Camino de Santiago. Segunda etapa: O Cebreiro-Triacastela (6 de abril de 2012)


Etapón. Qué gozada de jornada. Una tormenta de nieve nos endurece el primer tercio de la jornada mientras los otros dos se desarrollan bajo la niebla y la lluvia. El sol apenas se asoma entre O Cebreiro y Triacastela. Y sin embargo, expuestos al viento y el frío, sometidos a un copioso manto blanco de camino hacia el Alto del Poio, no se le echa de menos. ¿Quién es el Astro Rey? Dicen que el Camino nos acerca a nuestro lado más primitivo y rudimentario. Con nuestra vida en una mochila, con plásticos y prensas sintéticas por pieles, somos nosotros mismos contra las circunstancias. Sin aditivos, sin artificios. Hombre. Montaña. Camino. Qué gozada. Obligados a la dinámica madrugadora de los albergues públicos, donde hay que abandonar las instalaciones no más tarde de las ocho de la mañana como norma general, O Cebreiro nos despide con una densa niebla que oculta toda panorámica y relativiza las referencias. Una copiosa y tibia cortina de blancura que sólo permite discernir en las proximidades de nuestro paso una entraña mezcla blanquecina que a rato parece nieve y a rato una simple helada. Las ramas están tiesas y el firme del camino pierde firmeza con cada zancada. El ambiente de la montaña, húmedo como pocas veces.

A medida que perdamos altura mejorará la amplitud paisajística. Será un espejismo, tanto como la sugerente silueta de la inquietante iglesia de Liñares en medio de la niebla, porque antes del Alto de San Roque, allí donde una enorme escultura de un peregrino sometido a un fuerte viento, el cielo descarga tal nevada que telestransporta nuestros pasos hasta el mismísmo Himalaya. ¿Una? ¿Dos horas? Da igual. Basta un buen tazón de café caliente en el peculiar bar de la cima del O Poio para recargas las venas de anticongelante y seguir degustando el frescor de tan adverso clima. La adversidad no siempre equivale a imposibilidad. Es ingresar en el Concello de Triacastela y el itinerario comienza a perder altura de una forma más radical mientras se atraviesan sugerentes aldeítas. La niebla seguirá impidiendo alucinar con los abimos que solo podemos intuir pero, una vez que nos acercemos a Filloval y As Pasantes, los tremendos entornos por fin son perceptibles mientras las corredoiras nos van sorprendiendo con esbeltísimos y robustos árboles sobre los que dudar si frisan la centuria o el milenio. El periplo acaba por hacerse largo, quizá condicionados por un kilometraje que no se corresponde con lo que dicen las guías.

La recoleta Triacastela nos ofrecerá un agradecido descanso más que un inabarcable patrimonio. Un entorno hermoso, un paseo reconfortante, una multitud de servicios que permitirán tapar todas las fisuras de la planificación y un albergue, a la entrada del pueblo, tan criticado como elogiado por esto mismo, que es una pasada por la agradecida intimidad de sus habitaciones para cuatro personas y unas alucinantes vistas. Claro, cada cual realza o eclipsa según su interés pero ¿hemos dicho ya que es un etapón?


Segunda etapa. Los 22 kilómetros de la jornada entre O Cebreiro y Triacastela se hacen más largos de lo previsto, quizá endurecidos por una fuerte nevada entre los Altos de San Roque y O Poio. El caso es que no tardamos mucho más de seis horas, favorecidos por muchos tramos descendentes.



Una mañana de neblinas. Desde O Cebreiro nos dirigimos al pueblo de Linares, donde comenzaremos la subida al alto de San Roque (1.270 metros), por una magnífica pista. Lástima que las nubes no nos dejen ver lo que tiene que ser un paisaje espectacular.

Liñares. O San Esteban de Liñares. Iglesia parroquial.

Monumento al Peregrino en el Alto de San Roque, paso montañoso que recibe su nombre de una vieja capilla dedicada a este santo. Nuestro protagonista escultórico, obra del pontevedrés José María Acuña (1901-1993), se agarra el sombrero, protegiéndolo de un fuerte viento que amenaza con arrancárselo de la cabeza.

El Alto de San Roque... no tiene rabo (je, je, je).



Peregrinos bajo una intensa nevada camino de O Poio. Hasta Hospital deberemos ir junto a la carretera LU-633. Después, podremos tomar un camino.

En un momento nos vemos cubiertos de una densa capa de nieve, la misma que lo cubre todo. en un pispas. ¡Increíble experiencia!

Siguiendo las huellas de otros peregrinos.

¡Menudo cambio de paisaje!

La nieve lo controla todo. El pateo constante hace olvidar el frío. La niebla oculta la belleza de la Sierra do Courel. Ese macizo es un auténtico paraíso medioambiental en buena parte gracias a su Devesa de Roqueira, un bosque autóctono semivirgen.

Unos ciclistas afronta las últimas rampas del andadero que permite evitar la carretera LU-633, que asciende hasta la cumbre del Alto do Poio. Allí nos espera un bar de carretera de maravilloso café en tazón XXL.

Recobrando la temperatura con un gran tazón de café en el concurrido, más aún por la nieve, Bar El Puerto. Un local con mucho encanto.

De nuevo en marcha. Vamos desde el Alto do Poio hasta la pequeña aldea de Fonfría. La ruta de los caminantes va paralela a la carretera por un estrecho sendero perfectamente señalizado. Pasamos del concello de Pedrafita do Cebreiro al del Triacastela.

Un arado colocado junto a un muro de mampostería en una explotación agrícola en Viduedo.

Capilla de San Pedro, ubicada en Viduedo. Una preciosa construcción en piedra.

Una ruta marcada por la niebla.

Caminando, según nos recuerda este hito de la Diputación de Lugo, por el Monte Calderón. La caída de ese prado es muy empinada, aunque no se aprecie.

Comienza a abrirse la nieble. Al fondo, Triacastela. Un pueblo que recibe su nombre de la antigua existencia de tres fortalezas de las que hoy en día no queda ninguna. Andamos por parajes que cuentan con presencia humana desde la prehistoria (véase el caso de la Cueva Eirós).



Una vaca pace tranquila sobre un abismo.

Un castaño centenario de tronco imposible y majestuoso nos saludará en nuestro paso fugaz por la aldea de Pasantes.

Otro castaño centenario llama la atención en la aldea de Ramil, prácticamente pegada a Triacastela.

Llegamos a Triacastela. Las viejas canteras de pizarra que se explotaban en los montes vecinos provocaron el nacimiento de una costumbre: que los peregrinos cogiesen aquí una piedra y la transportasen consigo para contribuir al levantamiento de la catedral.

Albergue de Triacastela. Una ubicación de ensueño. Nos contaron que su ubicación a las afueras del pueblo no hace mucha gracia entre los vecinos, motivo por el que se les suele criticar su grandeza para más lustre de los albergues privados existentes en el casco urbano. ¿Verdad? ¿Mentira? Un poco de todo.

Triacastela, sky line contemplado desde el albergue de la Xunta. El pueblo, menos 800 habitantes en la actualidad, nació en el siglo X y fue repoblado en el XIII por iniciativa de Alfonso IX. Cuentan que hasta aquí viajaban algunos "caraduras" para engañar a los peregrinos, forzando su buena voluntad. Viendo algunos menús y el afán de algunos hosteleros, estos timadores siguen presentes en nuestros tiempos.

Iglesia Parroquial de Santiago, hermoso y sencillo templo de Triacastela en cuyas proximidades se encuentra el cementerio local (algo muy típico en toda la ruta, como habíamos visto en Liñares y como veremos de aquí en adelante).

Detalle arquitectónico de una vivienda en Triacastela.



Vistas del otro edificio que forma el albergue de Triacastela. Mucha gente durante la ruta nos comentó que era un mal sitio... ¡Nos flipó! Y su hospitalero, sencillamente encantador. El albergue de Triacastela, el más cómodo de todos los disfrutados, quizá más por esas habitaciones de cuatro camas que le dan más intimidad y recogimiento.

CAPÍTULOS DE ESTA ENTRADA
Consideraciones para un Camino en ocho etapas y tiempo variable.

De Villafranca del Bierzo a O Cebreiro.

De O Cebreiro a Triacastela.

De Triacastela a Sarria por el Monasterio de Samos.

De Sarria a Portomarín.

De Portomarín a Palas de Rei.

De Palas de Rei a Ribadiso da Baixo.

De Ribadiso da Baixo a Pedrouzo.

De Pedrouzo a Santiago de Compostela.

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