En Villarcázar de Sirga, en pleno Camino de Santiago, un mesón con pedigrí y una iglesia cual fortaleza que levantaron los templarios


Villarcázar de Sirga. Población palentina de algo menos de 200 habitantes empadronados que se asienta en pleno Camino de Santiago y que pertenece a la comarca de Tierra de Campos. Se encuentra a apenas cinco mil metros de la localidad de Carrión de los Condes. Contaba Manuel Ríos en un reportaje sobre varios pueblos palentinos: "Contrasta la grandiosidad del monumento (en referencia a la iglesia de Santa María La Blanca) con lo limitado de la villa". [Mapas VíaMichelín].

Los campos castellanos se atisban a través de la calle Conde de Toreno. La foto, tomada desde la Plaza Mayor.

Villarcázar de Sirga. Callejero, donde no falta la referencia heráldica municipal. La Plaza Mayor es atípica en tanto que es un espacio, con una leve pendiente descendente en su trazado, que en su centro cuenta con un edificio gigantesco y presidencial. Una metáfora del centro al que todo gira. La templaria iglesia de Santa María la Blanca.

Iglesia de Santa María la Blanca, para muchos aún, por motivos de una muy antigua denominación de la población, Santa María de Lito. Un templo de grandes dimensiones dotado de sus buenos contrafuertes y arcos ojivales, como el que se aprecia bajo la primera torre, de gran altura. Bautizado por algunos estudiosos como "la capilla sixtina del románico ojival". Un templo con incuestionables aires de fortaleza, a la altura de reyes, y con fuertes vínculos con los siempre mediáticos templarios. Es Monumento Nacional desde 1919. Y el faro inconfundible de la población, con su rotunda presencia emergiendo sobre los tejados para ser referencia de su casco urbano ya en la lejanía.

Santa María la Blanca. Construido entre los siglos XII y XII. En la imagen, su célebre Portada Meridional. Más de medio centenar de esculturas se suceden en las seis arquivoltas que engalanan esta puerta. Y en la parte superior, una doble galería en la que aparecen apóstoles, vírgenes, pantocrátores, evangelistas, reyes magos y adoradores.

Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. Detalle de las arquivoltas. El templo fue uno de los grandes protagonistas de un reportaje de Televisión Española emitido en su Crónicas: El cielo en la tierra.

Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. Un detalle del muro exterior y, a la izquierda, la especie de réplica que tiene a su diestra (desde nuestra perspectiva) la Portada Meridional. Una réplica a menor escala.

Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. Muros exteriores de la "fortaleza". Un derrumbe acaecido en 1888 supuso la desaparición de la llamada Puerta del Ángel y, curiosamente, según leemos, un acortamiento de la extensión del edificio a lo largo en varios metros.

Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. Entre los elementos constructivos empleados, algunas piedras se asemejan a los tan castellanos verracos de las culturas prerromanas que habitaron estos pagos.



Villarcázar de Sirga. Plaza Mayor, allí donde nace la calle Las Escuelas. En el centro se aprecia el curioso acceso al Mesón Los Templarios, el segundo mesón que puso en marcha Pablo Payo allá por 1984 donde en otro tiempo estuvo el Hospital de Peregrinos.

Villarcázar de Sirga. Acceso al peculiar Mesón de Villasirga, un establecimiento sobre el que la historia, o la tradición, nos cuenta de la generosidad de su dueño Pablo Payo. Mediados los años sesenta del siglo XX, cuando Payo puso el establecimiento en marcha en un antiguo pósito del siglo XVII, se hizo muy popular tanto la sopa castellana como el vino con el que gratuitamente agasajaba a los peregrinos con rumbo a Santiago de Compostela (bueno, realmente suponemos que a todos los peregrinos). Lo cierto es que Payo (1919-2003) recibió muchísimas consideraciones por su labor. En 1990 la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago le nombraron Mesonero Mayor del Camino. Ya en 1966 el entonces ministro Manuel Fraga le hizo entrega de la Medalla del Mérito al Turismo.

Una mujer se toma una fotografía junto a la escultura urbana que recuerda la figura de Pablo Payo, Mesonero Mayor del Camino de Santiago, y que se encuentra delante de su Mesón de Villasirga. Es una fotografía recurrente. Y no es para menos dada la notoriedad del homenajeado. Payo falleció en Carrión de los Condes en abril de 2003 y desde 2005 este bronce prolonga su recuerdo.



Uno de los hijos de Pablo Payo, Javier, a la postre su sucesor, mantiene la tradición de recibir a los comensales con un ritual de bendición de la mesa en honor a don Pablo y a los comensales que llegan al mesón: "La bendición de Pablo el Mesonero". Ésta viene a decir:
"Oh, señor ommipotente,
con tu palabra divina,
bendigas esta cena
y los que estamos presentes.
En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, Amen".

Mesón de Villasirga, del que la Guía Michelín destacaba y resumía: "Gran tipismo, sencillez y una decoración de ambiente rústico".

Mesón de Villasirga. Interior. Decoración rústica castellana con cierto exceso por el poso de los años. Muchos regalos, detalles y hasta exvotos le fueron entregados durante años al señor Payo. Incluso un trozo del muro de Berlín, cuentan.

Mesón de Villasirga. Interior. Decoración rústica castellana.

Va de viandas en el Mesón de Villasirga. Una pata de cordero con denominación de origen.

[junio de 2012]


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