Abu Dhabi, todo a lo grande (marzo de 2010)



Ciertos nombres evocan imagénes preconcebidas que nuestra mente mantiene anclados como estereotipos. Cabe la posibilidad de que esas asociaciones de ideas, en muchas ocasiones prejuiciosas, otras completamente asépticas, puedan ser constatadas físicamente. Y es entonces cuando, por regla general, comprobamos lo errado de nuestros pensamientos. Viene al caso por nuestra visita a Abu Dhabi. Nuestra idea de este rincón que se asoma al golfo Pérsico, como a otros muchos les habrá sucedido, pivotaba entre el lujo y la suntuosidad de una economía alimentada por el petróleo y entre la ambición de ganarle terreno al bar y fertilidad al desierto. Acostumbrados a las tres horas de cambio horario, nuestra percepción varió. En Abu Dhabi, capital de este estado que reúne siete emiratos (antiguamente también contaban con Qatar y Bahréin) y que pugna en innovación y dinamicidad con la más poblada Dubai, pudimos comprobar que por una vez algo de cierto hay. Efectivamente, el peso del petrodolar se nota. Según las Naciones Unidas, los EUA poseen de los índices de desarrollo humano (IDH) más altos de su continente, pero también su extensión es relativa y su población no supera los seis millones de habitantes (y menos de un 30% es propiamente autóctono de los EUA, cuyos nativos además eran fundamentalmente nómadas). Sus especiales buenas relaciones con el ámbito anglosajón y japonés (su principal fuente de exportaciones), fluidas e intensas, han contribuido a generar un clima de tolerancia basado en el respeto, el progreso y las relaciones comerciales, lo que le convierten en un aliado estratégico en términos de geopolítica, una llave no muy lejos de zonas políticamente más inestables. Pero los EUA también son un país con un fuerte sentimiento nacionalista en el que tiene mucho peso la idolatrada figura del “gran padre” benefactor, Zayed Bin-Sultan Al Nahyan, el primer presidente del estado cuando éste alcanzó su independencia en 1971. Su figura está presente en monumentos y grandes mosaicos y no son pocas las banderas que cuelgan de las fachadas de los edificios.

Varias son las alternativas para llegar allí, pero todas pasan por hacer escala vía Zúrich (Swiss Air), vía Ámsterdam (KLM), vía París (Air France)… Volamos con Lufthansa desde Madrid a Frankfurt para coger el enlace que aterriza en el espectacular aeropuerto internacional de Al-Ain. Una joya arquitectónica que destaca por la bóveda que presiden el hall cada una de sus tres terminales y en los que está prohibido hacer fotografías (la policía es severa y conviene respetar estas normas, por algo los índices de criminalidad son bajos). Un viaje, sumando los vuelos, que se acerca a las ocho horas y se dilata aún más en el severo control de pasaportes y el traslado hasta Abu Dhabi, a unos 40 kilómetros de distancia por una magnífica autovía de cuatro carriles, completamente recta, llana y flaqueada de grandes infraestructuras, en la que circula desde el más potente deportivo de Ferrari hasta el todoterreno más lujoso de BMW. La gasolina es tan barata que las tarifas de los taxis son bajísimas para el poder adquisitivo del euro. En todo el país habrá unos 8.000 taxis, entre los “oficiales” en los que sus conductores visten uniforme hasta los “tradicionales”, más bien furgonetas y en los que el precio se negocia. Lo cierto es que por unos 30 o 40 euros (o menos, todo es hablarlo) de aquí puedes coger un taxi para irte de Abu Dhabi a Dubai (unos 130 kilómetros) y volver. Doble aviso: el callejero no es su fuerte aún cuando tengas delante un mapa; es mejor recurrir a monumentos o referencias que les puedan sonar. Las tormentas de arena pueden ralentizar el tráfico… y el traslado. Como las distancias son grandes entre algunos de sus iconos, Abu Dhabi no es una ciudad óptima para recorrerla a pie. Tirar de taxi no supondrá un desembolso traumático. Hemos adelantado algunos precios en euros, pero la moneda oficial es el Dírham. Al cambio, cinco dírhams vienen a ser un euro. En uno de los restaurantes de nuestro hotel, el Intercontinental, una hamburguesa y una cerveza costaban 90 dírhams. El alcohol es algo habitual en los hoteles y lugares con más presencia turística, pero raro fuera de ese círculo. Estamos en un estado musulmán, permisivo y tolerante, pero más con los de fuera. Durante el Ramadán, por ejemplo, conviene no comer o fumar en espacios públicos. El alcohol, de por sí, no está bien visto. Y si se le relaciona con la conducción, directamente un delito. Y la policía no bromea. Aunque tuvimos ocasión de degustar marcas como Almaza, cerveza del Líbano, esa primera birra vinculada a la hamburguesa era de una marca española: Estrella Damn. Para reflejar el contraste existente entre un lugar muy turístico y otro más típico y tradicional, con toda la clientela sorprendida ante un grupo tan numeroso y tan inhabitual, diez españoles llegamos a comer por 200 dírhams en un pintoresco restaurante del barrio de Al Baladia cercano a la Zayed the first Street. Un menú sin cubiertos, con una especie de pollo frito condimentado con aires de pincho moruno y mucho acompañamiento de verduras y hortalizas. Más sabroso aún por la hospitalidad y amabilidad de los dueños, hasta poco receptivos a aceptar una propina.


Si nos ceñimos a la realidad, Abu Dhabi en sí se asienta en una gran isla. Un canal de agua, en el sur, separa la ciudad de la península arábiga puramente continental. Viendo la distribución de sus calles, parece diseñada con tiralíneas. Espaciosas y anchas avenidas, periódicamente salpicadas de palmeras o espacios verdes con suntuosos espacios residenciales de estética arábiga y lujosos coches aparcados en las puerta. Espaciosas avenidas atraviesan Abu Dhabi de lado a lado y de norte a sur. Como cuadriculada en grandes parcelas. En la Corniche Road, una especie de avenida/paseo marítimo con vistas a la artificial Lulú Island (1992), y su entorno se encuentran la zona más moderna, donde crecen los grandes rascacielos y se concentran la mayoría de las multinacionales. Como es lógico, no faltan las mezquitas. Al oeste se concentran varios esbeltos hoteles de estética funcional y múltiples servicios. Entre todos, por su situación privilegiada en un promontorio sobre el mar, su estética de palacio digno de las mil y una noches y su esmerado entorno (85 hectáreas de fértiles jardines y una gran playa privada de areana blanca y aguas turquesas), destaca el Emirates Palace. Este exclusivo establecimiento invita a sus clientes a sentirse como un emperador, un rey “respirando el aire de lujo que llena cada esquina de este paraíso sereno”, según explicaba un folleto. Ahí es nada la suntuosidad, con tiendas caras en su interior e incluso bares de copas. Porque la vida nocturna de la ciudad en esta zona no es tan activa como en otros lares. De hecho, dada esa ausencia casi total de gente y coches a altas horas, si te sorprende una tormenta de arena en la noche vivirás una experiencia inclasificable. Cerca del Emirates, en una pequeña península ganada al mar, se encuentra el Marina Mall, un moderno centro comercial presidido por la Sky Tower, una torre panorámica giratoria con estética de torre de control aeroportuaria. Todas las grandes firmas están presentes entre sus locales y sorprende el contraste (imposible de fotografiar por el celo de los guardas de seguridad) de ver mujeres vestidas con sus velos (sus hijab de diferente calado, desde la cara descubierta hasta una mínima ranura en la que se intuyen los ojos) y sus largos trajes (abayah o jilbad) delante de un escaparate de lencería. Un contraste que expone bien esa dicotomía entre lo moderno y lo tradicional. Nos comentaron que debajo de esos trajes lo más normal del mundo es lucir modelitos de Intimissimi y demás. En esta zona, además de otros hoteles desde lo que se tienen grandes vistas de las nuevas tierras ganadas al mar, se están levantado varios nuevos rascacielos. Desafiar las cálidas temperaturas y la humedad caminando junto a sus obras nos ponen de relieve otra de las realidades de Abu Dhabi: el gran número de emigrantes de Pakistán, Filipinas y el sudeste asiático que aportan la mano de obra que hace posible materializar los sueños arquitectónicos. La élite nativa, con raíces nómadas, controla el poder político y paga buenos salarios, fortunas en sus países de origen, a otros para que les levante el país. Esto explica la gran cantidad de extranjeros que se encuentra en el aeropuerto para aprovechar las vacaciones junto a la familia. ¡Las bondades del petrodólar!

Hacia el este, siguiendo la Corniche Road, y pasando junto a la playa pública, andaremos junto a muchos edificios de oficinas relacionados con el petróleo, nunca mejor dicho el motor del país. No obstante conviene señalar el interés que están haciendo las autoridades en potenciar el turismo, conscientes de que el oro negro algún día se agotará. Para ello no han dudado en lanzarse a la organización de todo tipo de acontecimientos sociales, culturales y deportivos, ya sea el Barcelona de fútbol o la Fórmula 1. Hacia el interior, en el entorno de la Zayed The First Street, posiblemente la gran avenida transversal de la ciudad, llegaremos al punto fundacional de la misma, aunque estaba en obras. Como el crecimiento de estas urbes es reciente y su pasado no muy lejano tenía mucho peso nómada, no esperemos encontrar un patrimonio antiquísimo. Esos proyectos, intimidantes, megalómanos en muchos casos, se convirtieron en los faros patrimoniales del país. A la luz de los petrodólares han nacido muchos de los proyectos arquitectónicos más innovadores de los más grandes arquitectos. Aunque conservan recintos más añejos, como en Al-Ain y su entorno, la modernidad de sus edificios o sus islas son el gran reclamo. Incluso un modo de competencia entre las ciudades que concentran toda esa suntuosidad de lo moderno: Abu Dhabi y Dubai.

Sin embargo, no muy lejos de una city que hace honor a uno de los lemas oficiosos del país, “cuanto más grande, mejor”, encontraremos barrios más tradicionales, donde los bajos de sus edificios funcionales, en cuyas afeadas terrazas cuelgan ropas y algombras, son una sucesión de pequeños comercios y peluquerías. Todo, claro, en calles perfectamente cuadriculadas. Cada pocas manzanas, una mezquita. En algunas plazoletas, coincidentes en su gran trajín y las miradas curiosas, podremos encontrar taxis privados. El precio hay que negociarlo. Ése fue nuestro caso para llegar a la mezquita Sheikh Zayed, la tercera más grande del mundo tras las de La Meca y Medina. Este templo, aún en obras, es una faraónica obra impulsada por el padre del país que nos recibirá a mano derecha cuando viajemos desde el aeropuerto. Las abulbadas cúpulas, enormes; el intenso blanco de sus mármoles, refulgente en la distancia; sus detalles dorados, intensos; su acústica, inimaginable; la paz que se respira allí, indescriptible. Ahora bien, estamos en un recinto sagrado. Los visitantes deben mantener el decoro y tapar brazos y piernas. Las mujeres, además, deberán proteger su cabeza que les facilitan en la entrada. Y no siempre podrán entrar. En este sentido, con las féminas son muy rígidos. Les gusta ese respeto, aunque los trabajadores que vigilan el perímetro también agradecen las muestras de interés por su cultura. En el tintero, sin embargo, se quedó la visita a la Lulú Island, a la que se puede acceder en un barco por 15 dírhams (aproximadamente tres euros) ida y vuelta. El viaje, un servicio regular, se inicia junto al Heritage Club y nos dejará en una de las mejores playas de los Emiratos, según nos comentaron. Arena blanca, aguas turquesas y con una temperatura única… Esperamos volver algún día para poderlo confirmar.

Abu Dhabi. Ubicación geográfica en el este de la península Arábiga.


Billetes y monedas de curso legal en los Emiratos Árabes: los dírhams.


La City de la capital, vista desde el entorno del Marina Mall.


Otra vista.


Capital Gate, un futurista edificio perteneciente al Abu Dhabi Exhibition Centre (ADNEC), junto a la principal avenida Beach Road.


Otra perspectiva: el graderío que se intuye a la derecha y mira hacia la avenida también forma parte del recinto.


Puro Abu Dhabi: diseños futuristas en vistosos, esbeltos e inteligentes edificios.


La city, o zona que concentra el área de oficinas.


Una señal de tráfico autóctona junto al Emirates Palace.


Llamativo cartel de obras... por lo exótico, claro.


Un gato negro, recostado en una pared.


Bicicletas en el centro de Abu Dhabi con curiosos maleteros.


Un mosaico que recuerda al 'gran padre' Zayed, cercano al Marina Mall, con grandes rascacielos en obras a sus espaldas.


Cuidadísimos y hermosos parques en el entorno del Emirates Palace


Vistas desde nuestra habitación, la 1509, de una pequeña zona de atraque para yates y una verde isla artificial en el Intercontinental Hotel.


La avenida que conduce al Marina Mall, con la sky tower destacando en su centro.


Curioso monumento de inspiración "molusca".


Una refrescante fuente decorada con mosaicos, camino del Marina Mall y con grandes vistas sobre la city. ¡El agua no escasea pese a que estamos en el desierto!


Camino del Break Water, donde se encuentra el Marina Mall.


Aguas turquesas. Cercana, tras la Heritage Village (izda), se encuentra la artificial Lulú Island.


Un enorme cartel que honra a "Nuestro padre Zayed".


Obras 'tuteladas' por el padre del país.


Una playa privada de turquesas aguas, junto a la Corniche Road West, con otro rascacielo en obras.


Exquisita comida en una zona nada comercial.


Agua mineral de la marca "Gulfa".


Comensales en acción gastronómica.


Vistas sobre el muelle del Intercontinental, en el entorno de Al Khubeirah.


Otra vista del atardecer (2).


Algunas de las terrazas temáticas del Intercontinental, dotado de varios restaurantes (¡uno, por ejemplo, belga!)


Atardecer y skyline.


Relajante puesta de sol.


Sorpresa (no por la posibilidad, sino por la casualidad de un momento que nos cogió con la cámara en la mano) al poner la televisión.


Por la Beach Road, la principal vía de entrada desde el Al Mussafah Bridge.




Edificios en Zayed the first Street.


Callejeo por una zona menos de negocios, aunque cercana a la Zayed the first Street.


Mañana soledada, contraluz con la torre de una mezquita.


Paseando por un lugar menos turístico.


Un edificio algo desvencijado.


Sucesión de comercios.


Una de las numerosas mezquitas repartidas por el centro de Abu Dhabi.


Alfombras en la calle, en la entrada de los portales. ¡Y son persas!


La city.


La city (2). A la derecha, tapado por una vallas, se encontraba el entorno del Qasr al Horn, residencia real.


La city (3).


La Etisalad Tower, una de las sedes de la compañía telefónica estatal.


Otra vista de la Etisalad Tower. Hay varias repartidas por la ciudad y todas están coronadas con esa esfera.


Cartelería urbana. Estamos en la céntrica Madinat Zayed.


Fernando Morientes, protagonista de una tienda de deportes.


Figo, protagonista de un póster. Arriba, el horario comercial (de domingo a jueves).


Un gracioso cartel con implicaciones del plan nacional antidrogas en nuestro país.


Numerosos bajos comerciales.


Contraste entre los rascacielos y los edificios residenciales.


El Emirates Palace.


Exteriores del Emirates Palace.


Exteriores del Emirates Palace (2).


Exteriores del Emirates Palace (3).


Cúpula interior del Emirates. Espectacular.


Interior del Emirates Palace.


Enorme ventanal del Emirates Palace con vistas a la playa privada del hotel.


Al otro lado del cristal... con vistas al Marina Mall.


Sí, las palmeras de los pasillos del Emirates Palace son de verdad. Alucinante.


Decoración con motivos florales y geométricos en el mármol del suelo.


Entrada al Emirates Palace una noche de fiesta.


El Emirates Palace, en la noche.


El Emirates Palace, en la noche (2).


El Emirates Palace, en la noche (3).


Arco de entrada al Emirates Palace; es un acceso monumental para personalidades.


Exteriores del Emirates Palace (1).


Exteriores del Emirates Palace (2).


Cuidadísimos accesos al Emirates Palace.


Bajo una tormenta de arena (1).


Bajo una tormenta de arena (2).


The Marina Mall.


Vistas de la city desde el Marina Mall.


En construcción...


Bainounah Street.


Bainounah Street, casi vacía. Las medianas de los carriles no están pintadas.


Un edificio con personalidad propia.


Edificios de oficinas. Cada vez más una ciudad financiera.


Abu Dhabi Company for Offshore Operations. Los jefes de petróleo, vamos. La sede, en la Corniche Road.


Andando por la Corniche Road, con el golfo arábigo a la izquierda.


Una matricula nativa.


Vista del skyline desde Corniche Road.


Un altavoz en la calle para que todo el mundo oíga la llamada para la oración.


Curiosos tiestos: en vez de flores, dos cactus.


La casa no repara en gastos, oiga.


Bonito boulevard en Zayed the first Street.


Zayed the first street.


Acceso al Children´s Park, un pequeño zoo con especies animales exóticas y de la zona.


Detalle de una mezquita moderna junto a una zona de negocios.


Bainuna, o Bainounah, Street.


El taxista privado que nos llevó a la Gran Mezquita.


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque.


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (2).


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (3).


Detalle en unas columnas del patio porticado de la Sheikh Zayed Mosque.


En el interior del patio porticado, con uno de sus minaretes de fondo.


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (4).




La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (5).


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (6).


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (7).


La Gran Mezquita, la Sheikh Zayed Mosque (8).


Detalle del suelo del patio porticado.


Contraluz con las cúpulas.


Un detalle del recinto de columnas.


Vista del recinto, aún en obras.


Una vista desde el exterior.


Un esbelto minarete.


El interior; cuando estuvimos no nos dejaron entrar por ser un momento de oración que había que respetar. Esta foto, unas horas antes, fue realizada de J. Quiroga)


Turistas occidentales en la Gran Mezquita.


La city y el turquesa agua del Golfo Pérsico.


Un jugueteo con los colores y los brillos, para concluir.

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