Los once gigantes del toledano pueblo de Consuegra (enero de 2011)



En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no es fácil olvidarse, once molinos coronan un cerro y, escoltados por un castillo, acaparan visualmente el horizonte. Una silueta de postal, con once gigantes encalados, firmes, aletargados, aguardando que sus aspas arañen los vientos de las cumbres del Cerro Calderico.
Estamos en Consuegra, Toledo, con más de ciudad que de pueblo y tercer destino turístico de la provincia, verdad a priori sorprendente y evidente después. Hablamos, por eso del más de ciudad que de pueblo, de casi once mil censados y un extenso patrimonio arquitectónico en su parte vieja. De esos molinos, once supervivientes se reparten por la crestería. Once evocaciones al Quijote y el universal pasaje de los gigantes, once monumentos oriundos del siglo XVI. En otros tiempos, por cierto, fueron trece, pero de su existencia apenas queda algún leve testimonio de sus raíces, otrora cimientos.

Pocas veces una cómoda escalada hasta los poco más de 800 metros del Calderico aportó tantas perspectivas sobre el entorno: a saber, la llanura manchega, pródiga en cultivos, huérfana de agua; u otros cerros, donde quizá encontremos algún pariente de estos once colosos o algún descendiente, más moderno y con fines generadores de electricidad; y por supuesto la silueta de los Montes de Toledo, a ratos salvajes pero siempre duros. El premio requiere poco esfuerzo. Aunque en la cima existe una pequeña zona de aparcamiento que en la parte baja, donde la calle de la Fuentecilla y del Acueducto, también admite caravanas, lo ideal desde nuestro punto de vista es aparcar a las afueras y caminar. Sólo con el paseo se puede profundizar en los detalles de sus calles, intuir recovecos y plantear acercamientos tras el descenso. Proponemos la avenida de Alcázar de San Juan, al poco de ingresar en el casco urbano llegando desde la autovía de los viñedos. Así veremos el convento de las Carmelitas (1567) o la (en nuestra opinión muy hermosa) Iglesia del Santísimo Cristo de la Vera Cruz (1750-1803).

Aparcados y paseados, nos acercamos por fin a los gigantes de Consuegra remontando la estrecha carretera asfaltada que asciende por la ladera del Calderico. ¡Qué interesante final para una prueba ciclista! Nos recibe, de blanco y azul, el molino llamado Bolero, una original oficina de turismo de amables funcionarias que conserva toda la maquinaria de funcionamiento del ingenio; el Mambrino, un comercio de productos típicos con magníficas vistas sobre la ciudad, y el Sancho. Junto a las ruinas de las viejas murallas, aparece el restaurado Mochilas, al que hay que reconocerle que ha quedado muy bien. Más arriba, dicen que el de mejores vistas, el Vista Alegre. Después, el Castillo de la Muela, de origen musulmán; tumba de Don Diego, hijo del Cid Campeador, y foco de disputas bélicas, un castillo maltratado por la invasión napoleónica y la desamortización y afortunadamente recuperado por los trabajos de la escuela taller municipal. Lentos, dependientes de los fondos, pero constantes. La entrada, 3 euros, es una colaboración para su mantenimiento. Por 8 (adquiribles en la oficina de turismo o en la inapreciable taquilla del propio castillo), podremos asistir a una de las visitas teatralizadas que pone en marcha la compañía Vitela y en las que el turista se integra en una historia de inspiración medieval. Muy recomendable.

Rebasado el castillo, en la parte alta, una hermosa sucesión de molinos entre pequeños riscales que hacen las delicias de las sofisticada tecnología del turismo japonés. Cardeño, Alcancia, Chispas; cuarto, el Caballero del Verde Gabán, el de las excelentes artesanías; Rucio; Espartero y, para acabar, el Clavileño, un trocito de Andorra, créanselo, en La Mancha. El Principado colaboró en su día en la recuperación de este último y dio lugar al nacimiento de una hermosa amistad, casi hermanamiento. La senda de Gregorio Prieto, paralela a la carretera, los hilvana entre sí. Se miren desde donde se miren, el conjunto cobra un encanto distinto al de la mirada anterior. Y eso dice mucho de su grandeza.

No todos los molinos andan bien de salud, nos cuentan los lugareños, y sólo cuatro conservan toda la chirriante maquinaria que ponía en marcha las piedras que molían el trigo. Suficientes, eso sí, para comprender el ingenio e intuir el crujiente chirrio de las piezas de madera. "¿Y ese palito trasero?", le pregunta un niño a su padre por el apéndice opuesto a las aspas. El palo de gobierno, con el que mover la cúpula y orientar los brazos del gigante hacia los vientos. Brillante inventiva en una tierra dura, tan cuna de buen cereal y mejor vino como seca y sedienta. Al-Ansha, que se diría en árabe. Los molinos no son un patrimonio exclusivo de Consuegra, en tanto que la vieja y romana Consaburum (de la que escribió Plinio), posterior Consocra, comparte la excepcionalidad de la concentración con las cercanas Campo de Criptana (Ciudad Real) y Mota del Cuervo (Cuenca). Pero el enclave del Calderico le aporta un encanto especial al suyo. Ya sea por las visitas teatralizadas al castillo, la feria medieval de mediados de agosto o la festividad de la Rosa del Azafrán, el último fin de semana de octubre, los once molinos, esos que se perciben claros desde la A-IV, bien merecen una visita. Quizá el mago Frestón los convierta en gigantes...

Consuegra no sólo son sus molinos. Su casco antiguo está lleno de fachadas soberbias, magníficos ejemplos de arquitectura popular según los usos y costumbres de La Mancha. Piedra. Mampostería. Balcones. Escudos. Su plaza de España es una maravilla, ya sea vista hacia el arco, el ayuntamiento (1670) y el edificio escolar San Gumersindo, ya sea hacia sus célebres corredores, un enorme edificio con una característica balconada de madera. Por la calle del Arco, que toma el nombre por el que la separa de la plaza de España, llegaremos al entorno del río Amarguillo y sus plácidos paseos arbolados (Ramón y Cajal, a un lado; Ortega y Munilla, a otro). Junto a la inconfundible Iglesia de San Juan (1567) y la plaza homónima, si es sábado, podremos perdernos en su animado mercadillo, excelente en productos frescos de huerta. Y todo ello sin perder de vista los molinos y el Calderico, presidenciales siempre como referencia.


Consuegra. Ubicación geográfica. Muy próxima a la A-IV, el 'skyline' de su Cerro Calderico nos acompañará en nuestro tránsito por esta carretera si llevamos destinos más sureños...


Varios molinos en la crestería del Cerro Calderico, vistos desde el paseo Ramón y Cajal.


Un viejo negocio, en la calle Urda.




Una cántara decorativa en la parte trasera de un comercio de productos típicos manchegos en la calle Fuentecilla.


Caminando hacia la parte alta. A la izquierda, nos recibe el Bolero.


Molino Bolero, una de las sedes de la oficina de turismo de Consuegra.


Bolero, llanura y Montes de Toledo.


El molino Sancho, visto desde la ventana superior del Bolero.


"Maquinaria" del Bolero: sucesión de engranajes que se activan con un eje que recibe el movimiento de las aspas y a su vez transmiten a las piedras moledoras (muelas). Cada pieza tiene su nombre. Ésta, por ejemplo, es la rueda catalina.


Las muelas, la canaleja y otras piezas. El ruido, nos cuentan, satura bastante. Por mucho que los mitos ensalzen la figura erótica de la molinera, la labor no es nada agradable en términos acústicos entre tanto chirrío y vibración.


Otra perspectiva. Por aquí se iba echando el cereal para ser molido.


Molino Mambrino. Bebidas frescas.


Molinos Sancho y Mochilas, desde la inmediaciones del Mambrino.


El Castillo de la Muela y el resto de los molinos que reinan en el Calderico.


Molinos, castillo y restos de una vieja muralla.


Bajo la vieja fortificación, un pozo cegado.


El Castillo de la Muela, nombre que aparece en los mapas turísticos. Su origen se remonta a la época del Califato de Córdoba. Después pasó la Orden de San Juan de Jerusalén (1183).


Turistas japoneses se fotografían con los molinos de fondo en los accesos al castillo.


Acondicionado interior del castillo.


Una grúa confiesa que en el conjunto sigue en proceso de recuperación.


De derecha a izquierda, Cardeño, Alcancia (casi tapado), Chispas, Caballero del Verde Gabán, Rucio, Espartero y Clavileño. Una sucesión muy fotogénica.


La senda de Gregorio Prieto circula entre los molinos cresteando por el cerro. Al fondo, Cardeño (derecha) y Alcancia.


Los molinos tienen detrás toda una ciencia y una tipología de vientos diferentes en función de si son del este (solano alto, solano fijo, solano hondo), del oeste (abrego hondo, abrego fijo), del noroeste (toledano), del noreste (matacabras), del sur (vientos del mediodía) o sencillamente, el llamado moriscote.


Contraste entre la llanura y el cerro.


Lo alto del Calderico, donde hoy encontramos un vértice geodésico, un imponente riscal y también los restos de la base de otro molino ya desaparecido.


Clavileño, el molino del Principado de Andorra desde 1967.


Rucio, castillo y Consuegra, al fondo.


Molino Espartero.


Aspas que aguardan lonas y vientos...


A viejas puertas, grandes llaves y no menos hermosas cerraduras.


El Rucio y el Espartero, vistos desde la ventana del Caballero del Verde Gabán.




Una hermosa vista.


Otra vez el Rucio.


Las aspas y el engranaje de madera del Rucio.


Una vez metido en faena resulta difícil no dejar de hacerles fotos a todos estos colosos.


.. esperando triturar los aires.


El Bolero, con Consuegra a sus pies.


No son malas las vistas desde el Sancho, precisamente...


Bajando hacia el casco viejo por una escalinata que nace detrás del Molino Mambrino y que va a dar a la calle del Cristo, que nos deja en la plaza de España tras un corto descenso.


Una ventana con los cristales rotos en la calle del Cristo.


Iglesia del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, iniciada en 1750 y finalizada en 1803. Su fachada en mármolo blanco es ciertamente atractiva.


Una tienda de fotografía con mucho encanto y aires muy manchegos.


Sobre el rico Museo Municipal, los populares y queridísimos corredores, balconada de madera con soportales descubiertos en un edificio del siglo XVII.


Los Corredores, con perspectiva desde el otro extremo de la plaza de España. Precioso.


Plaza de España: el arco, el ayuntamiento y el edificio escolar San Gumersindo.





Pasamos bajo el arco...


... y tornamos nuestra vista para ver esto.


En cualquier calle siempre hay una hermosa fachada que seduce nuestra retina.


Detalle de una vieja casa en una calle sin concretar.


Otra preciosa fachada.


Paseo Ramón y Cajal. A la derecha se intuye San Juan.


Una hermosa fuente de inspiración clásica al comienzo del paseo Ramón y Cajal.


San Juan. Se levantó en 1567 y se nota su planta de cruz latina. Sobria.


El (en este tramo) canalizado pobre caudal del río Amarguillo.


¡Mercadillo de recogida!


Moderna escultura de aires futuristas y evidente inspiración medieval. Consuegra estuvo muy vinculada a la orden de San Juan.


Vista de la torre del Palacio Prioral y Casa de la Tercia, antigua casa de la orden de San Juan en la ciudad edificada sobre las antiguas termas romanas. Ubicadas en la calle Plus Ultra, rica en hostelería.


Los gigantes, en un contraluz de despedida.

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