Peñafiel: castillo cual faro, peculiar plaza del coso y muchos rincones y espacios llamativos


Peñafiel. Ubicación geográfica de esa población pucelana de gran importancia dentro del mundo del vino. En su castillo, de hecho, se encuentra un completo museo provincial sobre esta actividad que queda aquí encuadrada dentro de la denominación de origen Ribera del Duero, un río muy cercano al casco viejo de una Peñafiel que en cuestiones fluviales está regada por el Duratón. La ciudad que albergara la crono definitiva de la Vuelta a España de 2010, sobre 41 kilómetros, se mantiene como la décima población más habitada de la provincia de Valladolid en virtud a sus 5.327 habitantes a finales de 2016. Pero en términos de turismo escala unas cuantas posiciones por gran atractivo monumental y enológico. Una pequeña capital para escapadas y paradas con fonda de presencia recurrente en la prensa. Su castillo, per se, ya sería suficiente atractivo. Una fortaleza de presencia rotunda y solemne, en el mejor enclave posible, que no falta en ninguna recopilación o lista sobre los mejores castillos de España. Allí en lo alto, el castillo se asemeja a un barco enorme, a un destructor. Una reciente campaña de celebración de su primer siglo como Monumento Nacional ha recurrido a ese parecido para forjar una suerte de eslógan. "El lema de ‘Buque insignia’ no es una elección efectuada al azar, sino porque la fortaleza, además de ser el icono más importante de la villa del Duratón, se asemeja a un barco que navega envuelto por la bóveda celeste. Su imponente edificación sobre el cerro, a cuyos pies se asienta la población, siempre se ha comparado a un barco", escribió Agapito Ojosnegros en El Norte de Castilla. Más allá de parecidos y parentescos, la toma de esta plaza por parte del conde Sancho García fue la que originó el nacimiento como tal de la nomenclatura de estos pagos, conocidos previamente como Peña Falcón. El poder de sus palabras: "Desde hoy en adelante ésta será la peña más fiel de Castilla". [Mapas VíaMichelin].

Peñafiel. El escudo municipal. Donde aparecen las palabras del conde Sancho García: "Esta será la peña más fiel de Castilla". Y también, no podría ser de otro modo, una representación de su castillo.

Peñafiel. Calle del Mercado Viejo, una larga recta que cuenta con un par de plazuelas. Esta que se abre a la derecha es la Plaza Comuneros, un espacio bastante transitado porque alrededor suyo se encuentran bares, tiendas y otros servicios.

El castillo de Peñafiel, sempiterna referencia desde la ciudad baja. Desde luego esta fortaleza es una loa a la geoestrategia. Su presencia es imponente cuando es contemplada desde la calle del Mercado Viejo. La fisonomía del casco urbano, a medida que nos acercamos al río Duratón, envejece de manera progresiva. Envecejer en el sentido de que cada vez más contemplaremos fachadas y viviendas de estética más tradicional y construción más antigua.

El icónico Arco de la Tapia, como se le conoce. Acceso palaciego a las instalaciones de un hotel de cuatro estrellas, el Hotel Convento Las Claras. Aquí la calle del Mercado Viejo, aunque todo el recinto tiene un acceso por la cercana plaza de Adolfo Muñoz Alonso. El nombre deja bien "a las claras" la función que otrora tuvieron las instalaciones. El antiguo claustro, integrado como una estancia más de todo el conjunto y protegido por una cubierta de cristal, es un lugar muy amable para disfrutar de un buen libro. El convento pasó de manos religiosas a privadas a comienzos del siglo XX y tras el pago de unos dos millones de euros. Obtuvo una puntuación de 7 sobre 10 para el crítico Michael Kerr del The Telegraph.

Iglesia de Santa Clara. Templo que nació gracias a la mediación de Doña Isabel de la Cueva, ligada a la familia de los Téllez-Girón por cuestiones matrimoniales. Ella fue la primera esposas de Pedro Téllez Girón, el Duque de Osuna y a la postre también Marqués de Peñafiel.

Iglesia de Santa Clara. La gran particularidad que tuvo su fundación fue el hecho de nacer extramuros. Se concluyó en 1698 y pese al uso hostelero del antiguo convento, el templo sigue manteniendo uso litúrgico.

Iglesia de Santa Clara. Detalle de su portada.

Peñafiel. Edificaciones en la calle del Mercado Viejo.

Peñafiel. Edificaciones en la calle del Mercado Viejo. Una de estética más tradicional.

Peñafiel. Calle San Frutuoso.

Peñafiel. Escultura, algo desfigurada, de un león ubicada en los márgenes de la calle del Mercado Viejo, allí donde nace un puente de piedra que salva las aguas del río Duratón.

Peñafiel. Concentración de viviendas asomándose a las aguas del río Duratón. Allí donde no existen edificaciones o éstas dan margen para la contemplación de las orillas se han venido dedicando recursos, con el visto bueno de la Confederación del río Duero, para limpiar los márgenes dentro de la población.



Puente sobre el río Duratón. En este punto se puede comenzar una ruta de unos siete kilómetros y un desnivel nulo que nos llevará hasta su desembocadura en el río Duero. Un paseo muy concurrido por los locales.

Peñafiel. Fachadas de la calle Capitán Rojas contempladas desde la orilla del río Duratón.

Peñafiel. Calle Capitán Rojas.

Peñafiel. La calle Capitán Rojas desemboca por este lado en la plaza de España, una plaza en absoluto rectangular, con desnivel y con su centro ocupado por la presencia de la iglesia de Santa María de Mediavilla. El apellido hace alusión a esa consideración de céntrica. Es un templo sobrio, aunque rotundo, en el que se mezcla desde el románico al barroco. Eso sí, encontraremos tramos de los castellanísimos soportales.

Iglesia de Santa María de Mediavilla. El gran templo de Peñafiel, dada su condición de Museo Comarcal de Arte Sacro. Aquí vemos el campanario.



Iglesia de Santa María de Mediavilla. El museo de Arte Sacro que alberga en su interior muestra una interesante colección de escultura, pinturas, trabajos sutiles de orfebrería y otros fondos que proceden tanto del patrimonio local como de los pueblos del alfoz.

La descendente calle Juan Martín El Empecinado.

La iglesia de Santa María de Mediavilla, contemplada desde los alrededores de la Parroquia de San Miguel Arcángel. A ésta última llegamos caminando por la citada Juan Martín El Empecinado y la calle de Reoyo, que es su continuación natural. Estamos al lado, de nuevo, del río Duratón.

Río Duratón. Sus aguas transcurren bajo una casa en la que, suponemos dada su ubicación, se instaló algún tipo de molino.

Peñafiel. Zona de juegos para los niños, y también de playa sobre el río Duratón, en el parque de la Judería.

El río Duratón, fotografiado desde una pasarela peatonal que conecta ambas orillas. Cuando el río sufre crecidas, o el embalse de Burgomillodo se ve obligado a soltar líquido elemento, lógicamente toda esa zona verde se ve afectada porque queda anegada.

Peñafiel. El castillo, en lo alto de su loma, y el templete musical, en el más bajo Parque de la Judería.

Castillo de Peñafiel. Imponente torre del homenaje. Un motivo más para que Monumento Histórico Artístico desde hace un siglo (1917). Esta rocosa presencia hunde sus raíces, al menos en términos de ubicación y de geoestrategia, en el siglo X. Su aspecto inexpugnable acaso esté más reforzado aún con la certeza de su permanente uso militar, más intenso en sus primeros años y diluyéndose posteriormente. Su ubicación sobre los ríos Duero, Duratón y Botijas le valió ser considerado un bastión fundamental en la línea defensiva del Duero. Esta torre del homenaje albergaba las únicas estancias que servían de alojamiento.

Iglesia de San Miguel de Reoyo, en otro tiempo San Salvador de Reoyo. Actualmente ejerce de parroquia municipal y pese a algunos restos que confiesan orígenes románicos, estamos ante un templo que procede del siglo XVI. Fue entonces cuando los Duques de Osuna, a la postre marqueses de Peñafiel, "patrocinaron" las obras de un nuevo templo que, dada la fecha, dada la época, dado el contexto, se abrazó a los cánones estéticos herrerianos. Esa letra "D" hace referencia a las rutas de Delibes, que permiten conocer tanto la capital provincial como (tal y como es el caso) diferentes enclaves de las tierras pucelanas que han aparecido en la literatura del escritor castellano. La aquí presente, concretamente, se integra en la ruta 5, vinculada al libro Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo.

Iglesia de San Miguel. Vista desde la plaza homónima. La torre de esta iglesia se gestó durante una reforma que tuvo lugar en el siglo XVIII, de ahí esa diferencias en los tonos y los colores de los materiales.

Peñafiel. Plaza de San Miguel.

Peñafiel. Muy cerquita de la iglesia de San Miguel, caminando por esta calle don Juan Manuel que también bebe de la plaza de San Miguel, alcanzamos las llamativas instalaciones de la iglesia (y también convento) de San Pablo. El exterior de una de sus capillas, de aires mudéjares, se abraza con lo gótico y con barroco.

Iglesia y convento de San Pablo. Convivencia de arcos de herradura y arcos lobulados. El recinto fue fundado por el célebre infante Juan Manuel sobre el solar en el que en otro tiempo se levantó un alcázar que había sido impulsado por Alfonso X el Sabio. Juan Manuel, quien escribió sobre el Conde Lucanor, se plantó este convento concebido para la orden de los dominicos como el lugar donde debían descansar sus restos.

Iglesia y convento de San Pablo. Según un panel explicativo, de ese alcázar se aprovecharon, y aún existen, su fachada y los restos de unos de sus torreones. Aquí, el acceso.

Iglesia de San Pablo. Interior. Bóvedas profusamente decoradas.



Iglesia de San Pablo. Calaveras.

Iglesia de San Pablo. Decoración en la parte inferior de una columna.

Iglesia de San Pablo. El sepulcro de Don Juan Manuel. Toda la capilla es una de las joyas de plateresco español.



Peñafiel. Calle Don Juan Manuel.

Peñafiel. Calle Don Juan Manuel.

Peñafiel. Bifurcación. Calles Don Juan Manuel (izquierda) y La Parra (derecha).

Peñafiel. Viejo testimonio de arquitectura popular en la calle Don Juan Manuel, en las cercanías de un espacio urbano único y lleno de personalidad: la Plaza del Coso. Allá vamos.

Peñafiel. Pequeño acceso a la Plaza del Coso desde la calle Don Juan Manuel.

Plaza del Coso de Peñafiel, para muchos simplemente El Corro. Hermoso espacio urbano con orígenes en el medievo y unas vistas alucinantes sobre el castillo desde uno de sus ángulos. La plaza es alucinante en el sentido de que pocos espacios urbanos con estas hechuras y estas fisonomías, marcadas por tantos balcones que tienen su porqué, pueden contemplarse hoy en día en la península. Este espacio cuadrado está formado por hasta 48 edificios. Desde 1999, y se nos antoja merecedora de más, considerada Bien de Interés Cultural.

Plaza del Coso. El acceso que tomamos desde la calle Don Juan Manuel

Un cerro cercano, escolta del que alberga el castillo, contemplado desde la Plaza del Coso.

Plaza del Coso de Peñafiel. Las singulares decoraciones en madera de muchos de sus balcones de madera, conocida como guardamalleta. La existencia de tanto balcón obedece a los espectáculos taurinos que aún hoy tienen lugar en esta plaza, unos espectáculos que alimentan la existencia de la Servidumbre de Balón y el Derecho de Visita.

Plaza del Coso. Dos edificios. Contrastes. Es aquí, en esta plaza, donde se encuentra la Oficina de Turismo Municipal.

Plaza del Coso. Más edificios. La plaza adquiere mucha vida en dos momentos del año: a mediados de agosto, con las fiestas patronales, y en la Bajada del Ángel del Domingo de Resurreción.

Plaza del Coso. Guardamalleta de madera.

Plaza del Coso. Contrapicado sobre uno de los edificios que en ella coexisten. Allí donde se encuentra la Oficina de Turismo, en los número 31 y 32, también se encuentra el llamado Cosovisión, que es un audiovisual cuya temática gira en torno a las grandes fiestas peñafielenses y en su interacción con la citada plaza.

La Plaza del Coso, con una plaza de toros instalada tras unos recientes espectáculos taurinos; y sobre los tejados, preciosa presencia, el castillo de Peñafiel. Nos comentaron que la torre del homenaje de esta fortaleza es el punto más alto de toda la provincia de Valladolid... ¿Será? Lo cierto y seguro es el poder de convocatoria de esa fortaleza, con más de 4.000 visitantes sólo durante uno de los puentes festivos del mes de mayo de 2017.



Calle Derecha al Coso. Nomenclatura que no engaña.

Calle Derecha al Coso. Variaciones.

Calle Derecha al Coso. Jambas de piedra.

Palacete en la calle Derecha al Coso.

Vieja placa de, creemos, una firma de seguros.

Peñafiel. Confluencia de la calle Derecha al Coso y la calle Panera de Morales.

Negocios de antigüedades y artesanías ubicados en un viejo palacete allí donde la calle Derecha al Coso ensancha tanto en un costado que forma la plaza Eustaquio de la Torre.

Escudo heráldico en la plaza Eustaquio de la Torre.

Calle Príncipe de Viana.

Calle Derecha al Coso, en dirección hacia la plaza de España. ¡Cómo serpentea levemente la rúa impelida por las fachadas entrantes y salientes!

Calle Panera de Morales. Ascendente calle, tal es la geografía local más allá de esa frontera "llana" que marca Derecha al Coso o, en otras latitudes de la población, las calles Derecha al Salvador y San Juan.

Calle Panera de Morales, allí donde desemboca en la calle Corralillo.

La calle de los Ciancas, fotografiada desde la calle Corralillo.

Calle Corralillo. En uno de sus flancos, ascendente en la ladera, se encuentra una zona ajardinada, al menos no construida, en la que sobresalen una especie de chimeneas que sin duda tienen que pertenecer a bodegas subterráneas: luceras. Estamos en el parque de San Vicente. Y sobre todos y todo, el siempre impactante castillo de Peñafiel.

Castillo de Peñafiel. Detalle. La fortaleza que disfrutamos hoy en día obedece a las grandes reformas y mejoras que se llevaron adelante en el siglo XV bajo la tutela de los poderosos Téllez Girón. Aunque ya algunos documentos reflejan nada menos que allá por el siglo X la existencia de algún tipo de construcción defensiva en ese cerro. Un dicho popular, para aprovechar su poderío para realzar otro ajeno, afirma en relación a una fortaleza del cercano pueblo de Curiel de Duero: "Buen castillo tendría Peñafiel, si no tuviera a la vista el de Curiel".

El castillo de Peñafiel, contemplado desde la empinada calle Atarazanas, también vecina del parque de San Vicente que se intuye a la derecha de la composición. Del parque ha aparecido recientemente en los medios de comunicación la creciente preocupación que existe en torno a los actos de vandalismo que sufre.

El castillo de Peñafiel, contemplado desde la empinada calle Atarazanas que afrontamos en sentido descendente. A la izquierda, en el número 5 de esta rúa, se aprecia el acceso al Asados Don José, un restaurante donde estuvimos muy cómodos y disfrutamos de generosas viandas y un trato amable y cordial.

Peñafiel. Palacete, algo reformado, ubicado en la calle Derecha al Coso.

Peñafiel. El arranque de la calle Derecha al Coso, en la plaza de España. Si se fijan, a la derecha, casi solapada con una de las columnas, se puede observar un panel informativo de motivación turística en el que se explica en qué consiste el Chúndara. Se trata de una tradición muy arraigada en la localidad que, en resumen, consiste en un pasacalles que tiene lugar durante las fiestas agosteñas de Nuestra Señora y San Roque y que transcurre desde la plaza de España hasta la del Coso. Un pasacalles previo a los toros que otrora era fugaz y con los años fue dilatándose por el ánimo festivo de muchos. El Chúndara ha protagonizado hasta un cupón de la ONCE.

Castillo de Peñafiel. Contemplado desde una de las calles que arrancan en la calle Derecha al Salvador.

Castillo de Peñafiel. Contemplado desde una de las calles que arrancan en la calle Derecha al Salvador. Es realmente cautivador. Todos los años, desde hace ya 37, se organiza una cronoescalada popular nocturna en bicicleta. La prueba tiene unos 3 kilómetros donde hay rampas de hasta el 14%. Las instantáneas, como puede imaginarse, tienen muchísimo atractivo y aquí van unos ejemplos de la edición de 2013.

[septiembre de 2016]

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