Camino de Santiago. Primera etapa: Villafranca del Bierzo-O Cebreiro (5 de abril de 2012)


La etapa más dura sobre el papel (Villafranca del Bierzo se encuentra a unos 500 metros sobre el nivel del mar y el precioso O Cebreiro, el primer final, se asienta a casi 1.300) es también la primera de esta propuesta jacobea. Dados los bríos y las ganas del que llega con las pilas cargadas, el desnivel acumulado se hace mucho más llevadero, aunque llueva o nieve, que en el caso del caminante lleva varias etapas en sus piernas, con la consecuente fatiga física y tal vez mental. Son casi 30 kilómetros los que separan las dos localidades, 30.000 metros en los que el Camino ingresa en Galicia y en los que lo más normal del mundo, con un par de paradas para estiramientos, alivio espaldero y refrigerios, es emplear entre ocho y nueve horas. Nada de alarmas. Comenzando a las ocho de la mañana, se alcanzará destino sobre las cuatro o las cinco de la tarde.

El único pero consiste en que O Cebreiro sólo cuenta con un albergue público (gestionado por la Xunta de Galicia) y sus 80 plazas vuelan con cierta rapidez en épocas vacacionales o de tiempo benigno. El motivo es múltiple, desde esa obsesión por asegurarse plaza en los más masificados períodos de asueto hasta, más fundamentalmente, de que este pequeño núcleo de población lucense es uno de los hitos de la ruta. La piedra vieja y aderezada de leyendas de O Cebreiro invita a muchos a fijar aquí el final de su jornada. Por este motivo han aflorado los restaurantes, las tiendas de productos típicos y de recuerdos. Y por esta razón, hay que añadir, si uno se queda sin plaza en el Albergue, ubicado ligeramente alejado del meollo turístico (O Cebreiro es un destino turístico por sí mismo porque realmente es muy muy bonito), no tendrá problemas para encontrar cama en alguno de los albergues privados existentes, negocios que han crecido en muchos casos de la mano de los restaurantes. Más caros, sí, pero también con una manga más ancha para la hora del cierre. Y como O Cebreiro tiene su ambientillo, pues también se agradece. Y es que en los albergues públicos las cenicientas se recogen a las 22.00 horas.

Expuestas las diferentes alturas de la salida y la llegada, resulta obvio que en algún momento la ruta se empina a base de bien. En general, repechos mediante y contexto crecientemente montañoso circundante, el Camino irá afrontado sus muros desde Villafranca del Bierzo. En Pereje, en Trabadelo, en esa magnífica parada casi en la mitad de la etapa que es Ambasmestas… Acompañados por el río Valcarce, la cosa se pone seria entre Ruitelán (casi casi a la altura del desvío al albergue privado Pequeño Potala, inolvidable nombre) y Las Herrerías, pero que la ruta se bifurque en otra pedestre y ciclista nos da un respiro. Rumbo al barrio de Hospital (precioso pueblecito con un puente romano encantador) llegan las grandes rampas. Es un tramo duro, primero por carretera y después por camino tras un tramito muy agradable en plena naturaleza, el que alcanza La Faba, a poco más de 900 metros sobre el nivel del mar. Allí, el bar “El último rincón del Bierzo” se nos presenta como un oasis regentado por ángeles. Son gente muy maja y agradable y sus bocatas de tortilla, un manjar altamente recomendable. Desde La Faba la subida es constante, pero se hace mucho más llevadera, pese a una generosa rampa a la altura de Laguna de Castilla (1.164 metros), el último pueblo leonés. Galicia, Lugo, está cerca. Y cruzado el hito fronterizo, un reclamo fotográfico indispensable, O Cebreiro realmente queda cerca en una suerte de llaneo por la cumbre.

Duchados y repuestos, hechos a la idea de que el Albergue de O Cebreiro es de los menos íntimos de todos (grandes salas de literas dispuestas de cuatro en cuatro), un paseo por el casco urbano nos regala vistas magníficas sobre los valles (a un lado la comarca del Bierzo, al otro hermosísima Galicia), nos ofrece la posibilidad de conocer el interior de una palloza, la vivienda tradicional de estos lugares, convertida en museo etnográfico gratuito. Y tan inevitable como tomarse un caldito caliente (la Taberna Celta es un buen y concurrido lugar de cocina generosa y apetitosa ante la gula) lo es la visita a la iglesia de Santa María la Real, un templo prerrománico de modesta ambición y que se remonta, fundada por monjes benedictinos, a l siglo IX. Santa María la Real, además, está directamente relacionada con un par de los episodios más míticos del Camino, el de un pastor, Juan, que falleció de camino a misa bajo un gran temporal. Aquel día, el cáliz se transformó en vino y la ostia en carne, para sorpresa el cura, enterrado en el templo al igual que el pastor. Otro es aquel que afirma que tras su peregrinación a Santiago, los Reyes Católicos decidieron llevarse el cáliz, pero los caballos se negaron a avanzar llegados a un punto del valle; tal obstinación fue concebida por los monarcas. También, claro, se cuenta que ese cáliz es el Santo Grial verdadero.

En todo caso, creencias a parte, en sus alrededores encontraremos un monumento a Elías Valiña (1929-1989), gran impulsor del Camino, investigador de la ruta y mecenas de nuevas actuaciones para recuperar el itinerario. Párroco de O Cebreiro durante muchos años, la proliferación de señales amarillas se debe a su iniciativa, la misma que le llevó a sumergirse in situ en la ruta del Camino Francés armado con un Citroën. Un hecho que ha despertado un gran anecdotario por encuentros con la Guardia Civil y otras viscisitudes. O Cura do Cebreiro fue un hombre mágico. El culpable de que todos, sea cual sea el medio, afrontemos esta aventura. Sus restos, no podía ser de otro modo, descansan en una de las capillas de Santa María la Real.


Cristalera del Ave Fénix, el afamado albergue de la Familia Jato que se ha convertido en todo un hito del Camino. Ofrece hasta 80 camas en literas distribuidas en cinco espacios distintos. Es curiosa la historia de este recinto y qué bien le viene el nombre, pues el viejo hospital que se asentaba aquí ardió en 1903 y el albergue/invernadero que gestionaba Jesús Arias Jato repetiría idéntica suerte en los años 80 y en abril de 1990.

Un perro reposa en el acceso al albergue Ave Fénix. La primera fase del actual edificio fue inaugurada en 1998.

Vistas del Ave Fénix desde una de las ventanas de sus habitaciones. Una de las cosas más curiosas de este albergue es que sus muros están levantados con multitud de piedras llegadas de multitud de lugares portadas o donadas por los propios peregrinos y creyentes: restos del muro de Berlín, piedras de Torino, de la catedral de Aachen, de la catedral de Maguncia, del monasterio de San Zoilo (Carrión de los Condes), un fósil marino encontrado en Elche, piedra de St. Jean de Pie de Port, una piedra de la vieja puerta Santa abierta en 2003 en la catedral de Santiago de Compostela, una piedra de Hiroshima, una piedra de Brasil, una piedra de una vía de ferrocarril de los Estados Unidos,...

Iglesia de Santiago (siglo XII), sencillo templo de una sola nave ubicado junto al albergue Ave Fénix cuya puerta del Perdón, privilegio otorgado por el papa Calixto III, les daba los mismos favores que los que se alcanzaban peregrinando a Santiago a todos los enfermos e impedidos que la cruzasen.

Arquitectura popular en Villafranca del Bierzo en el popular barrio de Los Tejedores.

Castillo de Villafranca del Bierzo, del siglo XVI. Impulsado por los marqueses de Villafranca.

Fachadas ricas en balcones en la parte alta del municipio, en la calle Prim.

Otra vista del castillo desde la calle del mismo nombre.

Una rotonda muy jacobea en la avenida de la Constitución, donde arranca la calle Castillo, la misma que asciende hasta la fortaleza y el entorno de la iglesia de Santiago y el albergue Ave Fénix.

"Hostal Comercio. Casa fundada en el siglo XV". Un negocio familiar todavía en activo que bien se merece la medalla del mérito al trabajo ¡Eso sí que es constancia!

Callejeando hacia la plaza Mayor de Villafranca del Bierzo por la calle del Campairo.

Iglesia de Francisco, vista desde la plaza Mayor. Este antiguo convento franciscano hunde sus raíces en el siglo XIII y en otra ubicación. Con detalles románicos en su parte baja, su aspecto actual está muy condicionado por una ampliación en el siglo XV.

San Francisco. Empinados accesos y maravillosas vistas panorámicas en sus alrededores.



Plaza Mayor. Aformamente alargada y rica en soportales.

Degustando unas limonadas del Bierzo en el bar Compostela de la plaza Mayor de Villafranca del Bierzo. Una bebida casera con más de sangría que otra cosa y sin mucho limón que digamos. Intenso sabor afrutado con aromas de canela y cierto peligro a partir de la tercera.

Concurso para elegir la mejor limonada en Villafranca del Bierzo... Peligrosa labor la de ser juez en este certamen.

Confluencia de las céntricas plaza de Diego Saaverda Magdalena y la peatonalizada calle Doctor Aren, que baja desde la plaza Mayor. Al fondo, una de las torres de San Nicolás, edificio concebido para los servicios educativos de la Compañía de Jesús.

Una pintada independentista clama por el País Llionés (León, Salamanca y Zamora). Este movimiento regionalista y hasta cierto punto independentista clama por la separación de Castilla.

San Nicolás, visto desde el acceso al parque de la Alameda. En el siglo XVII la Compañía de Jesús todavía andaba por España, pero un siglo después sería expulsada y el inmueble quedó sin uso aparente. A comienzos del siglo XIX, el edificio llegó a acoger la sede la provincia de Villafranca. Entre 1899 y 1983 acogió un colegio.

Una concha ornamental decora la barandilla del viaducto que eleva el asfalto desde las proximidades de la Colegiata hasta el puente que salva las aguas del río Burbia.

Monumento al peregrino, de Arturo Nogueira, obra en piedra caliza junto al puente que salva las aguas del río Burbia.

Posadito junto al puente y el río Burbia.

De camino a O Cebreiro, algunas nuevas infraestructuras soportan pintadas de gran contenido anímico: "Ánimo, perra; te espera el ganao, ja".

Ironía en los primeros kilómetros, rumbo a Pereje. "Es lo bonito".

Un hito indicador de la ruta jacobea, en el desvío hacia Trabadelo, rico en esbeltas castañedas.

Un gato se calienta junto al cuerpo de un perro dormido en una mañana bajo la lluvia. Seguimos en Trabadelo, uno de los pueblos leoneses donde se habla gallego.

Iglesia de San Nicolás, en Trabadelo.

Un bonito paraje de camino a La Portela y Ambasmestas.

Vega de Valcarce. Con cerca de 1.000 habitantes, posiblemente estemos en el último gran pueblo antes de alcanzar tierras gallegas; un lugar dotado de todo tipo de servicios. En Vega, empero, también 'se fala galego'. Gran parte de su memoria documental fue destruida durante la invasión napoleónica a la península. Sus entornos nos ofrece alunciantes montes. Su lema: "Un paraíso verde bajo el cielo azul". Y su lucha, evitar un posible desprendimiento del Monte Samerais que amenazaría su casco urbano y el cauce del río Valcarce.

El peregrino prosigue su avance hacia O Cebreiro junto al cauce del río Valcarce. Al fondo, los mastodónticos viaductos de la autovía A-6.

Las Herrerías. Puente romano. Atrás habremos dejado un primer tramo de subida muy seria en Ruitelán. Este pueblo recibe su nombre a las fraguas que le dieron fama en centurias pasadas y uno de sus barrios recibe el nombre del Hospital del Inglés en recuerdo a un centro del que ya no quedan restos.

Una lavadora-puerta en Las Herrerías.

Un peregrino aborda el tramo de ascenso hacia La Faba que transcurre en medio de un espectacular bosque caducifolio. La montaña, en su máxima expresión.



Últimas rampas antes de alcanzar el pueblo de La Faba. Sin duda el tramo más empinado y duro de la subida. Se agradece llegar al pueblo para hacer una segunda parada técnica.


Albergue de La Faba, gestionado por la Asociación Alemana de Amigos del Camino Ultreia. Ubicado en la antigua casa parroquial, junto a la iglesia. Una escultura de un peregrino preside el recinto.

¡Parada y fonda! En La Faba encontraremos El último rincón del Bierzo, un café/bar/restaurante, una parada de las mejores que se puedan hacer en el Camino. Y la última antes de llegar a territorio gallego.

¡Menuda tortilla más exquisita! Dos bocatas, dos refrescos de cola y un café, a 12 euros.

El ascenso hasta  O Cebreiro es mucho más tendido ahora. Las vistas sobre el valle, espectacular.

Una buena pista, bien acondicionada y muy abierta (sin vegetación de altura) nos conducirá hasta la cima de O Cebreiro en medio de muchas panorámicas.



Dejamos atrás Laguna de Castilla, en sentido estricto el último pueblo leonés del Camino.

Este hito marca la entrada a Galicia, concretamente a la provincia de Lugo.

La ruta, ya por encima de los 1.200 metros sobre el nivel del mar, se encuentra muy cerca del encantador pueblo de O Cebreiro.

Nieve en O Cebreiro.



O Cebreiro. A la izquierda, una palloza tradicional transformada en museo etnográfico. Esta construcción es increíble: logra mantener una temperatura constante entre los 15 y 20 grados.

O Cebreiro. Un reino de la piedra vieja. Muy coqueto. Poca población. Muchísimos visitantes.

Santa María la Real, templo prerrománico y joya del Camino. Aquí ejerció Elías Valiña, un cura que revolucionó el Camino con su estudio de la ruta y su ordenación del traslado. Valiña, o cura do Cebreiro.

Talla románica de Santa María la Real. Una leyenda cuenta que inclinó la cabeza para observar el Santo Milagro del pan y el vino.

Capilla en cuyo altar se expone el cáliz del milagro de O Cebreiro. Cuenta que durante un frío día de invierno, en medio de una nevada, un pastor, Juan Santín, era el único que acudía a misa. El cura oficiante, que dudaba que alguien fuera a acudir, contempló como el vino y el pan se transformaron en sangre y carne. Cura y pastor fueron enterrados en el templo. En el siglo XV la reina Isabel la Católica quiso llevarse estas reliquias, pero la imposibilidad de que sus caballos avanzaran más allá del fondo del valle la llevó a devorverlas a la iglesia.

Un grupo de peregrinos camina junto a la puerta de Santa María la Real.

En O Cebreiro el tiempo parece detenerse. Un reino de vieja piedra. Y un dato curioso, vía El Correo Gallego: sólo 18 habitantes y 1.000 visitantes al día.

Una papelera en O Cebreiro con aires de palloza.

Construcción popular con usos agrícolas y ganaderos en O Cebreiro.





O Cebreiro. Una vista del casco urbano de este puerto tomado por la piedra y la pizarra.

Un perro contempla el entorno, plácido, en una tienda de comestibles de O Cebreiro. Un comercio muy tradicional.

Menudo gato.





Una calabaza, símbolo del peregrino, y una pequeña escultura de un caminante, decoran el interior de la Taberna Celta, donde después de una sesiónde música tradicional en directo degustamos una exquisita taza de caldo gallego, unos huevos fritos con chorizo y unas cuantas cervecitas Estrellas Galicia.

Magníficas vistas del territorio gallego desde los exteriores del Albergue de O Cebreiro.

El albergue y sus vistas.

CAPÍTULOS DE ESTA ENTRADA
Consideraciones para un Camino en ocho etapas y tiempo variable.

De Villafranca del Bierzo a O Cebreiro.

De O Cebreiro a Triacastela.

De Triacastela a Sarria por el Monasterio de Samos.

De Sarria a Portomarín.

De Portomarín a Palas de Rei.

De Palas de Rei a Ribadiso da Baixo.

De Ribadiso da Baixo a Pedrouzo.

De Pedrouzo a Santiago de Compostela.

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