísima Trinidad (c) y el Palacio Real (izda. y dcha.). En este pequeño espacio ajardinado, el jardín del Medio Punto, crecen desde el siglo XIX varias esbeltas sequoias.




Palacio Real. Arcada que separa la plaza de España de la plazuela donde se encuentra el acceso a los Jardines del Rey.


Un perro toma el fresco en uno de los balcones del Palacio Real que alberga instalaciones de administración de Patrimonio Nacional.


Acceso a los Jardines del Rey. Hermosa forja para un recinto inspirado en Versalles. A modo informativo, cada día funcionan cuatro fuentes. Y cada día van cambiando las que "funcionan" (empleando la graciosa terminología de la pregunta de un niño que paseaba con sus padres).


Fuente de los Baños de Diana, obra de los franceses Dumandré y Pitué sobre planos de Santiago Bosseaux. Cuentan que la última fuente que se inauguró en los jardines provocó la siguiente reflexión de Felipe V: "Tres minutos me ha divertido, pero tres millones [de reales de vellón] me ha costado".


Detalle de un dragón de la Fuente de los Dragones, símbolos de la fortaleza de la monarquía.


Fuente de las Tazas Bajas.


Las ocho calles. Un angelito observa la escultura central que preside la composición. Un hermoso rinción de La Granja.




Psiquis (con el pomo de la belleza en su mano), Mercurio (inconfundible con su báculo y su casco alado) y un cefirillo, protagonistas de la escultura central de la conocida como Fuente de las ocho calles, en la plaza homónima.


Detalle ornamental (barroquísimo pan de oro) de una de las fuentes que se integran en Las ocho calles.


Estanque cercano a la fuente del Canastillo. La mitad, helado por los fríos de enero.




Un majestuoso y hermosísimo árbol de los jardines de La Granja.


Fuente de las Tres Gracias (la belleza, el encanto y la alegría) obra de René Frémin ubicada en lo alto de la Cascada Nueva.


El Palacio Real, visto desde la parte superior de la fuente conocida como Cascada Nueva.




Detalle de la Cascada Nueva.


Carrera de Caballos. Realmente una sucesión de fuentes. Entre todas destaca la conocida como Andrómeda.


Parterres de los jardines del Palacio Real. Dadas las bajas temperaturas que suelen darse en el lugar, las esculturas ornamentales que rodean los caminos y recintos son protegidas con lonas.


La Carrera de Caballos, congelada en enero de 2012.


Conjunto arquitectónico del Palacio Real. El resultado final del primitivo interés de la casa Trastámara, y posterior de los Austrias, por un lugar rico en caza. Lo que acabó siendo una corte cuando no iba a serlo.

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