De las maravillosas vistas que regala al respetable el castillo de Turégano (febrero de 2011)



Uno se queda impactado al otear el horizonte desde el castillo de Turégano. Las nevadas montañas del Sistema Central se intuyen cercanas y el entorno, esa plenillanura que en estos pagos ronda los 900 metros de altitud, confirma de primeras que sí, que ancha y fértil y dura es Castilla. Y por supuesto, el pueblo en sí, en el que se distinguen los barrios en los que se divide, el de Altozano y el de Bobadilla, y nítidamente encontramos la ubicación de su Plaza Mayor, popularmente la Plaza de los Cien Postes por razones de riqueza soportalística. No duden en experimentar esa sensación.


El castillo, con la emergente espadaña de la Iglesia de San Miguel en medio.


Turégano a nuestros pies. A la izquierda, inconfundible, el espacio de la plaza de los Cien Postes.


La concurridísima plaza de los Cien Postes.


Arquitectura popular.


El ayuntamiento de Turégano.


Una de las fotografías más tomadas cuando se llega a Turégano: el castillo, desde la plaza de los Cien Postes.


Contraste entre fachadas con una rosa y azul llamando la atención.


Otra vista del castillo, su perímetro y la iglesia de San Miguel.

Turégano, un pueblo de poco más de 1.000 habitantes que en tiempos pretéritos fueron el doble, se encuentra a 34 kilómetros al norte de Segovia, y por situar algo más como a medio camino entre la capital provincial y las Hoces del Duratón. La ubicación no tiene nada de casual echando la vista atrás en la historia. Por Turégano pasaban tres de las cuatro grandes vías de comunicación segovianas en la Edad Media. El asentamiento urbano se remonta hasta los arévacos, los primeros que ocuparon una zona por la que posteriormente pasarían romanos y musulmanes. Cerca de Turégano se encuentra un pequeño castro y su castillo, de hecho, también se levanta sobre ese sustrato celtíbero.


La espadaña que alberga los campanarios fue un añadido posterior al templo original.


Un visitante comienza la peatonalizada escalada al interior del castillo.


Varios paneles informativos nos aportan datos y nos contextualizan el monumento.


Otra perspectiva del castillo desde la escalinata que conduce a su interior.


Cigüeñas, las grandes inquilinas actuales del castillo de Turégano.


Los accesos al castillo, vistos desde sus almenas.


La entrada.


Parece un capitel (o el ornamento de una cornisa) de una edificación anterior sobre la que se levanto el castillo. No en vano, los terrenos fueron arevacos y romanos.


Saetera.


Recorriendo todas las estancias.

La fortaleza nació en el siglo XI, cuando Fernán González tomó la plaza y ordenó los trabajos. Poco después floreció a sus pies un importante mercado con dos importantes ferias de ganado. La mejor Feria de Castilla, decían. Se data en el siglo XII el comienzo de las obras de la Iglesia de San Miguel. Este templo románico, completamente integrado en el entorno, es otra de las curiosidades del castillo. Solo una espadaña incorporada en el siglo XVIII, quizá por cuestiones de campanario, nos avisa que en el interior del recinto encontramos una gran iglesia. Y hermosa.


Subiendo a la superficie.


Vistas sobre Turégano.


Tejados árabes, como se conoce a los que usan tejas cerámicas curvas.


Las cumbres nevadas del Sistema Central, a un paso.


Una vista en azul.


Zona en peor estado de conservación.


Nidos de cigüeña, en la espadaña de la iglesia. Segovia es la cuarta provincia, tras Cáceres, Badajoz y Salamanca (en este orden) en número de estas aves. España, el país de la unión europea más poblado.


Cigüeñas, cascanteando.

Rico en historia es el castillo de Turégano. En sus mazmorras permaneció preso Antonio Pérez, secretario de Felipe II y uno de los grandes inspiradores de la leyenda negra que afeó al reino y los Austrias. Sus paredes acogieron a los Reyes Católicos. A don Álvaro de Luna. Al pintor Ignacio de Zuloaga, enamorado de las vistas desde la plaza Mayor. A doña Urraca, la que lo entregó en propiedad al Obispado de Segovia, salvo un paréntesis de pertenencia a Carlos II, hasta nuestros días. Hasta 2024, tras un acuerdo firmado por 50 años, permanece cedido al ayuntamiento para su aprovechamiento turístico, entre otras cosas. Hubiera sido una lástima que no hubiera sido de otra forma. El castillo cuenta con la bendición administrativa que ser Monumento Histórico Artístico desde 1931. La entrada, a dos euros para los adultos.


Viejas torres ruinosas de un perímetro exterior ya desaparecido o quizá, como defienden algunos estudiosos, restos de una construcción anterior al castillo actual y que sería de origen romano.


Un grupo de cigüeñas controlan una de las torres esquineras del castillo de Turégano.


Posadito la parte alta/cubierta de la torre del homenaje.


Nunca se cansa la retina al disfrutar de las perspectivas sobre el pueblo de Turégano.


Cigüeñas.

(Gracias especiales a Vane, Yoli y Gus por su paciencia infinita y su colaboración desinteresada)

2 comentarios:

  1. Hola, otra buena excursión por tierras segovianas, solo quería preguntarte si el termino "cascanteando" es tradicional de alguna zona, como "machacar el ajo" que dicen en algunos sitios al "crocoteo" de las cigüeñas.
    un saludo entre Braojos y Fuenterrebollo :)

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  2. ¡Hola br!

    No somos filólogos y por tanto no podemos ofrecerte una explicación tan profunda como bien podría hacerla un experto en lengua, pero estamos convencidos de que, efectivamente, se trata de un término con cierta vigencia geográfica. En algunas zonas de Salamanca, Zamora y León hemos visto que al canto de la cigüeña le dicen "majar". Crotorar es lo más extendido, pero personalmente nos gusta mucho esa etiqueta de "cascanteo" que hemos escuchado en Extremadura y en las dos Castilla. Lo bueno que tienen las onomatopeyas es que son interpretable, jeje.

    ¡Mil perdones por solucionarte poco (o nada) la duda!

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