Pedaladas hacia El Marchal de Antón López, degustando la belleza de la Sierra de Gádor (2008)



Dentro de ese dicotómico debate prevacacional sobre la llegada del turno de la playa o el de la montaña para disfrutar de unos días libres hay que reconocer que la Península Ibérica suele ejercer de salomónico juez de paz que pone las cosas fáciles y evitar todo conato de conflictos. Vamos, que ofrece buenas costas cerca de generosos sistemas montañosos. Y viceversa, por supuesto. Playas para unos y montañas con fines cicloturistas para otros.


La Sierra de Gádor, un macizo andaluz íntegramente almeriense que se integra dentro del Sistema Penibético y que llega a superar holgadamente los 2.000 metros de altura (su techo, el Morrón de la Launilla, roza los 2.250 m), ofrece muchas posibilidades en esta dirección. Su parte más oriental, también la más cercana a la capital provincial, permite planear una excursión de unos 60 kilómetros “ida y vuelta” claramente diferenciables: la mitad, de subida; y la otra mitad, la de vuelta, de descenso.

Con el kilómetro cero en la costera
localidad de Roquetas de Mar, la propuesta asciende hasta los poco más de 1.000 metros de altura del parque eólico de El Marchal de Antón López, una pedanía del pueblo de Enix que también es conocida como El Marcha de Enix por este motivo. Por la A-358, pedalearemos desde Roquetas hasta El Parador de las Hortichuelas y los accesos a Aguadulce, un tránsito más peligroso por la cercanía de varias urbanizaciones, playas y zonas comerciales y, sobre todo, la autovía A-7. Pensemos en esa carga de tráfico que aportan todos esos reclamos, perfectamente evitables aunque estemos en verano con un pequeño madrugón. Además, dada las latitudes en las que nos encontramos, no está de mal aprovechar el frescor matutino para evitar un calor que se puede hacer muy indeseable. Sin prisa ni sin pausa, la pendiente será progresiva, pero también suave, en este punto.

Ganaremos en tranquilidad una vez que hayamos cruzado sobre la
Autovía del Mediterráneo y tomemos la A-391 con rumbo a Felix, Enix y nuestra meta, los molinos de El Marchal. Una ruta por tierras de revueltas y sublevaciones moriscas sangrientamente aplastadas, de apariencia árida, digna de una película del Oeste, y rincones fértiles. Es, sin duda, la parte más atractiva de esta experiencia. Una buena carretera (una parte más revirada se encontraba en obras cuando afrontamos la ruta), rica en panorámicas, generosa en postales sobre esas montañas a primera vista peladas que en sus redondeadas formas parecen haber sido labradas y estriadas por ocultos torrentes, no exenta de alguna aberración urbanística (como, en nuestra opinión, resulta La Envía Golf y su entorno) y sorprendente por la proliferación de invernaderos (con ese brillo tan especial, visto desde las alturas) y las buenas artes de los cultivos que, sobre todo en los entornos de los pueblos, se adaptan a la orografía mediante terrazas y se presentan como magníficos y fértiles vergeles de indudable herencia morisca. Alguna zona más despoblada no podrá ocultar las consecuencias aún perceptibles de algún doloroso incendio cercano.

Las pendientes nunca serán asfixiantes, más allá de rampas puntuales al 11 o el 12%, y en la parte final afrontaremos unas cuantas curvas de herradura que harán más llevaderas las pedaladas con todas las vistas que nos ofrecerán. Cerca del acceso a El Marchal, y cerca de nuestra particular cumbre, encontraremos a mano derecha una fuente de fresca agua muy concurrida por lugareños y otros cicloturistas. No está de más señalar que no atravesaremos ningún núcleo urbano si no abandonamos la A-391, aunque tendremos a tiro de piedra Felix, Enix y El Marchal. Y si nos quedamos con ganas, podemos seguir adelante y alargar la propuesta con diferentes alternativas que aumentan el kilometraje y, segurísimo, las posibilidades de dureza.






Las perspectivas en esta ocasión no engañan. Las cumbres de la Sierra de Gádor están ahí mismo. La vista, desde una terraza de Roquetas de Mar (Almería), kilómetro 0 de esta escalada cicloturista de ida y vuelta.


La carretera A-391 asciende sin pausa, y con alguna rampa puntual todavía esporádica, desde la primera pedalada. Es la parte en la que se concentran mayor cantidad de tráfico y, de hecho, deberemos salvar una rotonda que cruza por encima de la Autovía del Mediterráneo. Después, buena carretera y un tráfico muy relativo. Cuando lleguemos al lugar de esta foto, a unos 11-12 kilómetros del inicio, el runrún del tráfico habrá dado paso a la tranquilidad de un paisaje digno de las películas del oeste, salpico por algún vivero y "manchado" por alguna urbanización y alguna zona de golf. La carretera en este punto es excelente, aunque más adelante se encontraba en obras en los momentos que realizamos esta ruta.


Una vaguadita más propia de Arizona que de la península Ibérica, en teoría. ¡La orografía almeriense es pródiga en rincones así!


Seguimos ganando altura con las curiosas formas bien definidas de las montañas de la Sierra de Gádor.


A lo lejos, el pueblo de Felix, al que se llega abandonando una A-391 por la que nosotros, empero, seguimos dando pedales. En Felix tuvo lugar un gran suicidio colectivo de moriscos que, en el marco de la Rebelión de las Alpujarras del siglo XVI, optaron por arrojarse por unos acantilados antes que reconocer su derrota.


Desvío a Felix (izquierda) y hermosos montes de formas suaves.


Un delicioso tramo de carretera escoltado por árboles nos acompañara cuando regresen las rampas más duras, de camino al desvío hacia Enix.


La carretera va ganando altura y modernizándose: en esta foto se perciben los desmontes de terreno del nuevo y más amplio trazado de la misma.


Por si teníamos alguna duda...


El valle, ante nosotros.


Curva de herradura cerca del desvío a Enix.


Una panorámica muchos más generosa que la anterior, una sucesión de intensos grises, ocres y verdes. Al fondo, el Mediterráneo.


La carretera va ganando altura progresivamente.


Un tramo más rico en vegetación arbolada.


Felix, visto desde el ascenso a Enix.


Otra curva de herradura.


El desvío a El Marchal de Antón López (o de Enix), mientras que la carretera sigue ascendiendo suavemente hasta los 1.000 metros de altura y el acceso (a la izquierda) al parque eólico.


Hacia El Marchal de Antón López.


Fértiles terrazas cultivadas.


"Lavadero El Marchal". Una vista a unas de las antiguas instalaciones de la Mina del Carmen, en el Barranco del Macho de El Marchal. Se encuentran a medio kilómetro del núcleo urbano, fueron abandonadas en los años sesenta del siglo XX y de ellas se extraía plomo.


Cima. Comienza el descenso hacia Alhama de Almería y Alicún.


Alcanzamos el desvío hacia los molinos de viento/aerogeneradores de El Marchal de Antón López. Rozamos los 1.000 metros de altura, si bien otros altímetros destacan que en este punto ya se supera esta altitud por unos pocos metros. ¡Cosas de presiones y condiciones atmosféricas, suponemos!


Pastilla roja, pastilla azul, que dirían en Matrix. A la izquierda, el ascenso sin asfaltar a los molinos de viento. A la derecha, realmente todo recto, el descenso de este puerto.


Molinos de viento del Marchal de Antón López, el auténtico techo de esta rutita que sube desde el mar hasta poco más de los 1.000 metros de altura sin pendientes salvajes y sí muchas panorámicas inolvidables.


¡Arrivée! Nada como un refresco con vistas en el paseo marítimo de Roquetas de Mar después de subir y bajar.

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